El yeti y la ciencia oficial (II)

Como decíamos en la entrada anterior, a veces la ciencia se ocupa de los mismos temas que las pseudociencias; en este caso, la Criptozoología. Rebuscando por Internet hemos hallado 4 artículos científicos interesantes sobre el yeti y sus parientes. Aquí nos ocuparemos del más reciente (Sykes et al., 2014): Genetic analysis of hair samples attributed to yeti, bigfoot and other anomalous primates (Análisis de muestras de pelo atribuidas al yeti, bigfoot y otros primates anómalos). Puede descargarse el artículo completo en PDF.

El artículo de Sykes et al. (2014) es buena ciencia, créannos. La revista donde se publicó (Proceedings of the Royal Society) es seria. Muy rigurosa. ¿Cómo lo sabemos? Pues viendo su índice de impacto; por ejemplo, en la web de SCImago.

PeerReview2Es complicado publicar en una revista Q1… (fuente: SCIENCE AND INK)

Según su índice de impacto, una revista científica puede caer dentro de cuatro cuartiles. Q1 es el mejor. Se supone que una revista Q1 cuida mucho lo que publica. Los artículos son revisados por árbitros de colmillo retorcido, o sea, científicos expertos en el tema en cuestión que no dejarán pasar un fallo. A veces se cuelan birrias o fraudes en estas revistas, pero no es lo habitual, y acaban por ser detectados y denunciados. A una revista Q1 se le supone seriedad.

Centrémonos en Sykes et al. (2014). El artículo se ciñe al canon de una comunicación científica. Es un excelente ejemplo para mostrar cómo funciona la ciencia. Además, si sabemos leer entre líneas, se nota que los autores se han divertido haciéndolo.

El artículo comienza con un resumen, algo muy de agradecer. Así, el lector ocupado puede, de un vistazo, determinar si el tema le interesa o no. Y ya desde el principio, queda claro que los resultados no van a gustar a los criptozoólogos.

Le sigue la introducción, donde los autores explican los motivos e interés de realizar este trabajo. Inciden en lo que ya comentamos en la entrada anterior sobre la Criptozoología y el elusivo yeti, y recogen las quejas de los criptozoólogos (los científicos no les hacen caso). A continuación, señalan algo de importancia capital: la ciencia no puede aceptar ni rechazar nada sin antes examinar la evidencia. Y eso hicieron: examinar con rigor las mejores evidencias disponibles.

El siguiente apartado es esencial en todo artículo científico: material y métodos. Todo experimento ha de ser reproducible. Por tanto, se debe describir con pelos y señales lo que se ha hecho, para que cualquier otra persona, con los medios adecuados, pueda verificarlo. Un artículo científico que descuide este apartado será considerado una chapuza.

 

Yetiscalp.JPG
Hay numerosos restos atribuidos a yetis y criaturas similares, como este cuero cabelludo que se guarda en Nepal (fuente: Nmnogueira en Wikipedia. Haga clic en la imagen para ver más detalles)

La mejor evidencia para ratificar la existencia de primates anómalos como el yeti es la biológica: sus restos. Los autores pidieron muestras de pelo atribuidas a estos esquivos seres, y recibieron nada menos que 57. De ellas, unas cuantas tuvieron que ser desechadas por motivos diversos (se trataba de fibra de vidrio o restos vegetales…). Al final, seleccionaron 37 para el análisis genético; de 30 de ellas pudo extraerse y amplificarse el ADN. Se tomaron precauciones para evitar contaminaciones (por ejemplo, con ADN humano de los que manejaron las muestras), y las secuencias génicas halladas se compararon con las existentes en la base de datos de GenBank (una enorme colección de secuencias de genes que están a disposición de quien quiera consultarlas).

Y ahora vienen los resultados y su discusión, el meollo del artículo. ¿Alguna de las 30 muestras de pelo corresponde a un primate anómalo?

Serow Capricornis sumatraensis

Una de las muestras de pelo de yeti resultó ser de seráu, un pariente de la cabra (fuente: es.wikipedia.org)

Tres de las muestras procedían del entorno del Himalaya (India, Bután y Nepal); teóricamente pertenecían al yeti. Bien, una de ellas corresponde a un pariente de la cabra, y las otras dos son de oso. Un oso peculiar, por cierto. El ADN parece indicar que se trata de una antigua hibridación entre oso blanco y pardo, que ha sobrevivido en aquellas altas montañas. Muy interesante, pero de momento, nada de primates desconocidos.

Malayan Tapir 001

… Y el presunto hobbit, un tapir malayo (fuente: es.wikipedia.org)

Otra muestra procedía de Sumatra, y estaba catalogada como orang pendek (el equivalente enano del yeti). ¿Podría tratarse de un hobbit, el controvertido Homo floresiensis? Resultó ser pelo de tapir. Una pena.

Procyon lotor (Common raccoon)

Una de las muestras rusas de almasty correspondía a un mapache, un pequeño carnívoro norteamericano que se ha convertido en una especie invasora en otros continentes (fuente: es.wikipedia.org)

En Rusia tenemos otro presunto primate extraño: el almasty. De las 8 muestras analizadas, 3 son de caballo, 2 de oso pardo, una de vaca, una de mapache y otra de oso negro. Son curiosas estas dos últimas, ya que corresponden a animales norteamericanos. 🙂

Black bear large

La mayoría de los pelos del bigfoot norteamericano eran de osos negros, caballos o cánidos (fuente: es.wikipedia.org)

El grueso de las muestras (18) corresponde a los Estados Unidos, y se artibuyen al bigfoot. Pues bien, 5 son de oso negro, 4 de perro (u otros cánidos), 3 de vaca, y una de cada una de estos animales: ciervo, oveja, caballo, puercoespín, mapache y ser humano.

En resumen: de 30 muestras, ninguna es de un yeti o similar. Ninguna.

Resulta particularmente interesante la lectura del último párrafo, un ejemplo de prudencia científica. Los autores indican que la ausencia de prueba no es prueba de ausencia. Podría existir el yeti, sí, pero ninguna de las muestras apoya esta afirmación. Más aún: señalan que los criptozoólogos, en vez de quejarse de que la ciencia los rechaza, deberían esforzarse en conseguir evidencias convincentes. Hoy es fácil y rápido cotejar el ADN de una muestra biológica con las existentes en GenBank. Analícenlas en algún laboratorio en condiciones, caramba.

Finalmente, los autores incluyen los agradecimientos y algo sumamente importante: la bibliografía empleada. Entre la cual, además de artículos técnicos, antecedentes y demás, destaca Tintín en el Tíbet. 🙂

En la próxima entrada echaremos una ojeada a otros artículos científicos, no tan extensos como éste pero igualmente significativos.

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2 comentarios en “El yeti y la ciencia oficial (II)

    • 🙂 Hay quien opina que el chupacabras es un chimpancé o un macaco escapado de algún laboratorio. También podría ser algún turista inglés borracho que empezó a beber en la isla de Mallorca y de algún modo (misterios etílicos) acabó al otro lado del Atlántico. En fin, a saber…

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