Lo hermoso y lo invisible

Amigo lector, nos hemos permitido un breve descanso en las entradas sobre Ciencia y pseudociencias. A cambio, te ofrecemos un relato corto de ciencia ficción. Esperamos que lo disfrutes. 🙂

LO HERMOSO Y LO INVISIBLE

Autores: Eduardo Gallego & Guillem Sánchez.


En recuerdo de Italo Calvino.

 El viajero deberá abandonar las rutas más frecuentadas si desea visitar Myxia.

Myxia siempre fue un mundo hermoso. Océanos de un azul profundo, cielos turquesas entreverados de blanco, montañas cubiertas de bosques que cambian de color con el devenir de las estaciones…

En cuanto tuvieron uso de razón, sus moradores quedaron subyugados por tanta belleza. Aprehenderla, disfrutarla y por qué no, mejorarla, se convirtió en un sueño, un ideal a perseguir.

Los años dieron paso a los siglos, y estos a los milenios. Aquellos moradores acabaron por erigirse en la especie dominante, los amos del planeta. Nada ni nadie podía oponérseles. Por fin materializarían sus sueños, convertirían lo hermoso en sublime.

Primero allanaron montañas, encauzaron ríos, domesticaron el clima. Todo debía fluir en armonía, sin sobresaltos, convertirse en el perfecto escenario para disfrutar de los sentidos.

Luego se ocuparon de los animales y los árboles. Eliminaron a los feos, los molestos, los que ponían una nota discordante en el paisaje idílico.

Finalmente llegó el turno de las malas hierbas, los hongos y los microbios. Todo aquello que no se ajustase al canon de belleza debía erradicarse. Por desgracia, aquellos esquivos seres eran difíciles de matar. Se requería sutileza, hilar fino.

Así, liberaron virus de diseño para que se ocuparan del trabajo sucio. Su eficacia había sido evaluada y probada. Sin embargo, a los amos del mundo se les pasó por alto un pequeño detalle.

La vida es, en el fondo, un subproducto de la evolución. Esta no sigue un propósito ni prevé el futuro. Su motor último es el azar, los cambios imprevistos. Luego, la selección natural realizará su labor de escarda, ciega a las consecuencias.

Un virus concebido para exterminar cierta maleza acabó donde no debía, por culpa de un insecto vector despistado. En vez de a la planta cuyo metabolismo pretendía bloquear, fue a parar al interior de un alga microscópica. El virus no mató a la inesperada anfitriona, sino que se insertó en su genoma y aguardó tiempos mejores.

En su momento, el alga fue fagocitada por un modesto moho del fango en el que nadie se había fijado antes. El alga no fue digerida, como cabía esperar. Mantuvo su integridad e incluso empezó a multiplicarse dentro del moho, en un ambiente acogedor. Los genes que le proporcionaba el virus se lo permitieron.

Hoy, la única cosa viva que queda en Myxia es el moho del fango. Su cuerpo gelatinoso lo cubre todo, desde las altas cumbres hasta las orgullosas ciudades donde yacen las osamentas de sus moradores. Ya no le queda nada que devorar, aunque le da lo mismo. Gracias a las algas que alberga en su interior puede absorber la energía del sol y sobrevivir.

El moho luce un llamativo color verde esmeralda. Su superficie se estremece de tarde en tarde con un latido majestuoso y lento.

A su manera, es hermoso.

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Miopatía nemalínica

Hacemos un inciso en las entradas sobre Astrología para comentar algo realmente importante, que tiene que ver con la miopatía nemalínica.

Es probable, amigo lector, que sea la primera vez que oye usted hablar de ella. Se trata de una de las denominadas enfermedades raras. Es congénita y afecta a los músculos. Su gravedad es variable, de leve a severa. Puede encontrar más información aquí y aquí.

Meses atrás, el pintor y escultor murciano Paco Bernal Muñoz contactó con nosotros, entre otros autores, para pedirnos  que donáramos un cuento relacionado con la miopatía nemalínica. Estos relatos formarían parte de la antología En el laberinto del laurel, cuyo objetivo, aparte de concienciar sobre esta rara enfermedad, es el de ayudar a la asociación Yo Nemalínica. La participación de todos los que han colaborado en el libro ha sido desinteresada; los beneficios irán íntegros a la asociación.

La antología en el laberinto del laurel fue presentada el pasado 12 de enero en Murcia.

El relato con el que hemos contribuido a esta obra se titula Lo único que importa. El lector interesado puede echarle un vistazo en nuestra web del UniCorp (y esta vez no tiene nada que ver con la ciencia ficción o la fantasía). 🙂 Confiamos en que eso lo anime a adquirir el libro, que es por una buena causa.

Mundos perdidos y tierras huecas (IV)

¿Cómo sería la fuerza de la gravedad en una Tierra hueca al estilo de la saga de Pellucidar? Tan sólo necesitaremos unos conocimientos básicos de Física y Matemáticas, la calculadora y hagamos números. 🙂

Veamos primero cómo afectaría el hecho de que la Tierra fuese hueca a la fuerza de la gravedad que experimentaríamos los habitantes de su superficie exterior. Recordemos la fórmula para calcular la fuerza con que se atraen la Tierra y un objeto cualquiera:

F= G·M·m / d2

G es una constante que pudo ser calculada gracias a Cavendish y la balanza de torsión. M es la masa de la Tierra, m la masa del objeto en cuestión y d la distancia entre ambos. En el caso de que el objeto esté en la superficie de la Tierra, d sería igual al radio del planeta. Por cierto, el radio medio de la Tierra es de 6371 km. Este y otros datos de las características físicas de nuestro mundo pueden consultarse en la Wikipedia.

En las novelas de Pellucidar, Burroughs nos dice que el grosor de la corteza terrestre es exactamente de 500 millas; o sea, unos 805 km. Calcular el volumen que ocupa esta cáscara hueca es sencillo. El volumen de una esfera es:

V= 4·π·r3 / 3

Simplemente, al volumen de la Tierra hay que restar el que ocuparía el hueco central (radio= 6371 – 805 km). Para no cansar al lector con números larguísimos, resumamos: el volumen de esa cáscara es aproximadamente un tercio del de la Tierra.

Si a una esfera maciza le quitamos dos tercios de su volumen, eso tendría que notarse en la fuerza de gravedad. Por lo pronto, los habitantes de la superficie pesaríamos mucho menos (pues el peso es la medida de la fuerza gravitatoria que actúa sobre un objeto). Sin embargo, los partidarios de la Tierra hueca podrían aducir que si la corteza de Pellucidar fuera más densa, eso compensaría.

En efecto, podemos considerar que la masa de un objeto es el producto de su densidad por su volumen. Así, si este último baja a un tercio, pues subamos la densidad al triple y entonces pesaríamos lo mismo que con una Tierra maciza, ¿no?

La densidad de la Tierra ya fue calculada con la balanza de torsión, y es de 5,515 g/cm3. Si la triplicamos, sería de 16,545g/cm3. O sea, más densa que el plomo (11,3 g/cm3) o el mercurio (13,6 g/cm3 ). Más o menos, sería tan densa como el tántalo o tantalio (16,65 g/cm3 ), un metal raro y muy duro. Pero en las novelas se nos dice que el topo mecánico de nuestros héroes sólo atraviesa una corteza de roca y hielo; nada de masas metálicas densas e impenetrables, que hubieran destrozado el taladro. Y la densidad de un medio así es baja. Por ejemplo, la densidad de la corteza continental de nuestro planeta es sólo de 2,7 g/cm3. Si además hay capas de hielo (0,9 g/cm3 ), tal como señala Burroughs, la densidad bajaría aún más.

O sea, tendríamos un volumen de sólo un tercio del terrestre, con una densidad de menos de la mitad… ¿El resultado? Una masa bastante baja, y pesaríamos muy poquito. Pero la realidad es tozuda. 🙂

Eso no desanima a los partidarios de la Tierra hueca. Así, algunos intentan suplir la masa que le faltaría a la Tierra con el sol central que ilumina a Pellucidar. No obstante, en la entrada anterior vimos que un objeto así es imposible. Para generar un sol, aunque sea modesto, haría falta una masa 80 veces superior a la de Júpiter, como mínimo. Pero incluso suponiendo que el sol de Pellucidar fuese un objeto misterioso, originado por procesos desconocidos para la Ciencia, no podría evitar verse afectado por el tirón gravitatorio de nuestra Luna. Empezaría a moverse, a oscilar, a dar tumbos y acabaría chocando una y otra vez con la superficie de Pellucidar, que quedaría hecha una pena.

Bueno, ocupémonos ahora de los moradores de Pellucidar. Supongamos que, gracias a algún milagro, su sol se mantiene ahí, en el centro, y que, contra toda lógica, el interior del planeta no se ha convertido en una abrasadora olla a presión. ¿Qué pasa con la fuerza de la gravedad dentro de una esfera hueca?

Echemos un vistazo a la siguiente imagen, que ya pusimos en la entrada anterior, pues exhibe un error garrafal:

Modelo de Tierra hueca con un sol central (fuente: pellucidarskartaris.blogspot.com.es)

En este dibujo, el centro de gravedad, representado por una línea discontinua, aparece como un plano dispuesto justo hacia la mitad de la corteza terrestre. De ello se deduciría que la atracción gravitatoria se sentiría más o menos igual en el exterior que en el interior de la Tierra. Parece obvio, ¿verdad?

Pues no. El centro de gravedad no es un plano o una capa. ES UN PUNTO. Y en el caso de una esfera hueca, está situado en el centro, precisamente. Entonces, ¿hacia dónde se sentiría el tirón gravitatorio en Pellucidar? Para averiguarlo disponemos de la ley de Gauss. Puede verse una explicación bastante amena en este vídeo:

Todo aquello que no estuviese sujeto al suelo de Pellucidar flotaría ingrávido. O peor aún: dado que hay un sol central, éste atraería a los objetos como una trampa eléctrica a los insectos, y… 🙂

Fuente: ebay

¿Podría la fuerza centrífuga rotación terrestre crear algo parecido a la gravedad? En tal caso variaría desde un máximo en el ecuador hasta nada en los polos. Además, incluso en el ecuador sería muy débil, lo que contradice a lo que pasa en las novelas. Los protagonistas se mueven tranquilamente por Pellucidar, sin sufrir cambios de peso ni tener que agarrarse al suelo para evitar salir volando y morir achicharrados en el sol central.

Qué se le va a hacer… El modelo de la Tierra hueca queda muy novelesco, pero hace aguas por todos lados.  Además, deja sin explicar diversos fenómenos, cosa que sí hace el modelo de la Tierra maciza, con un manto rocoso y un núcleo metálico:

  • ¿Cómo se explican la deriva continental y la tectónica de placas en una Tierra hueca?
  • ¿Y el comportamiento de las ondas generadas tras un terremoto, registradas por los sismógrafos?
  • ¿Y el origen del campo magnético terrestre?
  • ¿El vulcanismo?
  • Etc.

Así pues, ¿no queda algún resquicio que permita defender la existencia de una Tierra hueca? ¿O de una Tierra plana, puestos ya? Lo consideraremos en la próxima entrada, la última de esta serie.

Mundos perdidos y tierras huecas (III)

Topo mecánico utilizado para acceder a Pellucidar en las primeras novelas de la serie (fuente: http://www.pellucidar.org)

En la serie de Pellucidar, la Tierra es una cáscara hueca. Su corteza tiene 500 millas (unos 800 km) de grosor, y hay océanos y continentes en su cara interna, pletóricos de flora y fauna, como ya vimos. En las dos primeras novelas, la única forma de llegar hasta allí consiste en taladrar la corteza terrestre mediante una especie de topo mecánico. En novelas posteriores se nos dice que hay una abertura polar a través de la cual se puede acceder a Pellucidar.

Modelo de Tierra hueca con un sol central (fuente: pellucidarskartaris.blogspot.com.es)

Pellucidar no es un lugar oscuro, pues en el centro exacto de la Tierra hay un diminuto sol que ilumina a los habitantes de este mundo cóncavo. Sin embargo, el astro permanece fijo en el cielo. Hay un día perpetuo. Como el sol no se mueve, los conceptos de norte y sur, levante y poniente, no existen en Pellucidar. A falta de astros que sirvan para medir el tiempo, la percepción de su transcurso se convierte en algo subjetivo. No se le da importancia. Si prestan atención, los protagonistas podrán deducir cuánto tiempo ha transcurrido según el número de veces que hayan comido o dormido. No obstante, hay ocasiones en las que uno cree que han pasado minutos mientras que para otra gente han transcurrido semanas. Reconozcamos el ingenio de Burroughs: así, la forma de experimentar la vida es muy distinta en Pellucidar.

En esta ilustración de F. Frazetta vemos el pequeño satélite que orbita en torno al sol de Pellucidar (fuente: http://www.pinterest.co.uk)

Bueno, no en todo Pellucidar hay un día perpetuo. En torno al sol orbita una pequeña luna, cuyo periodo de traslación coincide con el de rotación de la Tierra. Eso explicaría fenómenos como el de la nutación, según afirma un protagonista. El caso es que la sombra de esa luna cae siempre sobre el mismo lugar, la Tierra de la Horrible Sombra, sumiéndolo en noche eterna.

Todo esto resulta ideal como escenario para unas novelas de aventuras, pero ¿tiene base científica un sol dentro de nuestro planeta, como algunos postulan? Nos tememos que la respuesta es negativa.

Para que surja un sol se requiere que una gran masa de gas se colapse por la fuerza de la gravedad, y que en su interior se alcancen las condiciones de presión y temperatura necesarias para que se dé la fusión del hidrógeno. Un planeta tan enorme como Júpiter, a cuyo lado la Tierra es un mundo enano, carece de la masa suficiente para convertirse en estrella, ni siquiera en una humilde enana marrón. De hecho, se ha calculado que haría falta una masa equivalente a algo más de 80 planetas como Júpiter para lograr que una estrella se encienda.

Comparación de tamaños entre la Tierra y Júpiter (fuente: el tamiz.com)

Por tanto, nuestro mundo es demasiado pequeñito para que nazca un sol en sus entrañas, a no ser que recurramos a la magia, o a que sea un artefacto construido con una tecnología inconcebiblemente avanzada, o a procesos físicos desconocidos para la Ciencia actual. Y si a ese sol le unimos el pequeño satélite que da vueltas a su alrededor… ¿Cómo podría haberse originado algo así?

En fin, supongamos que, pese a todo, hay un objeto brillante en el centro de la Tierra, contraviniendo todas las leyes físicas conocidas. Ello nos plantea otro problema: ¿podría mantenerse ahí, fijo? Nos tememos que no. Nuestra Luna lo impediría. Más que nada, porque tiene masa, y su atracción gravitatoria (la misma que es responsable de las mareas) haría que el sol de Pellucidar y su pequeño satélite empezaran a dar bandazos, cada vez mayores. Tarde o temprano chocarían contra la corteza terrestre. El interior de nuestro planeta se asemejaría al de un sonajero o unas maracas. Eso, si no reventaba antes por la fuerza de los impactos. En esta página web lo explican bastante bien.

Fuente: agrega.juntadeandalucia.es

Consideremos otro problema más: ¿y el calor?

Ese sol no sólo proporcionaría luz, sino también calor a Pellucidar. Obviamente, el interior de nuestro planeta se calentaría como una olla a presión, achicharrando a todo bicho viviente.

Pese a todo, supongamos que la temperatura no es tan alta como para acabar con la vida. En cualquier caso, en Pellucidar no hace frío, ya que abundan las junglas con vegetación tropical. El aire caliente saldría al exterior a través de la abertura polar, modificando así las corrientes de aire de la atmósfera terrestre. Esto contradice las evidencias de las que disponemos. Los polos son zonas muy frías, de altas presiones. O sea, todo lo contrario…

Y dejamos para el final otro tema interesante: el de la gravedad en una Tierra hueca, tanto para nosotros, que habitamos su superficie exterior, como para los moradores de Pellucidar (si es que no han sido antes aplastados o quemados por el sol y su satélite). Pero eso lo veremos en la próxima entrada. 🙂

Mundos perdidos y tierras huecas (II)

Un inciso: antes de adentrarnos en las complejidades de vivir en una Tierra hueca al estilo de Pellucidar, merece la pena detenerse en la fauna que lo habita. Burroughs se ciñe a unos cuantos clichés de los «mundos perdidos», pero también nos deja varias consideraciones muy interesantes.

Es típico que en los mundos perdidos los autores coloquen un batiburrillo de animales pertenecientes a muy diversos periodos geológicos, separados por cientos de millones de años. Da la impresión de que, tras echar un vistazo a una guía de animales prehistóricos, los escritores eligen los más vistosos y los encasquetan en las novelas, mezclándolos sin orden ni concierto. Pellucidar no podía ser menos (véase este listado). 🙂

Eryops BWEryops, un laberintodonto típico (fuente: en.wikipedia.org)

Así, en Pellucidar nos encontramos con criaturas tan antiguas como un laberintodonto, término que se aplica a unos anfibios y reptiloides primitivos, similares a salamandras gigantes. Los primeros representantes de este grupo polifilético aparecieron hace 365 MA (millones de años), en el Devónico, nada menos.

 Crystal Palace IchthyosaurusAsí se pensaba que era el aspecto de un ictiosaurio a finales del siglo XIX (fuente: es.wikipedia.org)

Los laberintodontos conviven con animales más modernos, mesozoicos. Así, los mares de Pellucidar están dominados por ictiosaurios (245-90 MA) y plesiosaurios (199-65 MA).

 Pteranodon amnh martyniukEsqueleto de Pteranodon (fuente: es.wikipedia.org)

En tierra firme nos encontramos dinosaurios tan icónicos como Diplodocus, del periodo Jurásico (hace unos 150 MA), y sobre ellos vuelan los ejemplares de Pteranodon, del Cretácico superior (hace unos 85 MA). Debemos insistir en que aunque estos reptiles parezcan contemporáneos, entre ellos existe la misma distancia temporal que entre el tiranosaurio y nosotros.

 Madrid MNCN-Megatherium americanum2Este esqueleto de megaterio del Museo de Ciencias Naturales de Madrid fue el primero que se montó de un animal prehistórico (fuente: es.wikipedia.org)

Frente a especies tan antiguas, en Pellucidar hay otras de mamíferos que llegaron a convivir con Homo sapiens: osos y leones de las cavernas, uros e incluso un megaterio. No obstante, tanto mamíferos como anfibios y reptiles tienen algo en común: su mal carácter. En cuanto divisan a un ser humano, se lanzan como locos sobre él a todo correr, profiriendo estremecedores rugidos. De hecho, nada más llegar a Pellucidar, un megaterio se les echa encima a los protagonistas, lo cual tiene su mérito; más que nada, porque se trata de un perezoso gigante que correr, lo que se dice correr, no era su punto fuerte. Más adelante habrá una persecución a cargo de un laberintodonto, algo un poco complicado porque estas criaturas paticortas, con pinta de salamandras gigantes, no eran especialmente ágiles en tierra firme. 🙂

 Hyaenodon Heinrich HarderHyaenodon (fuente: es.wikipedia.org)

Bueno, no todo eran animales hostiles. Algunos humanos domesticaron a los diplodocus como monturas, y el protagonista principal logró hacerse acompañar de un Hyaenodon como si de un perro se tratase. Y hablando de humanos, hay individuos anatómicamente modernos, altos, apuestos y nobles (ay, el mito del buen salvaje…), que comparten mundo con varias especies de humanoides menos inteligentes, más simiescas.

Ejemplar adulto de mahar, la especie inteligente dominante en Pellucidar (fuente: non-aliencreatures.wikia.com)

La especie inteligente dominante en Pellucidar es la de los mahars, unos reptiles alados (también se les da bien nadar) descendientes de Rhamphorhynchus, un pterosaurio volador del Jurásico. Burroughs deja caer que, en caso de que la historia se repitiera, el ser humano no tendría por qué ser necesariamente la especie dominante. Quizá Homo sapiens haya triunfado en nuestro mundo por accidente. En circunstancias distintas, la evolución podría conducir a que otra criatura predominara, tal como ocurre en Pellucidar.

Burroughs parece inclinarse más por el concepto de «contingencia»: las cosas son así, pero podrían haber sido de otro modo. Esto es algo asumido hoy por la comunidad científica, y que Stephen J. Gould argumentó con bastante éxito en su memorable libro La vida maravillosa. Por cierto, Pellucidar no es el único universo de ficción donde los reptiles se convierten en formas dominantes. Recordemos la trilogía del Edén, de Harry Harrison.

Por lo que hoy conocemos del funcionamiento de la evolución, Burroughs se mostró bastante perspicaz. No obstante, la idea de que el ser humano es la «cima» de la evolución estaba y sigue estando muy extendida. Se trata de un concepto más lamarckiano que darwiniano: lo que impulsa a la evolución es una especie de pulsión hacia la complejidad y perfección que representamos nosotros. Ya lo comentamos en otra entrada.

La evolución humana vista como una cadena de progreso lineal (fuente: commons.wikimedia.org)

La imagen anterior es un icono de la evolución humana: una fila de homínidos, desfilando uno tras otro como si fueran a bailar la conga. 🙂 A la izquierda, el más simiesco; a la derecha, un hombre moderno. Es una imagen que sugiere progreso y una evolución lineal, finalista, unidireccional. Sin embargo, el registro fósil, cada vez más abundante, nos muestra que la evolución humana es más como un frondoso arbusto, en el que nosotros, que sepamos, ocupamos la única ramita superviviente.

Para Burroughs, la evolución humana se acerca más a la metáfora del arbusto que a la de la conga.  Si nos ceñimos sólo a las dos primeras novelas de la serie (At the Earth’s Core y Pellucidar), vemos que, aparte de los seres humanos, hay al menos tres especies de homínidos. Tenemos a los hombres simios, bastante primitivos, arborícolas y dotados de colas prensiles. Por otro lado están los sagoths, de aspecto goriloide pero dotados de lenguaje, y que son empleados como sirvientes por los mahars. En cambio, hay unos hombres bestias también inteligentes, con rasgos que recuerdan a los de las ovejas, que practican la agricultura. Desde luego, parecen quedar fuera de la «conga evolutiva». 🙂 En posteriores novelas, más especies humanoides se sumarán a las precedentes, constituyendo un arbusto evolutivo realmente enmarañado.

Batalla entre humanos y sagoths, una de las razas simiescas de Pellucidar (fuente: edgarriceburroughs.blogspot.com.es)

Citamos literalmente a Burroughs:

From the foregoing facts and others that I have noted during my long life within Pellucidar, which is now passing through an age analogous to some pre-glacial age of the outer crust, I am constrained to the belief that evolution is not so much a gradual transition from one form to another as it is an accident of breeding, either by crossing or the hazards of birth. In other words, it is my belief that the first man was a freak of nature–nor would one have to draw overstrongly upon his credulity to be convinced that Gr-gr-gr and his tribe were also freaks.

[De los hechos anteriores y de otros que he notado durante mi larga vida en Pellucidar, que ahora está pasando por una era análoga a algunas eras preglaciares de la corteza exterior, tiendo a creer que la evolución no es tanto una transición gradual de una forma a otra como un accidente de crianza, ya sea por cruzamiento o por los azares del nacimiento. En otras palabras, es mi creencia que el primer hombre fue una anormalidad de la naturaleza –ni tampoco habría que recurrir excesivamente a su credulidad para convencerse de que Gr-gr-gr y su tribu también eran anormalidades.]

Otro acierto de Burroughs es que los mahars consideren a los humanos criaturas no inteligentes, y que ello se deba a la incapacidad de comprender la mente del otro. Los mahars son sordos como tapias, por lo que su comunicación se realiza proyectando sus pensamientos con un sexto sentido a la cuarta dimensión. En serio. : ) En cualquier caso, los mahars son incapaces de captar los sonidos. Por tanto, no pueden concebir la existencia de algo como un lenguaje hablado, capaz de transmitir conocimientos. O sea, piensan que toda criatura inteligente ha de funcionar como ellos.

Interesante y profunda cuestión la que Burroughs nos plantea. ¿Seríamos capaces de reconocer a otra especie inteligente si esta no se ajusta a nuestras expectativas? A lo mejor podríamos tenerla delante de las narices y no darnos cuenta…

En la siguiente entrada, ahora sí, consideraremos lo que supondría vivir en una Tierra hueca, tarea esta bastante complicada para sus habitantes. El paso del tiempo, la fuerza de la gravedad…

Mundos perdidos y tierras huecas (I)

Desde tiempos remotos hemos sentido fascinación y miedo hacia lo que pudiera poblar el interior de nuestro mundo. No en vano, muchas culturas han situado bajo nuestros pies sus respectivos infiernos: Hades, Averno, Sheol… Lugares a los que podía llegarse a través de pozos o cuevas, que eran vistos como bocas prestas a devorar a quienes osaran aventurarse por el inframundo.

Dado que este es un blog interesado tanto en Ciencia como en Literatura fantástica, vamos a ocuparnos de los «mundos perdidos» subterráneos, lugares donde el tiempo y la evolución parecen haberse detenido, y los esforzados protagonistas de los relatos se encontrarán con bestias prehistóricas, hombres primitivos, flora primordial…

'Journey to the Center of the Earth' by Édouard Riou 38Ilustración de la edición original de Viaje al centro de la Tierra, de J. Verne (fuente: es.wikipedia.org)

Probablemente, la novela más famosa al respecto es Viaje al centro de la Tierra (1864), de Julio Verne. Muy popular en su época, todavía hoy se lee con agrado. De ella se han hecho unas cuantas versiones cinematográficas, con mayor o menor fortuna. En ocasiones, el parecido con la obra original es más bien escaso, sacrificado en aras de la acción y la aventura. Quizá se desvirtúa así el propósito del autor. Viaje al centro de la Tierra es una novela donde la Ciencia es la gran protagonista. Geología, Paleontología… Julio Verne logra hacerlas interesantes, que nos apasionen, que nos fascinen. Debo confesar que la lectura de Verne fue una de las causas (la otra la constituyeron los documentales y libros de Félix Rodríguez de la Fuente) que me impulsaron, desde la más tierna infancia, a querer ser biólogo. Y aquí estamos. 🙂

En Viaje al centro de la Tierra, tres expedicionarios (el sabio, su sobrino y el estoico guía) penetran en el interior del planeta a través de la chimenea de un volcán islandés apagado, y acaban por llegar a una inmensa cueva que contiene un mar poblado de criaturas prehistóricas: ictiosaurios, plesiosaurios… En sus orillas encontramos fauna y flora de épocas pretéritas, salvadas de la extinción al haberse refugiado en tan recóndito paraje.

 SnaefellsjökullVolcán Snaefellsjökull, puerta de entrada el mundo subterráneo en Viaje al centro de la Tierra (fuente: en.wikipedia.org)

Cuando escribió la novela, Verne tenía una visión optimista de la Ciencia. En Viaje al centro de la Tierra (y no sólo en esta obra) trata de conjugar la aventura con la divulgación, y lo logra. Casi sin quererlo, el lector acaba por empaparse de las últimas novedades científicas de la segunda mitad del siglo XIX. Para los interesados en la Historia de la Ciencia, eso supone un placer añadido. Téngase en cuenta que Darwin había publicado El origen de las especies tan sólo cinco años antes. Los avances científicos se sucedían sin descanso, y parecían augurar un futuro mejor para la Humanidad. La Ciencia estaba en la calle. Interesaba al gran público.

Verne no fue el único en escribir sobre mundos perdidos, refugio de dinosaurios y demás bestias prehistóricas. Otro autor de éxito que probó suerte con el tema fue Arthur Conan Doyle. Su novela El mundo perdido (1912) rivaliza en popularidad con las de Verne. También ha tenido adaptaciones al cine y la TV las cuales, en ocasiones, son una curiosa mezcla entre Viaje al centro de la Tierra y El mundo perdido. Al director de turno no le preocupaba demasiado respetar la obra de tan venerables autores. Lo importante era que salieran en pantalla dinosaurios, hombres mono, persecuciones, sustos, batallas… 🙂

 Ape man from The Lost WorldFotograma de la adaptación cinematográfica de 1925 de El mundo perdido, de Arthur C. Doyle (fuente: es.wikipedia.org)

En cualquier caso, la acción en El mundo perdido no tiene lugar en el interior de la Tierra, sino en lo alto de un tepuy amazónico, por lo que no nos detendremos en esta interesante novela. Trataremos, en cambio, otra obra popular, quizá no tanto como las anteriores, cuya acción sí transcurre en el corazón de nuestro planeta. Nos referimos a la serie de Pellucidar, escrita por Edgar Rice Burroughs, y que consta de 7 novelas:

 At the Earths Core 1922 Dusk JacketFuente: en.wikipedia.org

  1. At the Earth’s Core (En el corazón de la Tierra, 1914)
  2. Pellucidar (Pellucidar, 1915)
  3. Tanar of Pellucidar (Tanar de Pellucidar, 1929)
  4. Tarzan at the Earth’s Core (Tarzán en el centro de la Tierra, 1929)
  5. Back to the Stone Age (Regreso a la Edad de Piedra, 1937)
  6. Land of Terror (La tierra del terror, 1944)
  7. Savage Pellucidar (Salvaje Pellucidar, 1963)

Las dos primeras podrían considerarse una única obra dividida en dos partes. El último título es una recopilación de cuatro historias más cortas, publicadas a título póstumo. No consideraremos aquí las continuaciones que John Eric Holmes escribió.

Fuente: en.wikipedia.org

Llama la atención que la cuarta novela tenga de protagonista a Tarzán. Sí, ese Tarzán. 🙂 Se trata de lo que hoy llamaríamos un crossover. Burroughs, con buen ojo, pensó que ambientar una de las historias de su personaje más célebre en el universo de Pellucidar podría hacer que más lectores se sintieran atraídos hacia esta última serie.

A lo que íbamos. Pellucidar está situado dentro de nuestro planeta, pero Burroughs diseñó el escenario a lo grande. No se conformó con que fuera una caverna inmensa, al estilo de Julio Verne. No. Aquí la Tierra es un planeta hueco, una cáscara, y Pellucidar ocupa su cara interna.

Una Tierra hueca, que incluso contiene en su centro un pequeño sol con su luna… Además del buen rato que se pasa leyendo estas novelas de aventuras, suponen una excelente excusa para aprender Ciencia, y no sólo por sus aciertos, sino por sus fallos. De eso nos ocuparemos en las siguientes entradas, amigo lector. Y téngase en cuenta otra cosa: hay quienes hoy creen, en serio, que la Tierra está hueca. Como comentamos en entradas anteriores sobre la Tierra plana, hay gente pa’ to’. 🙂

De mundodiscos y tierras planas (I)

Una de mis series favoritas de fantasía es la del Mundodisco, del genial Terry Pratchett. Desborda imaginación y sentido del humor por los cuatro costados, con referencias constantes a muchos clichés del género e incluso a obras maestras de la Literatura. Después de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky (véanse las entradas anteriores), puedo asegurar que Pratchett es un bálsamo para el alma. 🙂

Gran A’tuin y su carga (fuente: frikilogia.com)

Mundodisco es un mundo plano, sostenido por cuatro elefantes que a su vez se disponen sobre el caparazón de Gran A’Tuin, una colosal tortuga que vaga por el espacio sideral. Es, sin duda, un escenario que da mucho juego para los relatos fantásticos, pero que desde el punto de vista científico suena a un disparate tan colosal como las dimensiones de Gran A’Tuin.

¿O quizá no lo sea? Merece la pena pararse a considerar el tema de las tierras planas, pues nos permite reflexionar sobre el funcionamiento de la Ciencia. Y, de paso, entretenernos un poco. 🙂

A primera vista puede parecer que nuestro mundo es plano, pues su curvatura no se aprecia a primera vista. Sin embargo, las pruebas de que la Tierra es redonda están ahí, si uno sabe verlas. Aparecen resumidas en el siguiente vídeo (en inglés):

Y si la lengua de Shakespeare no es lo tuyo, amable lector, aquí tienes un enlace a una página web en español donde todo esto queda bien explicado. 🙂

Hoy, mucha gente cree que en la Antigüedad todo el mundo pensaba que la Tierra era plana, y no digamos en la Edad Media, esa época de oscurantismo religioso. Si los textos sagrados afirmaban que la Tierra era plana, nadie se planteaba contradecirlos, ¿verdad? Igualmente, muchos piensan que ese estado de cosas duró hasta que Colón, por fin, se empeñó en demostrar que la Tierra era redonda, que se podía llegar a Asia navegando hacia Poniente, etc.

Pues no, amable lector. Eso es el mito de la Tierra plana. En la Antigüedad Clásica y en la Edad Media casi todas las personas cultas, religiosas o seglares, pensaban que nuestro mundo era esférico. Para llegar a esa conclusión bastaba una atenta observación, y no había carencia de mentes despiertas en esas épocas.

De hecho, Eratóstenes calculó el tamaño de la Tierra hace más de dos milenios, y lo hizo con admirable precisión. Los antiguos aceptaban que nuestro mundo es redondo, aunque sí que discrepaban sobre sus dimensiones. Después de Eratóstenes, Posidonio volvió a calcular el diámetro de la Tierra y obtuvo una cifra mucho menor. Luego, Ptolomeo prefirió los resultados de Posidonio a los de Eratóstenes, y con ellos fue Cristóbal Colón a convencer a diversos reyes europeos de la viabilidad de su viaje. Con una Tierra más pequeña, no era un disparate la idea de ir desde Europa a Japón atravesando el Atlántico. En fin, ya se sabe cómo acabó la historia: Eratóstenes tenía razón, pero Colón se tropezó con América y…

No obstante, siempre ha habido gente empecinada en afirmar que la Tierra es plana. Sigue habiéndola, igual que hay quien cree que la evolución no existe o que la leche chocolateada sale de vacas marrones. Incluso existe una Sociedad de la Tierra Plana (Flat Earth Society). Como dijo aquel torero, «hay gente pa’ to’». 🙂

 Orlando-Ferguson-flat-earth-map editMapa de la Tierra plana de Orlando Ferguson, 1893 (fuente: en.wikipedia.org)

En una Tierra plana pasarían cosas muy curiosas con las leyes físicas; por ejemplo, con la gravedad, como puede verse en esta página. No obstante, con paciencia e ingenio puede proponerse una Física cuyas leyes expliquen los acontecimientos observables en una Tierra plana. O hueca. O con forma de rosquilla. O incluso una Física que funcione en un universo donde la Tierra sea el centro de todo.

Entonces, si es posible una Física de la Tierra plana, ¿por qué los científicos no se toman en serio las teorías terraplanistas? Pues por algo muy querido por la Ciencia: el principio de parsimonia, también conocido como navaja de Occam.

Ya lo discutimos en otras entradas del blog, como las dedicadas al yeti y otros críptidos. Recordemos: en igualdad de condiciones, la hipótesis más sencilla suele ser la más probable. Si no la tumban los hechos, pruebas y experimentos, nos quedaremos con ella. Tan sólo si cae ante la evidencia, la desecharemos y probaremos con otra hipótesis más complicada.

Podríamos comparar el funcionamiento de la Ciencia con una investigación forense. Supongamos que la Policía encuentra un cadáver con una herida en la cabeza, y a su lado a un tipo malencarado, pistola en mano. Los investigadores considerarán en primer lugar la hipótesis más probable: que aquel tipo haya asesinado de un tiro a la víctima. Se analizarán las pruebas; si confirman esa hipótesis, pues ya está: caso cerrado. En cambio, si hay algo que no cuadra, deberemos considerar otra hipótesis menos simple. Por ejemplo, un suicidio por arma de fuego, y que el presunto homicida sea en realidad un vulgar ladronzuelo que pasaba por allí y aprovechó para robar la pistola. A continuación veremos si las pruebas validan esta hipótesis o hay que buscar otra aún más compleja, etc.

Volviendo a la forma de nuestro planeta, la hipótesis más probable, la que requiere unas leyes físicas más simples (y hay elegancia en esa simplicidad, dicho sea de paso), es la de la Tierra esférica. En cambio, las leyes físicas necesarias para justificar una Tierra plana son tan retorcidas, hay que hacer tanto encaje de bolillos para sostenerlas, que lo más sensato es probar primero la hipótesis de la esfericidad terrícola. Y esta hipótesis explica los hechos a la perfección. Por tanto, nos quedamos con ella. Es tan simple como eso. Navaja de Occam. 🙂

No obstante, los terraplanistas no cejan en su empeño, y podríamos contar algunas jugosas historias al respecto. Una de ellas implicó a Alfred R. Wallace, el padre, junto con Darwin, de la teoría de la evolución por selección natural. Nos ocuparemos de ella en la próxima entrada.

Una de gnomos (y II)

¿Hay alguna obra fantástica donde nos muestren unos humanoides diminutos con visos de credibilidad científica? Por supuesto, y entre ellas destaca la trilogía del éxodo de los gnomos (The Nome Trilogy), de Terry Pratchett (1948-2015). Aunque este autor británico sea conocido mayormente por sus novelas del Mundodisco, nos dio otros libros que también merece la pena leer.

10.12.12TerryPratchettByLuigiNovi1Sir Terence David John Pratchett  (fuente: es.wikipedia.org)

Debo confesar que la trilogía del éxodo de los gnomos es una mis obras fantásticas favoritas, junto a las de Tolkien y Vance. No obstante, aunque trate sobre unos pequeños seres asociados a los cuentos de hadas, en realidad se trata de ciencia ficción, y de la buena. Llama la atención que algunos la consideren una obra menor, por el mero hecho de ir dirigida a un público joven y rebosar sentido del humor por los cuatro costados.

Ante todo, ocupémonos de los aspectos científicos. Habrá algún spoiler, qué remedio, pero poca cosa. El lector ya se dará cuenta de qué va la historia al cabo de unos pocos capítulos, y no voy a destripar el argumento. 🙂

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En la primera parte de esta entrada vimos que un mamiferoide pequeñito que mantenga las proporciones corporales humanas resulta inviable. Pratchett soluciona el problema haciendo que sus gnomos no tengan las mismas proporciones que nosotros. De acuerdo, son bípedos, con dos brazos y una cabeza, pero son mucho más anchos y rechonchos. Podríamos objetar que unos gnomos con extremidades más gráciles serían más funcionales, pero lo que importa es que Pratchett vio claro que un gnomo de un palmo de alto no puede tener un cuerpo como el nuestro. El cambio de tamaño requiere un cambio de forma, pues así lo impone la inexorable ley cuadrático-cúbica de Galileo.

Por otro lado, los gnomos son mucho, pero que mucho más rápidos que nosotros. Su metabolismo también. Nos ven como criaturas rematadamente lentas, y los humanos son incapaces de captarlos a ellos de tan veloces que son. Su metabolismo también funciona a toda pastilla: más o menos, diez veces más rápido. Por ello, sus vidas son mucho más cortas. Con diez años, un gnomo ya es viejo. Es algo corriente en la naturaleza. Los mamíferos pequeñitos llevan un ritmo más frenético y viven menos que los grandes, como Homo sapiens.

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Sin embargo, subjetivamente viven tanto como nosotros. Su percepción del tiempo es distinta, adaptada a su acelerado ritmo de vida. En cierto modo habitamos mundos distintos, que coexisten pero no conviven. Ellos creen que somos animales lerdos y estúpidos; nosotros no los vemos o no queremos verlos, y los consideramos criaturas de cuentos de hadas. Nos ignoramos.

¿Cómo pueden haber surgido los gnomos en nuestro planeta? La solución es simple: son extraterrestres. Eso nos deja el problema de cómo unas criaturas que evolucionaron en otro mundo pueden alimentarse y asimilar nuestras biomoléculas, pero no nos pongamos demasiado quisquillosos.

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Por supuesto, aunque los biólogos nos podemos fijar en los aspectos científicos de una obra fantástica, eso no quiere decir que seamos unos tipos insensibles, incapaces de apreciar una buena historia. Si me encanta la trilogía de los gnomos es por los valores que transmite y lo muy divertida que resulta su lectura. Es una obra con lo mejor del humor de Pratchett, algo que suelen menospreciar aquéllos que confunden ser serio con ser triste. Y es que, en el fondo, los gnomos se ocupan de temas muy serios. La trilogía nos induce a reflexionar sobre la Religión y las creencias. Por otro lado, es un canto a valores como la lealtad, la perseverancia, la solidaridad, la curiosidad, el amor a la ciencia; hay emoción, aventuras… ¿Qué más se puede pedir?

Sí, se trata de una trilogía que puede parecer destinada a un público juvenil, pero que tiene una segunda lectura que hace que los mas viejos del lugar disfrutemos con ella como… bueno, como enanos. 🙂

En memoria de Henry James

Hay autores de los que se habla poco, pero que marcaron la diferencia entre lo vulgar y lo excelente. Su obra es fundamental para el género fantástico y por este motivo le dedico unas líneas:

henry_james_by_sargent_1913Nació en Nueva York en 1843 en una acaudalada familia de origen irlandés. Con sus padres se acostumbró de joven a viajar por Europa, continente por el que sintió una verdadera pasión a lo largo de su vida. Estudió en distintas ciudades de Europa, como Ginebra y París, y posteriormente inició la carrera de Derecho en la Universidad de Harvard, sin embargo abandonó los estudios oficiales por su descontento con el envaramiento del mundo académico. A partir de entonces su formación sería autodidacta.

En 1869 inició otro viaje por Europa, durante el cual tomaría conciencia del abismo cultural que entonces aún separaba ambos continentes. De esta sensación interior de saberse un americano en Europa surgiría Un peregrino apasionado y otros cuentos (A passionate pilgrim and other tales, 1875) donde estetiza este sentimiento y empieza su carrera literaria.

En 1875 viaja de nuevo a París, donde conocería, inmerso en el bullicioso ambiente creativo de la capital francesa, a algunos de los mejores escritores de su tiempo: Zola, Flaubert, Daudet y el también escritor de temas fantásticos Guy de Maupassant. Con ellos pudo conversar como un igual, pues James ya se había ganado un cierto prestigio literario, tanto por sus relatos en Américo como por El americano (The american, 1877) y Los europeos (The europeans, 1878), en donde abundaría en su visión de las diferencias internacionales. Esta fama que tenía en los cenáculos parisinos no se correspondía con el éxito popular, pues su obra se separaba de los gustos imperantes en su época y complacía solo a los más refinados lectores contemporáneos. Destacó como escritor y crítico literario y fue enormemente prolífico, con veinte novelas, más de un centenar de relatos y varias obras de teatro, aunque estas no tuvieron el éxito que el autor esperaba.

Pasó el resto de su vida viajando entre los Estados Unidos e Inglaterra, donde falleció en 1916, un año después de obtener la nacionalidad británica. Durante estos años vio cada vez más acrecentada su fama entre pequeños grupos de seguidores de su obra.

Obra:

13_cuentosEl estudio de la abundante y compleja narrativa de Henry James es un tema apasionante, sin duda, pero se escapa del tema tratado en este artículo. Así pues menciono solo lo más importante, aun sabiendo que caigo en un exceso de simplificación.

Los estudiosos dividen su obra en tres etapas debido a los cambios formales y de temática que experimentaron sus ficciones a lo largo de su vida.

Estas etapas son:

  • Las diferencias culturales entre América y Europa, o el tema internacional. En esta época James emplea sus vivencias personales y su experiencia viajando para afrontar la relación entre ambos mundos, y poner de manifiesto el impacto que la cultura europea provocaba en los americanos que conocían nuestro continente.
  • Obra experimental con inquietudes socio-políticas: es en esta segunda etapa cuando emplea a fondo la técnica narrativa del punto de vista subjetivo. Con esta técnica James redefine al narrador como un elemento más de la trama, dotándolo de una subjetividad propia de un personaje, que él siempre escoge con esmero por el “ángulo” que puede aportar a la narración. Como se ve, James era muy adelantado a su época, donde triunfaban todavía las descripciones explícitas y vibrantes del naturalismo. Esta etapa experimental le costó sacrificar parte de sus argumentos, tanto en complejidad como en ritmo, que se fue haciendo más lento. Centraba su prosa en la descripción minuciosa y sutil de los personajes. James es un precursor del monólogo interior.
  • Novelas de madurez: en esta época regresa a los temas del principio de su carrera, pero empleando las capacidades adquiridas durante su época experimental para hacerlo desde un punto de vista interior y a menudo moral.

En general podemos decir de él que fue un maestro en el misterio desde todos los puntos de vista. Sus obras acostumbran a estar teñidas de ambigüedad y el estilo destaca por su gran refinamiento formal. Fue un adelantado a su tiempo tanto por la naturaleza de sus obras como por las técnicas narrativas empleadas.

Por desgracia gran parte de su producción es de temas muy diferentes a los que nos ocupan. Hay, sin embargo, una novela que por ella sola ya permite escribir el nombre de Henry James con letras de oro en el libro de lo fantástico: Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898) Esta es una obra donde James demuestra todo lo que hemos dicho de él en los párrafos anteriores. Está considerada por muchos como una de las mejores novelas de terror jamás escritas y emplea a fondo su capacidad de introspección, el juego narrativo con el punto de vista del narrador, y la psicología de los personajes. Es un ejemplo magnífico de la característica ambigüedad del relato fantástico, pues admite diversas interpretaciones, desde psicológicas a sobrenaturales.

Otros relatos recomendables de este autor son Sir Edmund Orme (Sir Edmund Orme, 1892), El fantasma que pagaba alquiler  (The ghostly rental, 1876), y Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends, 1896). Mención aparte merece una de sus últimas novelas, La fontana sagrada (The Sacred Fount, 1901), que comparte el estilo y la calidad de Otra vuelta de tuerca, con una ambientación vagamente parecida.

Algunas de sus obras:

  • El fantasma que pagaba alquiler (The ghostly rental, 1876).
  • Sir Edmund Orme (Sir Edmund Orme, 1892).
  • Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends, 1896).
  • Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898).
  • La fontana sagrada (The Sacred Fount, 1901).

Existen numerosas antologías que recopilan sus mejores escritos fantásticos, entre ellas la extensa “13 cuentos de fantasmas” (Valdemar. Madrid, 2010) que incluye la novela Vuelta de tuerca.