Nueva antología del UniCorp: «Juegos y engaños»

Ya está disponible en Amazon, tanto en versión Kindle como en formato papel (tapa blanda) nuestro último libro: Juegos y engaños. Reproducimos la sinopsis que puede leerse en la contraportada:

Esta antología sigue el camino iniciado por la anterior, «Juegos perversos». Incluye dos nuevas historias de antropólogos, en las que estos esforzados profesionales deberán echar mano de todo su ingenio. Tendrán que salir airosos de situaciones a veces pintorescas, en otras ocasiones tragicómicas, en el vasto telón de fondo del Universo Corporativo o UniCorp, donde coexisten mundos con las más diversas sociedades, algunas de ellas poco recomendables.

LA BARBACOA: Una expedición de antropólogos debe ayudar a los militares a pacificar un planeta remoto, Ofiura, donde conviven sociedades pacifistas junto a otras extremadamente agresivas. El propósito es evitar baños de sangre, pero la estulticia del jefe de los antropólogos, así como la idiosincrasia de su peculiar familia, parecen abocar la misión al desastre.

LA REINA DEBE MORIR: Una antropóloga no demasiado brillante es destinada a Nueva Gaia, un planeta tranquilo y civilizado, candidato perfecto para unirse a la Corporación. Sin embargo, lo que parece una sociedad idílica encierra monstruos. La antropóloga se ve implicada, sin querer, en negocios turbios y debe huir para salvar su vida. Sola, perseguida, aterrorizada y prácticamente sin recursos, va a parar a una reserva de vida alienígena. Y allí, contra todo pronóstico, se enfrentará a un Primer Contacto con otra especie inteligente. Un Primer Contacto que podría cambiar el destino de la Humanidad, pero que tiene todos los números para acabar en fracaso.

La antología se completa con un relato corto, LO HERMOSO Y LO INVISIBLE, a modo de pequeño homenaje a Italo Calvino.

Estas dos novelas cortas aparecieron hace un tiempo por entregas en Wattpad. Ahora, amigo lector, las tienes disponibles en una cuidada edición, tanto si optas por el formato electrónico como si eres partidario de los libros stricto sensu.

Si te decides a leerlo, esperamos que lo disfrutes. Mientras, seguimos escribiendo. 🙂

El xenomorfo es un aficionado.

Natura artis magistra (la naturaleza es la maestra de las artes): así titulábamos una antigua entrada. Si observamos el mundo que nos rodea, hallaremos por doquier ejemplos inspiradores que harán las delicias de cualquier aficionado a la ciencia ficción. Los seres vivos son capaces de sorprender a la imaginación más desbocada.

Distintas fases vitales de un xenomorfo típico (fuente:  toywiz.com)

Consideremos la película Alien. El ciclo vital del xenomorfo, el icónico monstruo diseñado por H. G. Giger, se basa en el de ciertas avispas, aunque estas no son los únicos insectos que exhiben un comportamiento tan… en fin, cruel, desde nuestra perspectiva humana. Poner los huevos en el interior de sus presas sin matarlas, para que las larvas las devoren poco a poco, y luego brotar de la carcasa vacía de su víctima… Espeluznante. Es difícil ver un documental sobre el comportamiento de estos bichos sin estremecerse. Se pone uno en el pellejo (mejor dicho, en el exoesqueleto) de la pobre presa y… agh. 🙂

Estos peculiares insectos son muy frecuentes, aunque muchos de ellos son tan pequeñitos que no los vemos aunque los tengamos delante. Los biólogos nos referimos a ellos como parasitoides. Hay varios tipos; en concreto, el xenomorfo sería un endoparasitoide, pues se alimenta en el interior de su hospedante.

Si usted lo desea puede comprar parasitoides, ya que algunos son magníficos agentes de biocontrol para las plagas que afectan a los cultivos. Valga un ejemplo:

Los insectos no son los únicos organismos que podrían dar lecciones al xenomorfo a la hora de liquidar a su anfitrión. Ciertos hongos también son de armas tomar. En una de las primeras entradas del blog ya comentamos el caso del hongo de las hormigas zombis, Ophiocordyceps unilateralis, que inspiró el magnífico videojuego The Last of Us.

No es necesario salir fuera de casa para hallar otro hongo que nos recuerda al xenomorfo por su comportamiento. Se trata de Entomophthora muscae, una especie muy común. Sus víctimas suelen aparecer en los marcos de las ventanas o en los cristales. Están rodeadas de un polvillo blanco, que corresponde a las esporas del hongo.

Entomophthora muscae es un auténtico asesino de moscas (Musca domestica), aunque puede atacar a otros dípteros. Así, es frecuente que liquide a las ubicuas moscas del vinagre (Drosophila melanogaster). Ya, no es lo mismo asistir a la agonía de la tripulación de la Nostromo que a la de unas vulgares moscas, pero el proceso es similar. Veámoslo.

Supongamos que una espora del hongo llega a la infortunada mosca. Germina, entra en su cuerpo y comienza a crecer alimentándose de la hemolinfa, el equivalente a la sangre en los insectos. La pobre mosca está condenada; apenas le queda una semana de vida. Las hifas del hongo crecen por su cuerpo, devorándole los órganos, hasta que finalmente entran en su cerebro y controlan su comportamiento.

La mosca, ya muy enferma, se posará y, en su agonía, se sentirá impelida a trepar hacia arriba. Allí morirá, pero antes se despatarrará y extenderá las alas, lo que favorecerá la dispersión de las esporas fúngicas. Para ello, el hongo atravesará las articulaciones entre placas del exoesqueleto y expulsará las esporas, que quedarán como una mancha blanquecina alrededor del cadáver. El lugar, normalmente una pared o una ventana, es ideal para infectar a otras moscas.

Lo dicho: el xenomorfo podrá darnos miedo, pero Entomophthora muscae, igual que el hongo de las hormigas zombis, son auténticos profesionales, que llevan millones de años liquidando a sus víctimas. Por fortuna, no nos atacan a nosotros. Aún.

Es un buen momento para jugar a The Last of Us… 🙂

Inteligencias más o menos alienígenas (y IX)

Para terminar con esta serie de entradas, divirtámonos especulando. ¿Podríamos hallar inteligencia en animales sin cerebro? ¿O en otros seres que no sean animales? Los autores de ciencia ficción ya han escrito sobre eso, y nosotros no vamos a ser menos. Eso sí, nos apoyaremos en la Biología. Pero vayamos por partes. Mejor dicho, por niveles, y hablemos de la organización biológica.

La vida está organizada jerárquicamente, en niveles de organización que van de lo simple a lo complejo. Los elementos de un nivel son los ladrillos del nivel superior. Así, todos estamos compuestos de átomos. Estos, a su vez, forman moléculas, estas orgánulos, luego células, tejidos, órganos, sistemas, organismos, poblaciones, biocenosis, ecosistemas, hasta llegar a la biosfera, que es el conjunto de todos los ecosistemas en nuestro planeta.

Para entender un nivel es necesario fijarse en los niveles inferiores. Por ejemplo, nuestro organismo se compone de diversos órganos que funcionan coordinadamente para mantenernos vivos. A su vez, esos órganos son agrupaciones de células, cada una con vida propia, que trabajan conjuntamente, etc. Podríamos pensar en cualquier ser vivo como una máquina compuesta por piezas que a su vez están hechas por piezas cada vez más pequeñitas. Algo así postulaban los mecanicistas cartesianos, que veían a los seres vivos como autómatas complejos, pero autómatas al fin y al cabo.

Digesting Duck Fuente:  es.wikipedia.org

Sin embargo, en los seres vivos el todo es más que la mera suma de las partes. Por ejemplo, sabemos cómo funcionan las neuronas que componen el cerebro: ondas de despolarización, neurotransmisores… Pero para explicar la mente humana y comprender nuestro comportamiento necesitamos algo más que describir la apretura y cierre de canales de sodio y potasio en las membranas neuronales.

Cuando subimos de nivel en la jerarquía de la vida, aparecen propiedades que no se deducen de las de los niveles inferiores. La inteligencia no aparece en las neuronas individuales. Estas interactúan entre ellas y con el medio y voilà, surge el raciocinio en un nivel superior.

Fuente:  pixabay.com

O pensemos en un hormiguero o un termitero. Los hormigueros figuran entre las entidades más eficaces que podemos encontrar en la naturaleza. En cambio, las hormigas individuales no parecen gran cosa. Sus cerebros son pequeños, se guían por estímulos químicos, sus comportamientos son estereotipados… Pero cuando miramos el hormiguero, es mucho más que una simple suma de hormigas. Un hormiguero se comporta como una entidad capaz de someter a animales de gran tamaño, de soportar catástrofes ambientales, de expandirse, de multiplicarse… Algo que una hormiga aislada sería incapaz de hacer.

No hay nada de sobrenatural en las propiedades emergentes. A partir de las interacciones entre los componentes de los niveles inferiores se genera orden en los niveles superiores. Tiene que ver con la autoorganización, y se da bastante en la naturaleza. Realmente, la vida consiste en una jerarquía de niveles emergentes.

En fin, no profundizaremos en lo de las propiedades emergentes y demás. Es un tema propicio a especulación y controversia. Aquí nos quedaremos con esta idea sobre la que especular: si la inteligencia, la mente, es el resultado de propiedades emergentes, ¿no podría aparecer en otras circunstancias, cuando los sistemas alcanzan cierto grado de complejidad?

Aunque las hormigas de por sí no sean inteligentes, ¿podría serlo un hormiguero? ¿O un termitero? El tema no es nuevo. Puede que al lector le suene este libro: Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle, de Douglas R. Hofstadter. Es una obra ciertamente peculiar, que hace pensar sobre el origen de la autoconsciencia. En uno de sus capítulos (el 10º, concretamente), asistimos a una encantadora, delirante y profunda charla entre varios protagonistas (Aquiles, la Tortuga, el Cangrejo y el dr. Oso Hormiguero) sobre la inteligencia de los hormigueros y cómo se relacionan los distintos niveles que conforman los seres vivos. Recomendamos su lectura, aunque se corre el riesgo de quedarse aún más perplejo que antes. 🙂

Por supuesto, los escritores de ciencia ficción han jugado con la aparición de la consciencia como propiedad emergente. Veamos algunos ejemplos. Por tanto, ojo con los spoilers… 🙂

Bacterias vistas al microscopio (1250 x).

El gran Isaac Asimov, en su novela Némesis (1989), nos presenta un planeta que orbita en torno a una enana roja. En apariencia, la vida que alberga es primitiva, compuesta únicamente por bacterias. No obstante, el conjunto de todas ellas da lugar a una especie de superorganismo inteligente, telépata incluso. Es uno de los mejores ejemplos de propiedades emergentes: complejidad y autoorganización a partir de criaturas tan simples como las bacterias.

Nosotros mismos, modestamente, abordamos el tema en nuestra novela corta El hongo que sabía demasiado (en la antología Vidas extrañas).

Aquí nos basamos en un hongo que existe en nuestro planeta, Armillaria ostoyae. El micelio de uno de estos hongos que vive en el suelo de un bosque de Oregón ocupa unos 9 km2, y probablemente supera los 2400 años de edad. Los finos filamentos que forman su cuerpo, las hifas, van de unos árboles a otros, conectándolos. Podríamos concebir al bosque como un superorganismo hecho a base de árboles y hongos interconectados. Si dejamos volar la imaginación, y pensamos en un bosque del tamaño de un continente, pues… ¿Podría comportarse como una entidad? ¿Sería lo bastante complejo como para adquirir autoconsciencia? 🙂

Pero para idea grandiosa, la del famoso astrónomo Fred Hoyle en su novela La nube negra (1957). En este caso, el superorganismo es una inmensa nube de polvo capaz de navegar entre las estrellas. Su inteligencia es mucho mayor que la nuestra, pero eso no impide que podamos llegar a comunicarnos con ella y… Bueno, no destriparemos el argumento. Animamos al aficionado a la ciencia ficción a que la lea. 🙂

En fin, podríamos seguir buscando más ejemplos literarios, o entrar en el fascinante mundo de la inteligencia artificial (¿podría surgir la inteligencia como propiedad emergente en una máquina?), pero lo dejaremos aquí para no cansarte, amigo lector. Nos basta con sugerir que lo que llamamos inteligencia podría brotar en lugares inesperados, y que puede que no la reconozcamos aunque la tengamos delante de las narices. 😉

Lo hermoso y lo invisible

Amigo lector, nos hemos permitido un breve descanso en las entradas sobre Ciencia y pseudociencias. A cambio, te ofrecemos un relato corto de ciencia ficción. Esperamos que lo disfrutes. 🙂

LO HERMOSO Y LO INVISIBLE

Autores: Eduardo Gallego & Guillem Sánchez.


En recuerdo de Italo Calvino.

 El viajero deberá abandonar las rutas más frecuentadas si desea visitar Myxia.

Myxia siempre fue un mundo hermoso. Océanos de un azul profundo, cielos turquesas entreverados de blanco, montañas cubiertas de bosques que cambian de color con el devenir de las estaciones…

En cuanto tuvieron uso de razón, sus moradores quedaron subyugados por tanta belleza. Aprehenderla, disfrutarla y por qué no, mejorarla, se convirtió en un sueño, un ideal a perseguir.

Los años dieron paso a los siglos, y estos a los milenios. Aquellos moradores acabaron por erigirse en la especie dominante, los amos del planeta. Nada ni nadie podía oponérseles. Por fin materializarían sus sueños, convertirían lo hermoso en sublime.

Primero allanaron montañas, encauzaron ríos, domesticaron el clima. Todo debía fluir en armonía, sin sobresaltos, convertirse en el perfecto escenario para disfrutar de los sentidos.

Luego se ocuparon de los animales y los árboles. Eliminaron a los feos, los molestos, los que ponían una nota discordante en el paisaje idílico.

Finalmente llegó el turno de las malas hierbas, los hongos y los microbios. Todo aquello que no se ajustase al canon de belleza debía erradicarse. Por desgracia, aquellos esquivos seres eran difíciles de matar. Se requería sutileza, hilar fino.

Así, liberaron virus de diseño para que se ocuparan del trabajo sucio. Su eficacia había sido evaluada y probada. Sin embargo, a los amos del mundo se les pasó por alto un pequeño detalle.

La vida es, en el fondo, un subproducto de la evolución. Esta no sigue un propósito ni prevé el futuro. Su motor último es el azar, los cambios imprevistos. Luego, la selección natural realizará su labor de escarda, ciega a las consecuencias.

Un virus concebido para exterminar cierta maleza acabó donde no debía, por culpa de un insecto vector despistado. En vez de a la planta cuyo metabolismo pretendía bloquear, fue a parar al interior de un alga microscópica. El virus no mató a la inesperada anfitriona, sino que se insertó en su genoma y aguardó tiempos mejores.

En su momento, el alga fue fagocitada por un modesto moho del fango en el que nadie se había fijado antes. El alga no fue digerida, como cabía esperar. Mantuvo su integridad e incluso empezó a multiplicarse dentro del moho, en un ambiente acogedor. Los genes que le proporcionaba el virus se lo permitieron.

Hoy, la única cosa viva que queda en Myxia es el moho del fango. Su cuerpo gelatinoso lo cubre todo, desde las altas cumbres hasta las orgullosas ciudades donde yacen las osamentas de sus moradores. Ya no le queda nada que devorar, aunque le da lo mismo. Gracias a las algas que alberga en su interior puede absorber la energía del sol y sobrevivir.

El moho luce un llamativo color verde esmeralda. Su superficie se estremece de tarde en tarde con un latido majestuoso y lento.

A su manera, es hermoso.

Una de gnomos (y II)

¿Hay alguna obra fantástica donde nos muestren unos humanoides diminutos con visos de credibilidad científica? Por supuesto, y entre ellas destaca la trilogía del éxodo de los gnomos (The Nome Trilogy), de Terry Pratchett (1948-2015). Aunque este autor británico sea conocido mayormente por sus novelas del Mundodisco, nos dio otros libros que también merece la pena leer.

10.12.12TerryPratchettByLuigiNovi1Sir Terence David John Pratchett  (fuente: es.wikipedia.org)

Debo confesar que la trilogía del éxodo de los gnomos es una mis obras fantásticas favoritas, junto a las de Tolkien y Vance. No obstante, aunque trate sobre unos pequeños seres asociados a los cuentos de hadas, en realidad se trata de ciencia ficción, y de la buena. Llama la atención que algunos la consideren una obra menor, por el mero hecho de ir dirigida a un público joven y rebosar sentido del humor por los cuatro costados.

Ante todo, ocupémonos de los aspectos científicos. Habrá algún spoiler, qué remedio, pero poca cosa. El lector ya se dará cuenta de qué va la historia al cabo de unos pocos capítulos, y no voy a destripar el argumento. 🙂

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En la primera parte de esta entrada vimos que un mamiferoide pequeñito que mantenga las proporciones corporales humanas resulta inviable. Pratchett soluciona el problema haciendo que sus gnomos no tengan las mismas proporciones que nosotros. De acuerdo, son bípedos, con dos brazos y una cabeza, pero son mucho más anchos y rechonchos. Podríamos objetar que unos gnomos con extremidades más gráciles serían más funcionales, pero lo que importa es que Pratchett vio claro que un gnomo de un palmo de alto no puede tener un cuerpo como el nuestro. El cambio de tamaño requiere un cambio de forma, pues así lo impone la inexorable ley cuadrático-cúbica de Galileo.

Por otro lado, los gnomos son mucho, pero que mucho más rápidos que nosotros. Su metabolismo también. Nos ven como criaturas rematadamente lentas, y los humanos son incapaces de captarlos a ellos de tan veloces que son. Su metabolismo también funciona a toda pastilla: más o menos, diez veces más rápido. Por ello, sus vidas son mucho más cortas. Con diez años, un gnomo ya es viejo. Es algo corriente en la naturaleza. Los mamíferos pequeñitos llevan un ritmo más frenético y viven menos que los grandes, como Homo sapiens.

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Sin embargo, subjetivamente viven tanto como nosotros. Su percepción del tiempo es distinta, adaptada a su acelerado ritmo de vida. En cierto modo habitamos mundos distintos, que coexisten pero no conviven. Ellos creen que somos animales lerdos y estúpidos; nosotros no los vemos o no queremos verlos, y los consideramos criaturas de cuentos de hadas. Nos ignoramos.

¿Cómo pueden haber surgido los gnomos en nuestro planeta? La solución es simple: son extraterrestres. Eso nos deja el problema de cómo unas criaturas que evolucionaron en otro mundo pueden alimentarse y asimilar nuestras biomoléculas, pero no nos pongamos demasiado quisquillosos.

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Por supuesto, aunque los biólogos nos podemos fijar en los aspectos científicos de una obra fantástica, eso no quiere decir que seamos unos tipos insensibles, incapaces de apreciar una buena historia. Si me encanta la trilogía de los gnomos es por los valores que transmite y lo muy divertida que resulta su lectura. Es una obra con lo mejor del humor de Pratchett, algo que suelen menospreciar aquéllos que confunden ser serio con ser triste. Y es que, en el fondo, los gnomos se ocupan de temas muy serios. La trilogía nos induce a reflexionar sobre la Religión y las creencias. Por otro lado, es un canto a valores como la lealtad, la perseverancia, la solidaridad, la curiosidad, el amor a la ciencia; hay emoción, aventuras… ¿Qué más se puede pedir?

Sí, se trata de una trilogía que puede parecer destinada a un público juvenil, pero que tiene una segunda lectura que hace que los mas viejos del lugar disfrutemos con ella como… bueno, como enanos. 🙂

Nueva novela del UniCorp: «La reina debe morir»

Guillem y yo seguimos escribiendo más obras cuya acción tiene lugar dentro de nuestro particular escenario de ciencia ficción, el UniCorp.

Al igual que nuestra obra anterior, La barbacoa, decidimos publicarla en formato de serial. Así, periódicamente irá apareciendo un capítulo en el sitio web de Wattpad. Puede accederse a nuestro perfil haciendo clic en el siguiente icono (la inscripción es gratuita): wattpadLa novela que te presentamos, amable lector, es La reina debe morir.  otra de nuestras historias de antropólogos. Su extensión es más larga que en el caso de La barbacoa, y su tono resulta algo menos festivo. 🙂

reina

Por supuesto, La barbacoa sigue disponible en Wattpad para ser leída, gratis.

Barbacoa

Para más información, puede consultarse la sección obras en la web del UniCorp. Otras historias de antropólogos (cinco, en total) aparecen reunidas en la antología Juegos perversos, a la venta en Amazon.

Juegos

Nuestra intención es ir subiendo un capítulo por semana, hasta completar la obra. Si te animas, amigo lector, esperamos que pases un rato agradable con su lectura. 🙂

Nueva promoción de nuestras obras en Amazon

Durante octubre de 2016 han sido seleccionadas varias de nuestras obras (versión Kindle) para participar en una promoción en Amazon (.com, .es y .mx).

En concreto, se ofrecen nuestros relatos de ciencia ficción ambientados en el Universo Corporativo (UniCorp). Por un lado, tenemos la trilogía integrada por La embajada, Asedro y Baile de locos:

EmbajadaAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

AsedroAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

BaileAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Más novelas:

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Y las antologías… Nadie es perfecto incluye las novelas cortas Dar de comer al sediento y El factor crítico.

NadieAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

De hombres y máquinas incluye las novelas cortas Nina y Dime con quién andas…

HombresAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Intrusos en el paraíso incluye las novelas cortas Inmigrantes y Juegos e instintos.

IntrusosAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Vidas extrañas incluye las novelas cortas Un cruce en la noche y El hongo que sabía demasiado.

VidasAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Finalmente, nuestras historias de antropólogos están recogidas en la antología Juegos perversos, que incluye los relatos Pájaro en mano, Requiescat in pace, Una de vampiros, Juegos perversos y Crisis en la eternidad.

JuegosAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Y cómo no, en nuestra web del UniCorp ofrecemos otros relatos y artículos (gratis, en este caso).

Además de la ciencia ficción, también se puede adquirir nuestra novela histórica, ambientada en la Tercera Cruzada, Oriente y Occidente, en sus dos versiones (español y catalán). La oferta alcanza a la versión en español, que se ofrece tanto en formato Kindle como en papel de toda la vida (tapa blanda):

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Monstruos imposibles (y IV)

Finalmente, ocupémonos de la gente diminuta, tamaño liliputiense. Por ejemplo, las hadas, como las de esta famosa foto trucada:

Cottingley_Fairies_1El famoso escritor Arthur Conan Doyle creía que esta foto era auténtica  (fuente: en.wikipedia.org)

Ya hemos visto que los gigantes son inviables, mayormente porque sus piernas serían incapaces de aguantar el peso corporal. Sin embargo, parece que esas hadas no tendrían ese problema, ¿verdad?

Pues tampoco son posibles, y por el mismo motivo: la inexorable ley cuadrático-cúbica.

Como ya vimos, al aumentar el tamaño, las superficies se incrementan al cuadrado y el volumen lo hace al cubo. Cuando reducimos las dimensiones, ocurre lo que cabía esperar: en proporción, el volumen disminuye muchísimo más que la superficie. Dicho de otro modo: a menor tamaño, la relación entre superficie y volumen es mucho mayor. Y aquí entra en juego el metabolismo.

Para que la vida funcione, hay que tomar del exterior nutrientes, oxígeno, etc., y excretar al medio los productos de desecho. Y todo esto se hace a través de membranas. O sea, de superficies.

Los animales grandes, como Homo sapiens, tenemos un problema. Nuestra relación entre superficie y volumen es muy baja. Para compensarla y poder llevar todo lo necesario a cada una de nuestras células, bombeamos el aire mediante un complejo sistema respiratorio, nuestro corazón no para de mover la sangre, los pulmones tienen alvéolos para incrementar su superficie (al igual que el intestino posee microvellosidades, por el mismo motivo)… En fin, a fuerza de ir eliminando a los menos eficientes, las mejores estrategias para vivir con un cuerpo grande han ido superando la criba de la evolución.

 IncredibleShrinkingMan-posterFuente: es.wikipedia.org

Pensemos ahora en una de esas hadas, en el increíble hombre menguante o en Pulgarcito. Así, a ojo, supongamos que uno de estos diminutos seres mide 15 veces menos que un humano normal. La superficie de su cuerpo se habrá reducido 225 veces y el volumen 3375. O sea, la relación entre superficie y volumen se ha incrementado por 15.

Como el metabolismo depende de la superficie de intercambio disponible, su velocidad se multiplicará por 15. En proporción, consumirá 15 veces más oxígeno que nosotros; bien rápido tendrá que respirar, el pobrecillo. Necesitará 15 veces más comida. Sus músculos serán 15 veces más fuertes de lo necesario para un cuerpo de ese tamaño (la fuerza de un músculo depende de su sección).

Además, las criaturas de sangre caliente de tamaño tan pequeño tienen problemas para mantener la temperatura. Con una relación superficie/volumen tan alta, el calor se disipa a gran velocidad a través de la piel desnuda. En caso de cubrirse con vestidos, la ropa le pesaría 15 veces más, en proporción.

Demasiado para su cuerpecillo. Un metabolismo tan veloz lo consumiría bien pronto. Eso, si los propios músculos, excesivos para su tamaño, no le rompen los huesos. O si no se muere antes de hambre, buscando alimento desesperadamente. O de frío. O de un golpe de calor. O de un pisotón por parte de un animal mayor. Ah, y un cerebro tan pequeño tendría menos neuronas. El Pulgarcito en cuestión no sería tan espabilado como el de los cuentos… 🙂

Hay mamíferos muy pequeños, desde luego, como la musarañita (Suncus etruscus), pero está en el límite. No llega a 5 cm, debe comer diariamente el doble de su peso, su corazón late 25 veces por segundo… Su vida es corta.

21005GLos insectos basan su éxito evolutivo, entre otras cosas, en su pequeño tamaño.

Los reyes del mundo enano son los insectos y otros artrópodos. Sus cuerpos son muy diferentes a los nuestros, ideales para las dimensiones reducidas, con patas muy finas. El sistema respiratorio también es diferente. No necesitan pulmones; les basta con tráqueas, unos tubos que llevan el aire directamente al interior del cuerpo. Por cierto, ese peculiar modo de respirar les impide alcanzar tamaños grandes.

Dorylaimidae2Los nematodos o gusanos redondos poseen cuerpos simples: un tubo digestivo, gónadas, sistema nervioso y poco más. Gracias a su tamaño minúsculo no necesitan branquias ni sistema circulatorio.

Si seguimos bajando hasta lo realmente diminuto, triunfan animales como los nematodos. Estos gusanos, algunos de ellos tan molestos como las lombrices intestinales o el Anisakis, son tan pequeños que su relación entre superficie y volumen es enorme. No necesitan sistema respiratorio ni circulatorio, y les va de fábula.

03mucor02Hifas de un hongo. Un cuerpo tan simple proporciona una relación entre superficie y volumen enorme.

Los hongos son otros organismos que deben su elevada tasa de crecimiento a la relación entre superficie y volumen. Sus cuerpos se componen de diminutos filamentos (hifas), tan delgados que la superficie disponible es enorme. Por eso pueden intercambiar nutrientes y crecer a velocidad asombrosa. Como bien saben los buscadores de setas, éstas pueden brotar en cuestión de horas.

¿Y las bacterias? Son tan, tan minúsculas que su superficie de intercambio es tremenda. Eso les permite un ritmo de vida frenético: algunas pueden fabricar copias de sí mismas en cuestión de minutos. Cuando eres diminuto no necesitas un cuerpo complejo. La propia relación entre superficie y volumen es la clave del éxito.

En resumen, pueden existir gigantes y enanos, pero la física impone restricciones. Sus cuerpos serán muy diferentes a los nuestros. Téngase esto en cuenta cuando intenten trucar fotos con supuestos hallazgos que revolucionarían nuestros conocimientos arqueológicos y todo eso. 🙂

Por fin terminamos esta serie de entradas, amigo lector. Que pases un feliz mes de agosto y sobrevivas a chiringuitos playeros, medusas, cuñados y demás plagas estivales. Y si vives en el Hemisferio Sur, que el frío te sea leve. 🙂

Monstruos imposibles (III)

Para terminar con los gigantes que caminan sobre dos patas, dediquemos unas palabras a los realmente grandes. O sea, Godzilla. 🙂

Gojira 1954 Japanese posterFuente: es.wikipedia.org

En la Wikipedia leemos que las distintas versiones del entrañable monstruo japonés alcanzan de 50 a 108,2 m de altura, y pesan de 20.000 a 90.000 toneladas. Si tenemos en cuenta que el Titanic desplazaba 52.310 toneladas, imaginemos el peso de un transatlántico sostenido por dos patas…

Si el gigantismo impone limitaciones a los animales caminantes, peor lo tienen los voladores. Mientras que el peso sube en función del cubo, la superficie alar sólo lo hace al cuadrado. Por tanto, conforme se aumenta de tamaño crecen desmesuradamente los problemas de sustentación. Veámoslo con un ejemplo aeronáutico.

Consideremos un avión de dimensiones modestas, como el Bombardier CRJ200. Transporta 50 pasajeros. Mide 27,77 m de largo, su superficie alar es de 48,35 m2 y su peso máximo al despegar de 24.091 kg. Comparémoslo con un gigante: el Antonov An-225.

El An-225 (84 m) triplica la longitud del CRJ200. Su volumen se ajusta a lo que cabría esperar según la ley cuadrático-cúbica; el peso máximo al despegar es de 640.000 kg, nada menos. Pero el An-225 no es una mera copia aumentada de un avión más pequeño. En tal caso, no podría volar. Observemos la imagen siguiente, en la cual hemos reducido los dibujos de ambos aviones aproximadamente al mismo tamaño.

CRJ_AnFuente: Google imágenes.

Para sostener un peso casi 27 veces mayor, las alas tienen que aumentar su superficie desproporcionadamente. Compárenlas en el dibujo. Si el An-225 mantuviera las proporciones del CRJ200, su superficie alar sería de unos 435 m2. Sin embargo, en realidad es mucho mayor: 905 m2. E incluso eso es insuficiente para mantener al An-225 en el aire. Fue necesario ponerle más motores, y mucho más potentes.

Los seres vivos no tienen la posibilidad de añadir motores turbofán adicionales. El empuje que pueden generar los músculos es limitado. Un ave grande tiene que aumentar desproporcionadamente la superficie de sus alas, pero sólo hasta cierto punto. Le queda el recurso de intentar bajar peso sin perder resistencia; por ejemplo, con huesos huecos. Sin embargo, el tamaño no puede crecer indefinidamente. El ave voladora mayor de la que se tiene noticia fue Pelagornis sandersi, que vivió hace unos 25 millones de años. Tenía el aspecto de un albatros gigante. Su envergadura alar alcanzaba los 7,4 m, y su peso no excedía los 40 kg gracias a que, entre otras cosas, sus huesos eran huecos y había reducido la musculatura hasta el mínimo imprescindible.

 Quetzscale1Fuente: es.wikipedia.org

Los pterosaurios, con otro esquema corporal, alcanzaron dimensiones mayores, aunque no demasiado. Quetzalcoatlus northropi tenía una envergadura alar de 11 m, con un peso estimado de hasta 250 kg. Hay científicos que piensan que era incapaz de volar con esa masa. Estaba en el límite de lo que la naturaleza permite a un animal volador más pesado que el aire.

MothraMothra y Godzilla (fuente: popcultureaddict.com)

Por eso son imposibles las criaturas voladoras como Mothra, otro simpático monstruo japonés colega de Godzilla. En sus distintas versiones, según la Wikipedia, pesa de 15.000 a 25.000 toneladas. Para comparar, el mayor buque de la Armada Española, el Juan Carlos I, desplaza 26.000 toneladas. Pero Mothra tiene las proporciones de una polilla. Por más que la envergadura alar sea de 75 a 250 m, son insuficientes para sustentar tanto peso. Y no digamos si pretendía posarse en el suelo, con esas patitas que parecen alambres… 🙂

En resumen: un animal volador gigante no puede tener las proporciones de uno pequeño. Ha de cambiar su aspecto, pero eso tiene un límite. Para que pudieran existir monstruos como Mothra o Godzilla, habría que rediseñar completamente el cuerpo. O recurrir a la magia. O emplear otros materiales que no fueran músculos, huesos y tendones. O incorporar globos de algún gas más ligero que el aire.

Y para terminar esta serie de entradas veraniegas, en la última dejaremos los gigantes y nos ocuparemos de los enanos. 🙂