Mundos perdidos y tierras huecas (IV)

¿Cómo sería la fuerza de la gravedad en una Tierra hueca al estilo de la saga de Pellucidar? Tan sólo necesitaremos unos conocimientos básicos de Física y Matemáticas, la calculadora y hagamos números. 🙂

Veamos primero cómo afectaría el hecho de que la Tierra fuese hueca a la fuerza de la gravedad que experimentaríamos los habitantes de su superficie exterior. Recordemos la fórmula para calcular la fuerza con que se atraen la Tierra y un objeto cualquiera:

F= G·M·m / d2

G es una constante que pudo ser calculada gracias a Cavendish y la balanza de torsión. M es la masa de la Tierra, m la masa del objeto en cuestión y d la distancia entre ambos. En el caso de que el objeto esté en la superficie de la Tierra, d sería igual al radio del planeta. Por cierto, el radio medio de la Tierra es de 6371 km. Este y otros datos de las características físicas de nuestro mundo pueden consultarse en la Wikipedia.

En las novelas de Pellucidar, Burroughs nos dice que el grosor de la corteza terrestre es exactamente de 500 millas; o sea, unos 805 km. Calcular el volumen que ocupa esta cáscara hueca es sencillo. El volumen de una esfera es:

V= 4·π·r3 / 3

Simplemente, al volumen de la Tierra hay que restar el que ocuparía el hueco central (radio= 6371 – 805 km). Para no cansar al lector con números larguísimos, resumamos: el volumen de esa cáscara es aproximadamente un tercio del de la Tierra.

Si a una esfera maciza le quitamos dos tercios de su volumen, eso tendría que notarse en la fuerza de gravedad. Por lo pronto, los habitantes de la superficie pesaríamos mucho menos (pues el peso es la medida de la fuerza gravitatoria que actúa sobre un objeto). Sin embargo, los partidarios de la Tierra hueca podrían aducir que si la corteza de Pellucidar fuera más densa, eso compensaría.

En efecto, podemos considerar que la masa de un objeto es el producto de su densidad por su volumen. Así, si este último baja a un tercio, pues subamos la densidad al triple y entonces pesaríamos lo mismo que con una Tierra maciza, ¿no?

La densidad de la Tierra ya fue calculada con la balanza de torsión, y es de 5,515 g/cm3. Si la triplicamos, sería de 16,545g/cm3. O sea, más densa que el plomo (11,3 g/cm3) o el mercurio (13,6 g/cm3 ). Más o menos, sería tan densa como el tántalo o tantalio (16,65 g/cm3 ), un metal raro y muy duro. Pero en las novelas se nos dice que el topo mecánico de nuestros héroes sólo atraviesa una corteza de roca y hielo; nada de masas metálicas densas e impenetrables, que hubieran destrozado el taladro. Y la densidad de un medio así es baja. Por ejemplo, la densidad de la corteza continental de nuestro planeta es sólo de 2,7 g/cm3. Si además hay capas de hielo (0,9 g/cm3 ), tal como señala Burroughs, la densidad bajaría aún más.

O sea, tendríamos un volumen de sólo un tercio del terrestre, con una densidad de menos de la mitad… ¿El resultado? Una masa bastante baja, y pesaríamos muy poquito. Pero la realidad es tozuda. 🙂

Eso no desanima a los partidarios de la Tierra hueca. Así, algunos intentan suplir la masa que le faltaría a la Tierra con el sol central que ilumina a Pellucidar. No obstante, en la entrada anterior vimos que un objeto así es imposible. Para generar un sol, aunque sea modesto, haría falta una masa 80 veces superior a la de Júpiter, como mínimo. Pero incluso suponiendo que el sol de Pellucidar fuese un objeto misterioso, originado por procesos desconocidos para la Ciencia, no podría evitar verse afectado por el tirón gravitatorio de nuestra Luna. Empezaría a moverse, a oscilar, a dar tumbos y acabaría chocando una y otra vez con la superficie de Pellucidar, que quedaría hecha una pena.

Bueno, ocupémonos ahora de los moradores de Pellucidar. Supongamos que, gracias a algún milagro, su sol se mantiene ahí, en el centro, y que, contra toda lógica, el interior del planeta no se ha convertido en una abrasadora olla a presión. ¿Qué pasa con la fuerza de la gravedad dentro de una esfera hueca?

Echemos un vistazo a la siguiente imagen, que ya pusimos en la entrada anterior, pues exhibe un error garrafal:

Modelo de Tierra hueca con un sol central (fuente: pellucidarskartaris.blogspot.com.es)

En este dibujo, el centro de gravedad, representado por una línea discontinua, aparece como un plano dispuesto justo hacia la mitad de la corteza terrestre. De ello se deduciría que la atracción gravitatoria se sentiría más o menos igual en el exterior que en el interior de la Tierra. Parece obvio, ¿verdad?

Pues no. El centro de gravedad no es un plano o una capa. ES UN PUNTO. Y en el caso de una esfera hueca, está situado en el centro, precisamente. Entonces, ¿hacia dónde se sentiría el tirón gravitatorio en Pellucidar? Para averiguarlo disponemos de la ley de Gauss. Puede verse una explicación bastante amena en este vídeo:

Todo aquello que no estuviese sujeto al suelo de Pellucidar flotaría ingrávido. O peor aún: dado que hay un sol central, éste atraería a los objetos como una trampa eléctrica a los insectos, y… 🙂

Fuente: ebay

¿Podría la fuerza centrífuga rotación terrestre crear algo parecido a la gravedad? En tal caso variaría desde un máximo en el ecuador hasta nada en los polos. Además, incluso en el ecuador sería muy débil, lo que contradice a lo que pasa en las novelas. Los protagonistas se mueven tranquilamente por Pellucidar, sin sufrir cambios de peso ni tener que agarrarse al suelo para evitar salir volando y morir achicharrados en el sol central.

Qué se le va a hacer… El modelo de la Tierra hueca queda muy novelesco, pero hace aguas por todos lados.  Además, deja sin explicar diversos fenómenos, cosa que sí hace el modelo de la Tierra maciza, con un manto rocoso y un núcleo metálico:

  • ¿Cómo se explican la deriva continental y la tectónica de placas en una Tierra hueca?
  • ¿Y el comportamiento de las ondas generadas tras un terremoto, registradas por los sismógrafos?
  • ¿Y el origen del campo magnético terrestre?
  • ¿El vulcanismo?
  • Etc.

Así pues, ¿no queda algún resquicio que permita defender la existencia de una Tierra hueca? ¿O de una Tierra plana, puestos ya? Lo consideraremos en la próxima entrada, la última de esta serie.

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Mundos perdidos y tierras huecas (III)

Topo mecánico utilizado para acceder a Pellucidar en las primeras novelas de la serie (fuente: http://www.pellucidar.org)

En la serie de Pellucidar, la Tierra es una cáscara hueca. Su corteza tiene 500 millas (unos 800 km) de grosor, y hay océanos y continentes en su cara interna, pletóricos de flora y fauna, como ya vimos. En las dos primeras novelas, la única forma de llegar hasta allí consiste en taladrar la corteza terrestre mediante una especie de topo mecánico. En novelas posteriores se nos dice que hay una abertura polar a través de la cual se puede acceder a Pellucidar.

Modelo de Tierra hueca con un sol central (fuente: pellucidarskartaris.blogspot.com.es)

Pellucidar no es un lugar oscuro, pues en el centro exacto de la Tierra hay un diminuto sol que ilumina a los habitantes de este mundo cóncavo. Sin embargo, el astro permanece fijo en el cielo. Hay un día perpetuo. Como el sol no se mueve, los conceptos de norte y sur, levante y poniente, no existen en Pellucidar. A falta de astros que sirvan para medir el tiempo, la percepción de su transcurso se convierte en algo subjetivo. No se le da importancia. Si prestan atención, los protagonistas podrán deducir cuánto tiempo ha transcurrido según el número de veces que hayan comido o dormido. No obstante, hay ocasiones en las que uno cree que han pasado minutos mientras que para otra gente han transcurrido semanas. Reconozcamos el ingenio de Burroughs: así, la forma de experimentar la vida es muy distinta en Pellucidar.

En esta ilustración de F. Frazetta vemos el pequeño satélite que orbita en torno al sol de Pellucidar (fuente: http://www.pinterest.co.uk)

Bueno, no en todo Pellucidar hay un día perpetuo. En torno al sol orbita una pequeña luna, cuyo periodo de traslación coincide con el de rotación de la Tierra. Eso explicaría fenómenos como el de la nutación, según afirma un protagonista. El caso es que la sombra de esa luna cae siempre sobre el mismo lugar, la Tierra de la Horrible Sombra, sumiéndolo en noche eterna.

Todo esto resulta ideal como escenario para unas novelas de aventuras, pero ¿tiene base científica un sol dentro de nuestro planeta, como algunos postulan? Nos tememos que la respuesta es negativa.

Para que surja un sol se requiere que una gran masa de gas se colapse por la fuerza de la gravedad, y que en su interior se alcancen las condiciones de presión y temperatura necesarias para que se dé la fusión del hidrógeno. Un planeta tan enorme como Júpiter, a cuyo lado la Tierra es un mundo enano, carece de la masa suficiente para convertirse en estrella, ni siquiera en una humilde enana marrón. De hecho, se ha calculado que haría falta una masa equivalente a algo más de 80 planetas como Júpiter para lograr que una estrella se encienda.

Comparación de tamaños entre la Tierra y Júpiter (fuente: el tamiz.com)

Por tanto, nuestro mundo es demasiado pequeñito para que nazca un sol en sus entrañas, a no ser que recurramos a la magia, o a que sea un artefacto construido con una tecnología inconcebiblemente avanzada, o a procesos físicos desconocidos para la Ciencia actual. Y si a ese sol le unimos el pequeño satélite que da vueltas a su alrededor… ¿Cómo podría haberse originado algo así?

En fin, supongamos que, pese a todo, hay un objeto brillante en el centro de la Tierra, contraviniendo todas las leyes físicas conocidas. Ello nos plantea otro problema: ¿podría mantenerse ahí, fijo? Nos tememos que no. Nuestra Luna lo impediría. Más que nada, porque tiene masa, y su atracción gravitatoria (la misma que es responsable de las mareas) haría que el sol de Pellucidar y su pequeño satélite empezaran a dar bandazos, cada vez mayores. Tarde o temprano chocarían contra la corteza terrestre. El interior de nuestro planeta se asemejaría al de un sonajero o unas maracas. Eso, si no reventaba antes por la fuerza de los impactos. En esta página web lo explican bastante bien.

Fuente: agrega.juntadeandalucia.es

Consideremos otro problema más: ¿y el calor?

Ese sol no sólo proporcionaría luz, sino también calor a Pellucidar. Obviamente, el interior de nuestro planeta se calentaría como una olla a presión, achicharrando a todo bicho viviente.

Pese a todo, supongamos que la temperatura no es tan alta como para acabar con la vida. En cualquier caso, en Pellucidar no hace frío, ya que abundan las junglas con vegetación tropical. El aire caliente saldría al exterior a través de la abertura polar, modificando así las corrientes de aire de la atmósfera terrestre. Esto contradice las evidencias de las que disponemos. Los polos son zonas muy frías, de altas presiones. O sea, todo lo contrario…

Y dejamos para el final otro tema interesante: el de la gravedad en una Tierra hueca, tanto para nosotros, que habitamos su superficie exterior, como para los moradores de Pellucidar (si es que no han sido antes aplastados o quemados por el sol y su satélite). Pero eso lo veremos en la próxima entrada. 🙂

Mundos perdidos y tierras huecas (II)

Un inciso: antes de adentrarnos en las complejidades de vivir en una Tierra hueca al estilo de Pellucidar, merece la pena detenerse en la fauna que lo habita. Burroughs se ciñe a unos cuantos clichés de los «mundos perdidos», pero también nos deja varias consideraciones muy interesantes.

Es típico que en los mundos perdidos los autores coloquen un batiburrillo de animales pertenecientes a muy diversos periodos geológicos, separados por cientos de millones de años. Da la impresión de que, tras echar un vistazo a una guía de animales prehistóricos, los escritores eligen los más vistosos y los encasquetan en las novelas, mezclándolos sin orden ni concierto. Pellucidar no podía ser menos (véase este listado). 🙂

Eryops BWEryops, un laberintodonto típico (fuente: en.wikipedia.org)

Así, en Pellucidar nos encontramos con criaturas tan antiguas como un laberintodonto, término que se aplica a unos anfibios y reptiloides primitivos, similares a salamandras gigantes. Los primeros representantes de este grupo polifilético aparecieron hace 365 MA (millones de años), en el Devónico, nada menos.

 Crystal Palace IchthyosaurusAsí se pensaba que era el aspecto de un ictiosaurio a finales del siglo XIX (fuente: es.wikipedia.org)

Los laberintodontos conviven con animales más modernos, mesozoicos. Así, los mares de Pellucidar están dominados por ictiosaurios (245-90 MA) y plesiosaurios (199-65 MA).

 Pteranodon amnh martyniukEsqueleto de Pteranodon (fuente: es.wikipedia.org)

En tierra firme nos encontramos dinosaurios tan icónicos como Diplodocus, del periodo Jurásico (hace unos 150 MA), y sobre ellos vuelan los ejemplares de Pteranodon, del Cretácico superior (hace unos 85 MA). Debemos insistir en que aunque estos reptiles parezcan contemporáneos, entre ellos existe la misma distancia temporal que entre el tiranosaurio y nosotros.

 Madrid MNCN-Megatherium americanum2Este esqueleto de megaterio del Museo de Ciencias Naturales de Madrid fue el primero que se montó de un animal prehistórico (fuente: es.wikipedia.org)

Frente a especies tan antiguas, en Pellucidar hay otras de mamíferos que llegaron a convivir con Homo sapiens: osos y leones de las cavernas, uros e incluso un megaterio. No obstante, tanto mamíferos como anfibios y reptiles tienen algo en común: su mal carácter. En cuanto divisan a un ser humano, se lanzan como locos sobre él a todo correr, profiriendo estremecedores rugidos. De hecho, nada más llegar a Pellucidar, un megaterio se les echa encima a los protagonistas, lo cual tiene su mérito; más que nada, porque se trata de un perezoso gigante que correr, lo que se dice correr, no era su punto fuerte. Más adelante habrá una persecución a cargo de un laberintodonto, algo un poco complicado porque estas criaturas paticortas, con pinta de salamandras gigantes, no eran especialmente ágiles en tierra firme. 🙂

 Hyaenodon Heinrich HarderHyaenodon (fuente: es.wikipedia.org)

Bueno, no todo eran animales hostiles. Algunos humanos domesticaron a los diplodocus como monturas, y el protagonista principal logró hacerse acompañar de un Hyaenodon como si de un perro se tratase. Y hablando de humanos, hay individuos anatómicamente modernos, altos, apuestos y nobles (ay, el mito del buen salvaje…), que comparten mundo con varias especies de humanoides menos inteligentes, más simiescas.

Ejemplar adulto de mahar, la especie inteligente dominante en Pellucidar (fuente: non-aliencreatures.wikia.com)

La especie inteligente dominante en Pellucidar es la de los mahars, unos reptiles alados (también se les da bien nadar) descendientes de Rhamphorhynchus, un pterosaurio volador del Jurásico. Burroughs deja caer que, en caso de que la historia se repitiera, el ser humano no tendría por qué ser necesariamente la especie dominante. Quizá Homo sapiens haya triunfado en nuestro mundo por accidente. En circunstancias distintas, la evolución podría conducir a que otra criatura predominara, tal como ocurre en Pellucidar.

Burroughs parece inclinarse más por el concepto de «contingencia»: las cosas son así, pero podrían haber sido de otro modo. Esto es algo asumido hoy por la comunidad científica, y que Stephen J. Gould argumentó con bastante éxito en su memorable libro La vida maravillosa. Por cierto, Pellucidar no es el único universo de ficción donde los reptiles se convierten en formas dominantes. Recordemos la trilogía del Edén, de Harry Harrison.

Por lo que hoy conocemos del funcionamiento de la evolución, Burroughs se mostró bastante perspicaz. No obstante, la idea de que el ser humano es la «cima» de la evolución estaba y sigue estando muy extendida. Se trata de un concepto más lamarckiano que darwiniano: lo que impulsa a la evolución es una especie de pulsión hacia la complejidad y perfección que representamos nosotros. Ya lo comentamos en otra entrada.

La evolución humana vista como una cadena de progreso lineal (fuente: commons.wikimedia.org)

La imagen anterior es un icono de la evolución humana: una fila de homínidos, desfilando uno tras otro como si fueran a bailar la conga. 🙂 A la izquierda, el más simiesco; a la derecha, un hombre moderno. Es una imagen que sugiere progreso y una evolución lineal, finalista, unidireccional. Sin embargo, el registro fósil, cada vez más abundante, nos muestra que la evolución humana es más como un frondoso arbusto, en el que nosotros, que sepamos, ocupamos la única ramita superviviente.

Para Burroughs, la evolución humana se acerca más a la metáfora del arbusto que a la de la conga.  Si nos ceñimos sólo a las dos primeras novelas de la serie (At the Earth’s Core y Pellucidar), vemos que, aparte de los seres humanos, hay al menos tres especies de homínidos. Tenemos a los hombres simios, bastante primitivos, arborícolas y dotados de colas prensiles. Por otro lado están los sagoths, de aspecto goriloide pero dotados de lenguaje, y que son empleados como sirvientes por los mahars. En cambio, hay unos hombres bestias también inteligentes, con rasgos que recuerdan a los de las ovejas, que practican la agricultura. Desde luego, parecen quedar fuera de la «conga evolutiva». 🙂 En posteriores novelas, más especies humanoides se sumarán a las precedentes, constituyendo un arbusto evolutivo realmente enmarañado.

Batalla entre humanos y sagoths, una de las razas simiescas de Pellucidar (fuente: edgarriceburroughs.blogspot.com.es)

Citamos literalmente a Burroughs:

From the foregoing facts and others that I have noted during my long life within Pellucidar, which is now passing through an age analogous to some pre-glacial age of the outer crust, I am constrained to the belief that evolution is not so much a gradual transition from one form to another as it is an accident of breeding, either by crossing or the hazards of birth. In other words, it is my belief that the first man was a freak of nature–nor would one have to draw overstrongly upon his credulity to be convinced that Gr-gr-gr and his tribe were also freaks.

[De los hechos anteriores y de otros que he notado durante mi larga vida en Pellucidar, que ahora está pasando por una era análoga a algunas eras preglaciares de la corteza exterior, tiendo a creer que la evolución no es tanto una transición gradual de una forma a otra como un accidente de crianza, ya sea por cruzamiento o por los azares del nacimiento. En otras palabras, es mi creencia que el primer hombre fue una anormalidad de la naturaleza –ni tampoco habría que recurrir excesivamente a su credulidad para convencerse de que Gr-gr-gr y su tribu también eran anormalidades.]

Otro acierto de Burroughs es que los mahars consideren a los humanos criaturas no inteligentes, y que ello se deba a la incapacidad de comprender la mente del otro. Los mahars son sordos como tapias, por lo que su comunicación se realiza proyectando sus pensamientos con un sexto sentido a la cuarta dimensión. En serio. : ) En cualquier caso, los mahars son incapaces de captar los sonidos. Por tanto, no pueden concebir la existencia de algo como un lenguaje hablado, capaz de transmitir conocimientos. O sea, piensan que toda criatura inteligente ha de funcionar como ellos.

Interesante y profunda cuestión la que Burroughs nos plantea. ¿Seríamos capaces de reconocer a otra especie inteligente si esta no se ajusta a nuestras expectativas? A lo mejor podríamos tenerla delante de las narices y no darnos cuenta…

En la siguiente entrada, ahora sí, consideraremos lo que supondría vivir en una Tierra hueca, tarea esta bastante complicada para sus habitantes. El paso del tiempo, la fuerza de la gravedad…

Mundos perdidos y tierras huecas (I)

Desde tiempos remotos hemos sentido fascinación y miedo hacia lo que pudiera poblar el interior de nuestro mundo. No en vano, muchas culturas han situado bajo nuestros pies sus respectivos infiernos: Hades, Averno, Sheol… Lugares a los que podía llegarse a través de pozos o cuevas, que eran vistos como bocas prestas a devorar a quienes osaran aventurarse por el inframundo.

Dado que este es un blog interesado tanto en Ciencia como en Literatura fantástica, vamos a ocuparnos de los «mundos perdidos» subterráneos, lugares donde el tiempo y la evolución parecen haberse detenido, y los esforzados protagonistas de los relatos se encontrarán con bestias prehistóricas, hombres primitivos, flora primordial…

'Journey to the Center of the Earth' by Édouard Riou 38Ilustración de la edición original de Viaje al centro de la Tierra, de J. Verne (fuente: es.wikipedia.org)

Probablemente, la novela más famosa al respecto es Viaje al centro de la Tierra (1864), de Julio Verne. Muy popular en su época, todavía hoy se lee con agrado. De ella se han hecho unas cuantas versiones cinematográficas, con mayor o menor fortuna. En ocasiones, el parecido con la obra original es más bien escaso, sacrificado en aras de la acción y la aventura. Quizá se desvirtúa así el propósito del autor. Viaje al centro de la Tierra es una novela donde la Ciencia es la gran protagonista. Geología, Paleontología… Julio Verne logra hacerlas interesantes, que nos apasionen, que nos fascinen. Debo confesar que la lectura de Verne fue una de las causas (la otra la constituyeron los documentales y libros de Félix Rodríguez de la Fuente) que me impulsaron, desde la más tierna infancia, a querer ser biólogo. Y aquí estamos. 🙂

En Viaje al centro de la Tierra, tres expedicionarios (el sabio, su sobrino y el estoico guía) penetran en el interior del planeta a través de la chimenea de un volcán islandés apagado, y acaban por llegar a una inmensa cueva que contiene un mar poblado de criaturas prehistóricas: ictiosaurios, plesiosaurios… En sus orillas encontramos fauna y flora de épocas pretéritas, salvadas de la extinción al haberse refugiado en tan recóndito paraje.

 SnaefellsjökullVolcán Snaefellsjökull, puerta de entrada el mundo subterráneo en Viaje al centro de la Tierra (fuente: en.wikipedia.org)

Cuando escribió la novela, Verne tenía una visión optimista de la Ciencia. En Viaje al centro de la Tierra (y no sólo en esta obra) trata de conjugar la aventura con la divulgación, y lo logra. Casi sin quererlo, el lector acaba por empaparse de las últimas novedades científicas de la segunda mitad del siglo XIX. Para los interesados en la Historia de la Ciencia, eso supone un placer añadido. Téngase en cuenta que Darwin había publicado El origen de las especies tan sólo cinco años antes. Los avances científicos se sucedían sin descanso, y parecían augurar un futuro mejor para la Humanidad. La Ciencia estaba en la calle. Interesaba al gran público.

Verne no fue el único en escribir sobre mundos perdidos, refugio de dinosaurios y demás bestias prehistóricas. Otro autor de éxito que probó suerte con el tema fue Arthur Conan Doyle. Su novela El mundo perdido (1912) rivaliza en popularidad con las de Verne. También ha tenido adaptaciones al cine y la TV las cuales, en ocasiones, son una curiosa mezcla entre Viaje al centro de la Tierra y El mundo perdido. Al director de turno no le preocupaba demasiado respetar la obra de tan venerables autores. Lo importante era que salieran en pantalla dinosaurios, hombres mono, persecuciones, sustos, batallas… 🙂

 Ape man from The Lost WorldFotograma de la adaptación cinematográfica de 1925 de El mundo perdido, de Arthur C. Doyle (fuente: es.wikipedia.org)

En cualquier caso, la acción en El mundo perdido no tiene lugar en el interior de la Tierra, sino en lo alto de un tepuy amazónico, por lo que no nos detendremos en esta interesante novela. Trataremos, en cambio, otra obra popular, quizá no tanto como las anteriores, cuya acción sí transcurre en el corazón de nuestro planeta. Nos referimos a la serie de Pellucidar, escrita por Edgar Rice Burroughs, y que consta de 7 novelas:

 At the Earths Core 1922 Dusk JacketFuente: en.wikipedia.org

  1. At the Earth’s Core (En el corazón de la Tierra, 1914)
  2. Pellucidar (Pellucidar, 1915)
  3. Tanar of Pellucidar (Tanar de Pellucidar, 1929)
  4. Tarzan at the Earth’s Core (Tarzán en el centro de la Tierra, 1929)
  5. Back to the Stone Age (Regreso a la Edad de Piedra, 1937)
  6. Land of Terror (La tierra del terror, 1944)
  7. Savage Pellucidar (Salvaje Pellucidar, 1963)

Las dos primeras podrían considerarse una única obra dividida en dos partes. El último título es una recopilación de cuatro historias más cortas, publicadas a título póstumo. No consideraremos aquí las continuaciones que John Eric Holmes escribió.

Fuente: en.wikipedia.org

Llama la atención que la cuarta novela tenga de protagonista a Tarzán. Sí, ese Tarzán. 🙂 Se trata de lo que hoy llamaríamos un crossover. Burroughs, con buen ojo, pensó que ambientar una de las historias de su personaje más célebre en el universo de Pellucidar podría hacer que más lectores se sintieran atraídos hacia esta última serie.

A lo que íbamos. Pellucidar está situado dentro de nuestro planeta, pero Burroughs diseñó el escenario a lo grande. No se conformó con que fuera una caverna inmensa, al estilo de Julio Verne. No. Aquí la Tierra es un planeta hueco, una cáscara, y Pellucidar ocupa su cara interna.

Una Tierra hueca, que incluso contiene en su centro un pequeño sol con su luna… Además del buen rato que se pasa leyendo estas novelas de aventuras, suponen una excelente excusa para aprender Ciencia, y no sólo por sus aciertos, sino por sus fallos. De eso nos ocuparemos en las siguientes entradas, amigo lector. Y téngase en cuenta otra cosa: hay quienes hoy creen, en serio, que la Tierra está hueca. Como comentamos en entradas anteriores sobre la Tierra plana, hay gente pa’ to’. 🙂