Doble ciego (y II)

Hay experimentos cuyos sujetos de estudio son seres humanos. Por ejemplo, supongamos que queremos averiguar qué marca de cerveza es la preferida en nuestro país. Para ello, primero hemos de elegir una muestra representativa entre la población. Luego, lo más sencillo sería pedir a los individuos que cataran cada cerveza y la puntuaran de 0 (horrible) a 10 (sublime). En este caso, estaríamos hablando de un ensayo o experimento abierto.

Fuente: pixabay.com

Lo malo es que los resultados no serían fiables, pues intervendría, sin duda, el «factor humano». O dicho más finamente, el sesgo del sujeto que participa en el experimento. Consciente o inconscientemente, habría quienes se verían influenciados al conocer la marca de la cerveza. Por ejemplo, alguien podría puntuar bajo a Heineken si no le caen bien los holandeses. O dar una nota ínfima a Cruzcampo por culpa de los chistes que circulan por Internet acerca de esta marca. O puntuar muy alto a Estrella de Levante porque la fábrica está cerca del Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia, y el sujeto en cuestión estudió allí y le evoca buenos recuerdos de su juventud (este podría ser el caso de un servidor de ustedes). O calificar con un 10 a una cerveza artesanal (aunque sepa a rayos) por aquello de dárselas de entendido, o… En fin. 🙂

¿Cómo evitarlo? Podría pensarse que con un experimento simple ciego. O sea, no dejemos que los sujetos experimentales sepan qué marca de cerveza están catando. En tal caso usted, el experimentador, asignaría a cada cerveza un número distinto, y se la ofrecería a los sujetos. «Pruebe y puntúe, por favor, la cerveza nº 1… OK. A continuación, la nº 2…». Así, la marca cervecera no condicionaría las respuestas. Parece que hemos eliminado los problemas que causa el «factor humano», ¿verdad?

Pues no. ¿Han oído hablar del caso de Hans el Listo?

 Hans am TretbrettHans, el caballo matemático (fuente: es.wikipedia.org)

A principios del siglo XX un caballo (sí, un caballo) alemán llamado Hans era capaz, o así parecía, de realizar operaciones matemáticas sencillas, como sumar o multiplicar. Si se le pedía que calculara, por ejemplo, el resultado de 2 + 3, Hans daba 5 patadas en el suelo, para asombro general. El equino se convirtió en todo un espectáculo y, por supuesto, llamó la atención de los científicos. ¿En verdad un caballo poseía habilidades matemáticas? ¿O se trataba de un engaño?

Pues ni una cosa ni la otra. En realidad, el caso de Hans el Listo supuso un antes y un después a la hora de diseñar experimentos.

Los científicos descubrieron que Hans no era un genio matemático. Simplemente, podía leer el lenguaje corporal humano, igual que otros animales domésticos. Cuando se le pedía que sumara 2 + 3, él empezaba a patear el suelo. Conforme se acercaba al resultado correcto, quienes lo rodeaban se iban poniendo en tensión sin darse cuenta, pero el animal lo captaba. Y al dar la 5ª patada, Hans, muy pendiente de la actitud del público, sabía que debía pararse ahí.

Hans trinkt BierHans y su dueño, el profesor de Matemáticas Wilhelm von Osten (fuente: es.wikipedia.org)

Cuando los experimentadores evitaban que Hans pudiera ver a su adiestrador o al público, el pobre fallaba y se enfadaba. Más de un sabio se llevó un buen mordisco del frustrado caballo. La conclusión era obvia: podía existir un sesgo del experimentador, el cual, sin saberlo, podía contaminar el resultado del experimento. Daba pistas inconscientes a otros, animales o seres humanos, capaces de leer (a sabiendas o no) el lenguaje corporal.

Trasladémoslo a nuestro ejemplo cervecero. Supongamos que usted, el experimentador, planifica un experimento simple ciego. Le asigna un número a cada cerveza, pero usted es un ser humano que, como todos, tiene sus manías y prejuicios. Por ejemplo, sabe que la cerveza con el nº 2 es una marca blanca de hipermercado, barata ella, mientras que la nº 5 es una cerveza belga de las caras. Sería divertido que los participantes en el experimento opinaran que la nº 2 es una maravilla y la nº 5 una birria, ¿verdad? Pues aunque usted no lo pretenda, su lenguaje corporal, su actitud, puede traicionar sus pensamientos. Y hay personas capaces de leer, siquiera de forma inconsciente, ese lenguaje corporal. Y quizás eso influirá en su respuesta.

Sí, los seres humanos fallamos. Metemos la pata. Nos solemos guiar por las emociones. Damos pistas sin querer. Por eso se propuso el ensayo doble ciego. La idea es de una maravillosa simplicidad: las personas que diseñan el experimento y las que lo ejecutan son distintas y no se comunican entre ellas. Y ya está.

Fuente: pixabay.com

Volvamos a la cerveza. Usted asigna a cada marca un número, guarda esa información en un sobre cerrado y se retira del escenario. A continuación, otra persona dará la cerveza a los sujetos e interactuará con ellos. Esta persona no tiene ni idea de a qué marca corresponde cada número. Por tanto, no se le podrá escapar información sin querer.

Ah, por cierto: existen los ensayos en triple ciego. En este caso, los que tratan estadísticamente los datos de los experimentos son distintos a sus diseñadores o a los que interactúan con los sujetos. Lo dicho: los científicos saben que somos propensos a errar; por tanto, toda precaución es poca. Sobre todo, si se trata de ensayos sobre tratamientos médicos, para evitar el efecto placebo.

Se han hecho ensayos en doble ciego con gente que afirmaba poseer poderes paranormales. Por ejemplo, la capacidad de detectar agua subterránea o metales con una varita o similar. En este caso, los diseñadores del experimento acotaban una parcela de terreno y en ella enterraban diversas tuberías por las que fluía el agua, anotando cuidadosamente por dónde iba cada una. Luego, quienes interactuaban con los zahoríes no sabían por qué tuberías circulaba el agua; por tanto, no podían influir en los zahoríes. Ninguno de los cuales, por cierto, obtuvo unos resultados mejores que los atribuibles al simple azar. Véase:

En suma: un doble ciego bien diseñado ofrece garantías de fiabilidad y evita los sesgos por parte de experimentadores y sujetos de estudio. Si los defensores de lo paranormal logran superarlos, los científicos no tendrán problemas en aceptarlo. Todo lo contrario: sería fantástico, pues abriría nuevos y maravillosos campos de estudio.

Seguimos esperando. Y no, no valen excusas de que hay malas vibraciones o el ambiente es hostil. Si se quiere reconocimiento científico, hay que aceptar las reglas del juego. 🙂

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Doble ciego (I)

Hay personas que afirman poseer poderes o habilidades que podríamos llamar «paranormales»: videntes, zahoríes, espiritistas, cirujanos psíquicos, etc. No es raro que despotriquen contra la «Ciencia oficial» porque esta no les hace caso, tal vez por miedo a los asombrosos descubrimientos que, según ellas, podrían poner patas arriba nuestra visión del mundo.

NOTA: todas las imágenes de esta entrada (libres de derechos) proceden de pixabay.com

Eso sí, cuando los científicos se toman en serio estos temas y los someten a experimentos controlados y bien diseñados, las habilidades paranormales tienden a fallar o no se manifiestan. En tal caso, los adeptos a las pseudociencias se quejan de que el ambiente es hostil, que hay malas vibraciones… Pero que conste que lo suyo funciona, ¿eh? 🙂

Puede ser interesante reflexionar sobre cómo se realizan los experimentos científicos. Ello nos ayudará a comprender por qué las pseudociencias fracasan.

En contra de lo que muchos piensan, el poder de la Ciencia radica en su humildad. Los científicos somos conscientes de que nos equivocamos, que nuestra razón es falible, que tendemos a engañarnos a nosotros mismos, que deseamos que las pruebas validen nuestras creencias. Y, por supuesto, que también hay estafadores al acecho. Por eso existe el método científico. Puede variar, según la disciplina de que se trate, pero en esencia busca minimizar los fallos, controlar las variables dentro de lo posible, y que los experimentos puedan ser reproducidos. Para ello, por supuesto, hay que publicar la metodología utilizada (el inevitable apartado de «Material y métodos» de los artículos científicos), como ya comentamos en otras entradas del blog.

Intentar diseñar experimentos para evaluar los presuntos poderes paranormales es complicado, pero puede hacerse. No obstante, los científicos parten con desventaja: la naturaleza no juega sucio. En cambio, cuando se trabaja con personas, lo mismo puedes encontrarte con gente que actúe de buena fe que con timadores. Por supuesto, hay modos de cazar a los mentirosos, pero muchos científicos no están entrenados para ello. De hecho, no les cabe en la cabeza que alguien intente engañarlos así, a sangre fría.

Los embaucadores suelen emplear trucos de ilusionismo y mentalismo para simular habilidades paranormales. Por tanto, es aconsejable que los científicos busquen el consejo de los magos profesionales. Estos se dedican a ilusionar a la gente. Cuando asistimos a un espectáculo de magia, ya sabemos que el mago no tiene poderes sobrenaturales. Somos conscientes de que nos va a engañar honradamente, y que disfrutaremos con su habilidad para hacerlo. De eso se trata. 🙂

A muchos magos les indigna que haya individuos sin escrúpulos que usen sus trucos para ganar dinero a costa de la angustia o el dolor del prójimo. Por ejemplo, fingiendo la capacidad de contactar con los espíritus de personas queridas. Por eso, un equipo de científicos y magos puede diseñar un protocolo experimental capaz de discriminar los estafadores y quienes realmente exhiban poderes paranormales.

Antes de seguir, debe quedar bien claro lo siguiente: no todos los que afirman poseer habilidades paranormales son embaucadores. Hay gente que actúa de buena fe, que cree sinceramente en lo que hace. Muchos desean de corazón ayudar a sus semejantes. Y quién sabe, puede que haya quien realmente tenga poderes. Por desgracia, nadie ha superado todavía los experimentos en condiciones controladas. Nadie. Y eso que incluso se han llegado a proponer jugosos premios para quienes demuestren sin ningún género de dudas que poseen habilidades paranormales. Véase, por ejemplo, el desafío del millón de dólares del mago y notorio escéptico James Randi.

Una pena. Sería maravilloso que alguien pudiera demostrar de modo fehaciente que es capaz de predecir el futuro, curar un cáncer por imposición de manos, mover objetos con el poder de la mente, leer el pensamiento o adivinar, sin verla, qué carta hemos sacado de una baraja. Eso abriría nuevos campos a la Ciencia, podría contribuir al bienestar de la Humanidad…

Pero hay que demostrarlo. Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinaras. Y mientras, seguimos esperando. 🙂

Recapitulemos. De lo anterior se deduce que hemos de ser muy, pero que muy cuidadosos con el «factor humano» a la hora de diseñar un experimento. En la segunda (y última) parte de esta entrada trataremos de explicar cómo se procede en estos casos, y qué es eso del «doble ciego» que aparece en el título.

Críptidos y no tan críptidos

La Criptozoología es una pseudociencia que trata de hallar animales (los «críptidos») cuya existencia no ha sido probada. Los críptidos son muy diversos, e incluyen desde presuntos representantes vivos de especies extintas hasta criaturas que aparecen en las leyendas populares.

Estatua de Bigfoot (fuente: es.wikipedia.org)

La Criptozoología no es una disciplina científica. Este rechazo no se debe a una supuesta estrechez de miras de los obtusos «científicos oficiales» (término que emplean los pseudocientíficos para referirse a nosotros, y que siempre me he preguntado qué significa). Tampoco a lo peculiar de su objeto de estudio, los animales desconocidos para la Ciencia. Por supuesto que existen animales (y plantas, y hongos…) que aún no han sido descritos y que aguardan a que los descubramos. Por desgracia, el deterioro que padece nuestro planeta por culpa de la sobrepesca, la contaminación o la destrucción de hábitats hará que muchas de estas especies se extingan de verdad antes de que lleguemos a encontrarlas.

Disculpa la digresión, amigo lector. Volvamos a la Criptozoología. Si se considera una pseudociencia es por su metodología, carente de rigor. Se fundamenta mayormente en la anécdota, en avistamientos más o menos fiables, pero no en pruebas sólidas. En cambio, la Ciencia se basa en un método riguroso, exigente. La Criptozoología no lo cumple ni de lejos.

Y que nadie venga con la monserga de los científicos de mentes estrechas que se niegan a admitir la existencia de lo maravilloso y bla, bla, bla. Eso es mentira. Los científicos estamos deseando hacer nuevos descubrimientos. Hallar una especie nueva nos entusiasma. Creo que en alguna entrada hemos comentado el ejemplo de los denisovanos. La existencia de una nueva especie humana, que llegó a convivir con nuestros antepasados e incluso se cruzó con ellos, fue deducida a partir de unos huesos diminutos, que caben en una caja de cerillas. Eso sí, de ellos se pudo extraer ADN, secuenciarlo y compararlo con el nuestro y el de los neandertales. Era una prueba tan sólida que todos la admitieron.

En otras entradas (1, 2, 3, 4 y 5) vimos por qué los zoólogos no acaban de creerse la existencia del yeti y similares. ¿Podrían existir? Pues sí, pero de momento ninguna prueba sólida lo avala. La mayor parte de avistamientos parecen corresponder a osos, y en cuanto al ADN de las muestras de yetis o de bigfoot, resulta ser de osos, perros, mapaches, bisontes, tapires…

Loch Ness monster viewsSilueta de algunos avistamientos de Nessie (fuente: es.wikipedia.org)

En cuanto a Nessie, un supuesto plesiosaurio que ha llegado hasta nuestros días en un lago escocés, tampoco hay pruebas de su existencia que resistan un análisis detallado. Además, resulta difícil creer que en un lago del tamaño del Ness haya peces suficientes para mantener con vida a una población de plesiosaurios, con lo grandes que son esos reptiles…

No obstante, los criptozoólogos no cejan en su empeño, y a veces recurren a trampas más o menos ingeniosas para tratar de convencer a los escépticos. Veamos una de ellas. Me la señaló un amigo y colega, el catedrático Juan F. Mota, zorro viejo en esto de enseñar a nuestros alumnos las diferencias entre Ciencia y pseudociencia. He aquí el libro:

¿Dónde está la trampa?

Fijémonos en algunos de los críptidos que aparecen en la portada. Tenemos los clásicos: el yeti, Nessie… Y un mamífero que parece el cruce entre un perro y un tigre. ¿Qué es?

Se trata del tilacino o lobo de Tasmania (Thylacinus cynocephalus). Es un marsupial como los canguros, aunque su dieta es carnívora. Uno de sus parientes vivos más cercanos es el demonio de Tasmania (Sarcophilus harrisii).

Poco hay de misterioso en el tilacino. Lamentablemente, al igual que otros grandes animales, fue cazado hasta la extinción. El último ejemplar conocido murió en un zoo en 1936. Hay vídeos en YouTube sobre él. De vez en cuando se informa de algún avistamiento en Tasmania de un tilacino, aunque sin pruebas concluyentes de que sigan vivos. Ojalá quede alguna población relicta, y podamos recuperar este magnífico animal.

Pero esto nos lleva a la portada del libro. El truco está en meter en el mismo saco al yeti, Nessie y el tilacino. Se trata de provocar una asociación de ideas en la cabeza del lector: «Hay gente que afirma haber visto ejemplares de esas tres especies. Y puesto que nadie duda de que el tilacino haya existido, los otros dos pueden existir también, ¿no?».

Pues no. El tilacino sí existió. No es un «animal imposible», como dice la portada del libro. El yeti y Nessie, en cambio, no pasan de hipotéticos. No es lo mismo. Pero los criptozoólogos ahí lo dejan, y si cuela…

El astrólogo que perdió la gracia del cielo (y V)

Hemos visto que las presuntas predicciones de la Astrología abundan en contradicciones, vaguedades, etc. Los propios astrólogos lo reconocen sin pudor, curándose en salud. Citamos textualmente las conclusiones de una de esas cartas astrales. Merece la pena leerlas detenidamente:

La Carta Astral es un extenso y detallado documento que nos va descubriendo las facetas más importantes de nuestra vida, dándonos toques acerca de nuestra personalidad y también de nuestro destino. La repetición de un mismo factor psicológico o tendencia de destino en diferentes puntos de la interpretación es un síntoma inequívoco de que dicho factor tendrá más posibilidades de manifestarse con fuerza en la vida. La contradicción de diferentes factores psicológicos o tendencias de destino a lo largo de la interpretación es un síntoma de dualidad. Por un lado unas energías planetarias indican una cosa, mientras por otro lado otras energías planetarias indican tendencias contrarias. La resolución a este conflicto (muy común en muchas Cartas Natales) lo determinará nuestra propia evolución psicológica y espiritual, o, dicho en otras palabras, nuestra madurez ante la vida, pues muchas veces a lo largo de la existencia se nos brindan diferentes caminos a elegir, y mientras unas personas se pasan toda la vida dudando, otras saben escoger la opción correcta. Hay que advertir finalmente que por encima de los influjos astrológicos, señalados en la interpretación de la Carta Astral, se sitúa siempre un factor muy importante: el poder de la voluntad del hombre, el cual puede, por su propio esfuerzo, entrar en la dirección recta y corregir, en gran medida, las limitaciones o dificultades señaladas por los aspectos estelares. “Los astros inclinan, pero no obligan”, dice un antiguo aforismo astrológico. Otro, igual de certero, nos advierte: “El sabio gobierna las estrellas, el necio las obedece”. Espero que todo lo que en esta Carta Astral se ha indicado te sirva de provecho y utilidad a lo largo de toda tu vida. Con ese ánimo ha sido realizado.

O sea: a la hora de interpretar los resultados de un horóscopo, las contradicciones no importan y, aunque los astros indiquen una cosa, el individuo puede hacer la contraria. Así nunca se equivocan… 🙂

En Ciencia, cualquier hipótesis debe poder ser validada o refutada. ¿Puede hacerse lo mismo con la Astrología? Pues sí. De hecho, se han realizado experimentos  serios y rigurosos para evaluar la capacidad predictiva de la Astrología: ¿está más cerca de la Ciencia que de las pseudociencias?

El experimento más famoso es el de S. Carlson, publicado en 1985. Aquí hay un enlace al artículo original (en inglés). Puede resultar algo árido para los no expertos en Estadística, pero tiene la garantía de haber sido publicado por la revista Nature, cuyos revisores tienen fama de estrictos. En entradas anteriores ya comentamos lo exigente que puede llegar a ser publicar en una revista de prestigio. 🙂

Fuente: Science and Ink

Carlson procuró por todos los medios ser justo, tanto con los científicos que critican a la Astrología como con los astrólogos que critican a los científicos. Partió de la tesis fundamental de la astrología natal, que es la siguiente (cita textual, traducida):

Las posiciones de los “planetas” (todos los planetas, el Sol y la Luna, más otros objetos definidos por los astrólogos) en el momento del nacimiento pueden usarse para determinar los rasgos y tendencias generales de personalidad del sujeto en cuanto a temperamento y comportamiento, y para indicar los principales problemas que el sujeto puede encontrarse.

¿Es válida esa hipótesis? Carlson se propuso averiguarlo. Como buen artículo científico, hay un capítulo en el que se detalla exhaustivamente el diseño experimental. Realmente, todo estaba a favor de los astrólogos, si estos fueran realmente capaces de predecir cosas. Más aún: los astrólogos consultados estuvieron plenamente de acuerdo con la metodología del experimento. No podían quejarse. 🙂

Grosso modo, se planteó un experimento en dos partes. En la primera, unos voluntarios debían elegir la que pensaban sería su carta natal de entre tres: dicha carta natal, elaborada por astrólogos de prestigio, con otras dos al azar, y debían darle una puntuación según pensaran que acertaba más o no. En la segunda parte, eran los astrólogos quienes debían elegir. Se les daba una carta astral y tres perfiles psicológicos obtenidos con el test CPI (California Personality Inventory). Uno de ellos correspondía al individuo del que se había hecho la carta astral. Los otros dos, no. Por supuesto, se tomaron todas las precauciones para evitar sesgos, según el método de doble ciego.

Y ahí están los resultados… Merece la pena traducir uno de los párrafos del apartado de conclusiones. Resulta demoledor para los supuestos astrológicos:

Ahora estamos en disposición de argumentar un caso sorprendentemente sólido contra la astrología natal, tal como la practican los astrólogos de renombre. Se hicieron grandes esfuerzos para asegurar que el experimento fuera imparcial y que la astrología tuviera una oportunidad razonable de éxito. A pesar de que trabajamos con algunos de los mejores astrólogos del país, recomendados por los astrólogos asesores por su experiencia en astrología y su habilidad para usar el CPI, a pesar de que todas las sugerencias razonables hechas por los astrólogos asesores fueron incluidas en el experimento, a pesar de que los astrólogos aprobaron el diseño y predijeron un 50% como el efecto “mínimo” que esperaban ver, la astrología no funcionó a un nivel mejor que el azar. Examinadas usando métodos de doble ciego, las predicciones de los astrólogos resultaron ser erróneas. Su conexión predicha entre la posición de los planetas y otros objetos astronómicos en el momento del nacimiento y las personalidades de los sujetos de prueba no existió. El experimento refuta claramente la hipótesis astrológica.

Hay más experimentos similares publicados, que no reproduciremos aquí para no cansarte, amigo lector. Si estás interesado, puedes echar un vistazo a esta página de STAR TRES.

Todos concluyen lo mismo: la Astrología carece de validez. Además, los astrólogos tampoco nos explican cómo los astros influyen en nosotros. Hablan de extrañas energías y entelequias, pero nada que se pueda estudiar, examinar o medir con una mínima fiabilidad.

Teniendo esto en cuenta, así como lo ya comentado en las entradas anteriores, ¿por qué tanta gente cree en la Astrología? Una explicación puede estar en el efecto Forer o efecto Barnum. Resulta muy sencillo de entender. Citando de la Wikipedia:

es la observación de que los individuos dan altos índices de acierto a descripciones de su personalidad que supuestamente se adaptan específicamente para ellos, pero en realidad son vagos y lo suficientemente generales como para aplicarse a una amplia gama de personas.

El psicólogo B. R. Forer (1948) les entregó a sus estudiantes un supuesto test de personalidad. Les dijo que había sido elaborado específicamente para cada uno de ellos, y les pidió que lo evaluaran según su nivel de acierto. En realidad les pasó a todos el mismo test, una sarta de vaguedades producto de «copiar y pegar» de distintos horóscopos. Y pese a eso, los estudiantes le dieron una puntuación de 4,2 sobre 5. O sea, pensaban que se ajustaba a sus personalidades…

Vemos cosas y patrones donde no los hay. Por eso se da el efecto Forer. Y si examinamos las cartas astrales de la pasada entrada, con sus contradicciones e imprecisiones, son un ejemplo palmario de este efecto.

Terminemos ya, amigo lector. A todos, más o menos, nos preocupa o angustia el futuro, y lo que este podrá depararnos. También nos gustaría que nos aconsejaran lo que hacer, o que nos consolaran diciendo que nuestros fallos y problemas no son culpa nuestra, sino de los planetas. La Astrología puede hacer que nos sintamos mejor, igual que un ansiolítico o el alcohol. Pero en el fondo, no soluciona nada. Suele dar mejor resultado enfrentarse a los problemas que esquivarlos.

Feliz verano, amigo lector (si vives en el Hemisferio Norte; si estás en el Sur, que el invierno te sea leve). 🙂

El astrólogo que perdió la gracia del cielo (IV)

Bueno, combatamos la astenia veraniega con una nueva entrega astrológica. 🙂

En la entrada anterior vimos que los horóscopos que aparecen en la prensa son… en fin, «manifiestamente mejorables». En cambio, según afirman los defensores de la Astrología, las cartas astrales son cosa seria.

En Internet hay muchos sitios donde podemos obtener gratis una carta astral. Para ello debemos rellenar un formulario con nuestro nombre; el día, mes y año de nacimiento; la hora y el minuto, a ser posible; y el lugar de nacimiento. Así, pedí una carta astral en cuatro sitios web distintos, enviando EXACTAMENTE LOS MISMOS DATOS en cada caso. Fue lo más parecido que se me ocurrió respecto al espíritu científico de poder reproducir un experimento. 🙂

En vez de una persona real, diseñé una identidad ficticia. Sin entrar en detalles: sexo femenino, nacida en 1980 en una ciudad española. Todos los datos, desde el nombre hasta el minuto de nacimiento, fueron idénticos para cada sitio web. Confieso que sentía bastante curiosidad, pues era la primera vez que solicitaba una carta astral. ¿Sería un proceso complicado? ¿Coincidirían los resultados? Estos fueron los sitios elegidos:

https://www.losarcanos.com/carta-astral.php

https://carta-natal.es/carta.php

https://grupovenus.com/info.asp

http://www.webgranada.com/HoroscopoNatal.asp

Y he aquí las cartas astrales:

La primera sorpresa que me llevé fue comprobar que obtenía la carta astral (y en 3 de los 4 casos estudiados, un completo informe interpretándola) en apenas un segundo. Caray, qué rapidez. Resulta obvio que algún programa informático se ocupa de los cálculos, sin intervención humana. Dado que para los astrólogos los cuerpos celestes se mueven en un firmamento geocéntrico como piezas de un mecanismo de relojería, es relativamente fácil diseñar un programa que determine su posición en un momento dado, y permita realizar bonitas tablas y gráficas a todo color.

Desde luego,  impresionan, con tantos símbolos, números y colorines. Como las Matemáticas son el lenguaje de la Ciencia, si pones muchos números en un documento, la gente tenderá a pensar que es un profundo trabajo científico. Más o menos, como si colocas una escoba y una papelera en medio de un museo de arte moderno; muchos creerán que se trata de una obra de arte. Pero ¿lo es? 🙂

Si estudiamos la información mostrada en las cartas astrales, llegaremos a la conclusión de que los resultados posibles, si bien muy numerosos, no son infinitos. Los «planetas» (recordemos que los astrólogos incluyen aquí no solo a los planetas propiamente dichos, sino al Sol, la Luna e incluso algún que otro planeta enano) se mueven por una estrecha banda del cielo, y las posibles combinaciones entre sus distintas posiciones son limitadas. Así, el programa informático hace cálculos, bucea en una base de datos donde están las interpretaciones y se limita a escoger las que estima oportunas. Todo en unos pocos segundos.

Eso, en mi modesta opinión, no es Ciancia. Más bien parece una ruleta mediante la cual obtenemos unos números para buscar en un catálogo.

Al menos, parece que todos los sitios astrológicos usan unas bases de datos de interpretaciones similares. Por curiosidad, veamos qué nos dicen 3 de los sitios web acerca de nuestra personalidad ficticia según su ascendente (Tauro, en este caso):

Sólido, conservador, perseverante y estricto. Lento pero seguro, no te gusta precipitarte en las cosas, a veces obstinado, sensual, aborrece los conflictos emocionales. Precisa enfrentar la vida con lentitud, firmeza. Otorga demasiada importancia a los bienes materiales, éstos le ofrecen seguridad a tu persona, por eso se aferra al trabajo. Necesita tranquilidad y comodidad en su hogar que le permitan organizar su seguridad material y asegurar su vejez. Sabe defender muy bien lo que consiguió y también aumentarlo con el tiempo. Acepta con paciencia las circunstancias pero constantemente elabora planes prudentes para alcanzar sus objetivos. Goza con los placeres terrenales, amante de la belleza y de las artes. Ofrece a su pareja una estabilidad y seguridad tal, que ésta se sentirá una persona privilegiada. Su amor es muy intenso y, una vez encuentra su pareja ideal, puede dedicar el resto de sus días a la tarea de amarla. Su familia es la relación más importante que conservará en su vida. El respeto por sus mayores y el amor por las tradiciones, son sus grandes cualidades. La creación de su propia familia y el bienestar de la misma, es su objetivo en la vida. Alimentarse, descansar y la función sexual forman parte de la reposición o regeneración de sus sentidos.

Los demás te ven como una persona tranquila, agradable, dulce y atractiva. Te mueves de una manera lenta y con propio ritmo. No te gustan los apuros ni las situaciones incómodas o tensas, sino por el contrario, buscas rodearte de personas y situaciones que te brinden estabilidad y armonía.

Eres muy perseverante con tus objetivos y tienes una visión realista del mundo material. Te interesa lograr un buen nivel de vida y llegarás a gastar tu dinero en comodidades o lujos. Eres trabajadora, constante y leal; en el trabajo muestras tu habilidad artística, buen gusto y sentido estético. Te sentirás muy bien en los lugares abiertos, donde puedas estar en contacto directo con la naturaleza.

La profesión que elijas deberá fomentar tu deseo de encontrar armonía, estabilidad económica, y posibilidades de expresión creativa o artística; deberás evitar trabajar bajo presión o apuro.

Necesitas afrontar la vida con lentitud y constancia. Para realizar bien tu trabajo, debes planificar, estructurar y trabajar sistemáticamente para alcanzar tus objetivos. La rapidez no es una de tus cualidades, no te gusta precipitarte en las cosas. Necesitas seguridad y por ello a veces te aferras a tu trabajo, aunque éste no te dé la satisfacción que en un principio buscabas. Ahora bien, puede que no te dé satisfacción pero si dará dinero, si no tienes el suficiente te costará mucho esfuerzo pero dejarás ese empleo para buscar otro. Te muestras muy trabajador, te gustan los placeres terrenales y sabes que nadie te va a regalar nada, así que poco a poco y con constancia pretendes conseguir todo aquello que te haga sentir bien.

Dejando aparte una cierta coincidencia (con matices) entre los 3 informes, hay algo que llama poderosamente la atención, y que se repite no sólo en el ascendente, sino en planetas, casas aspectos y demás: la vaguedad. Las presuntas predicciones y afirmaciones sobre la personalidad suelen ser imprecisas. Pueden aplicarse a un montón de gente, y en muchas ocasiones cualquiera puede verse reflejado en ellas. Que a veces uno debe aferrarse al trabajo que tiene aunque no le guste, que es bueno no trabajar bajo presión, que nos gusta un ambiente estable… ¿Y a quién no? 🙂

Rebuscando en las interpretaciones de estas cartas astrales encontramos obviedades como estas pocas que aquí reproducimos (hay muchísimas más que omitimos para no cansarte, amigo lector):

Toda relación que entable debe estar basada en la honestidad mutua o será víctima o victimario, aun sin querer.

Debe evitar la automedicación y tome todas las precauciones en este sentido.

Falta de confianza en sus capacidades que eventualmente será reemplazada por seguridad en sí mismo a medida que se conozca a sí mismo.

Neptuno en esta Casa revela una tendencia a idealizar a su compañero corriendo el riesgo de desilusionarse después. […] Deberá ser más desconfiado o cuidadoso pues aparecerán personas sin escrúpulos que pretenderán comenzar una amistad simplemente para servirse de su aptitud y sus ideas creativas. Es un ser sensible y bondadoso, siempre dispuesto a ayudar al prójimo.

Independientemente de la carrera que escojas, necesitas y deseas una situación laboral armoniosa, en la que hagas un trabajo que para ti sea valioso, en compañía de gente que te guste.

Educado y dócil en el lugar del trabajo, vuelves, entonces, a casa ávido de pelea. Pero la agresión también se puede desplazar de otras maneras: sacando las malas hierbas en el jardín, cortando leña o, simplemente, cayéndose por las escaleras. La tarea consiste en hacerte consciente de estas tendencias, analizarlas y dirigirlas a fines constructivas. Al principio, este emplazamiento puede manifestarse como intensa rabia, como una erupción volcánica que se vuelca por todas partes, sorprendiendo tanto al que la produce como al que se encuentra próximo. Sin embargo, una vez que sabes dominar esos impulsos, es probable que termines por ser más hábil y elegante en la expresión de todo lo que sucede en tu interior, tanto en los aspectos malos como en los buenos.

Te gusta vivir en una casa grande y puede que en algún momento residas en el extranjero.

Generalidades, obviedades…  Siempre hay alguna frase con la que uno puede sentirse identificado. Con la que cualquiera podría sentirse identificado, en realidad. Y como muestra de imprecisión, en las cartas astrales abundan los «es posible», «puede que»

Asimismo, es frecuente encontrarnos con contradicciones en una misma carta astral. Para no cansarte, amigo  lector, baste un ejemplo::

Es una persona muy sociable y amable; languidece muy rápidamente sin la compañía de sus mejores amigos y de la gente con la cual comparte buenos momentos. Disfruta ampliamente el trabajar con otros en proyectos de grupo o actividades comunitarias. Se siente muy feliz cuando es parte de un club, grupo de apoyo o equipo de alguna clase.

Usted es seria y le resulta difícil disfrutar de manera despreocupada, abierta y juguetona con los demás. Rara vez hace nada por el placer de hacerlo, y puede ser muy tacaña y parsimoniosa. Quizás por pasadas experiencias en su vida, es muy cautelosa al intimar con las personas y en compartir sus sentimientos.

¿En qué quedamos? 🙂

Entonces, si trabajamos con vaguedades y contradicciones, ¿por qué tanta gente piensa que los horóscopos se ajustan como un guante a su personalidad, y creen en ellos a pies juntillas? Intentaremos explicarlo en la última entrada de esta serie.

El astrólogo que perdió la gracia del cielo (III)

Cuando escribes un artículo científico, uno de los apartados básicos es «Material y métodos». En él debes detallar con pelos y señales cómo has realizado el trabajo, para que cualquier otro investigador pueda reproducirlo y comprobar si es cierto lo que afirmas en el apartado de «Resultados». Así es la Ciencia: todo experimento, hipótesis o teoría debe dejar una puerta abierta para que otros comprueben su veracidad. No importa el prestigio del científico: sus afirmaciones pueden ser tumbadas. Así ha sido, y así será. En realidad la Ciencia es profundamente democrática, y por eso progresa.

Las pseudociencias se quejan de que no las tomamos en serio. Claro, para ello hay que adoptar una metodología rigurosa, y ahí es donde fallan lastimosamente.

Volvamos al tema que nos ocupa en esta serie de entradas: la Astrología. Haremos el equivalente a la repetición de un experimento, con el fin de comprobar si obtenemos resultados similares. Para ello, consultaremos horóscopos en distintas publicaciones. Puestos a elegir un signo cualquiera del zodiaco, he optado por el mío, Sagitario. La fecha es: domingo, 10 de junio de 2018. ¿Qué me deparará el Destino para este día? Si la Astrología es cosa seria, las predicciones de los distintos horóscopos diarios deberían coincidir, ¿no?

NOTA: Salvo que se indique lo contrario, las imágenes de esta entrada proceden de pixabay.com, de dominio público (CC0 Creative Commons).

Pues manos a la obra. Me pongo delante del ordenador y empiezo con la prensa del corazón. En concreto, la revista ¡Hola! Esto es lo que nos aguarda hoy a los Sagitarios:

En la línea argumental de muchas películas, el personaje principal no tiene suerte: el amor está fuera de su alcance y sus logros se desvanecen. Pero sabemos que hay un momento decisivo a la vuelta de la esquina. Tu vida no es una adaptación para la gran pantalla y una victoria imprevista no siempre viene precedida por la frustración. Pero la Luna Nueva es como un giro en la trama, que te impulsa a entrar en el próximo acto con la sensación de que todo es posible. Tu guionista celestial te está permitiendo improvisar, pero también te está dirigiendo para que, esta semana, saques a relucir el factor bienestar.

Caray, más que un horóscopo parece el discurso de un mal político: habla mucho y dice poco. Vacuidades, más bien. Tampoco me queda muy claro lo del amor. En fin, sigamos con la revista Semana:

Amor

Podrías discutir con tu pareja por una tontería y luego hacer las paces.

Salud

Tu optimismo repercutirá positivamente en tu estado físico, te sentirás bien.

Dinero

No abuses de las tarjetas de crédito, luego hay que pagarlas, sé prudente.

En este caso, más que generalidades son perogrulladas. Según definición del D.R.A.E. una perogrullada es «una verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla». Eso sí, reconozco que la profunda enseñanza sobre las tarjetas de crédito me ha llegado al alma… 🙂

A continuación paso a los diarios madrileños. Por ejemplo, el ABC:

Aprovechar la energía de los astros para encarar algunos asuntos pendientes en el trabajo relacionados con el dinero, le dará a Sagitario la confianza y fuerza necesaria para planear nuevas alternativas que mejoren su calidad de vida profesional, por ello será conveniente que Sagitario no pierda de vista sus objetivos porque es lo que le mantendrá en el camino del éxito los próximos meses. Sagitario tendrá hoy un conversación importante con alguien cercano que le aportará buenas soluciones en un asunto que no deja a los nacidos bajo este signo del Zodiaco estar tranquilos en temas personales. Será un periodo muy tranquilo para la relación sentimental de Sagitario, por lo que deberá tener cuidado en no caer en la rutina que rompa con esa armonía en el amor, si está soltero estará en una etapa de enamoramiento que Sagitario deberá disfrutar sin importar un futuro lejano. Sagitario deberá poner un poco más de fuerza de voluntad para iniciar la rutina de ejercicios, serán más beneficios para su salud que su vida sedentaria.

Caray, según eso tendré hoy una conversación muy importante que me tranquilizará. Eso ya es una predicción. En cuanto a la última frase, es otra perogrullada. Además, no se me aplica. De momento, esta mañana ya me he dado mi buena caminata paseando al perro. O más bien es el perro el que me pasea a mí. En cualquier caso, intento no dejarme llevar por el sedentarismo. 🙂 Por otro lado, lo del amor parece contradecir al horóscopo de la revista ¡Hola!

A ver qué me pronostica El Mundo

Rebosas energía y sientes que conectas con los demás y con sus ideas; aunque no siempre será así, no por ello debes venirte abajo.

Caramba, resulta que estoy rebosando energía, y yo sin enterarme… 🙂 En fin, paso al 20 minutos:

No estás haciendo nada del ejercicio físico que te habías propuesto y tu cuerpo empieza a resentirse. La vida sedentaria que llevas no beneficia a tu salud en absoluto: debes empezar a cambiar. No descartes la opción de un entrenador personal: puede ayudarte muchísimo.

¿Qué pasa, que la caminata con el perro no cuenta? ¿Ni la bicicleta estática? ¿Y acaso no rebosaba energía? Bueno, voy a ver que me pronostican los diarios catalanes. Por ejemplo, El Periódico:

Tendrás muchas ganas de acción pero está bien que no te excedas y que organices la jornada de manera que disfrutar de los pequeños placeres de la vida sea lo más importante.

¿En qué quedamos? Según 20 minutos, estoy hecho un vago. En cambio, para El Periódico tengo ganas de marcha… En fin, le haré caso en lo de disfrutar de los pequeños placeres. Claro que entonces será una profecía autocumplida. A ver qué me dice La Vanguardia:

No aplace la toma de decisiones serias

Según la mayoría de signos, durante la jornada de hoy se presentará una oportunidad laboral que le permitirá afrontar dificultades o cargas económicas recientes. Además, también la toma de decisiones será crucial durante el día de hoy, pues probablemente le beneficien tanto económica como laboralmente.

SAGITARIO

Posibilidad de una muy buena ocasión laboral, quizás de carácter imprevisto, la cual le permitirá afrontar dificultades o cargas económicas recientes.

Teniendo en cuenta que hoy es domingo, pocas oportunidades laborales se me van a presentar. 🙂 En fin, a saber… Viajaré ahora al País Vasco. ¿Qué me pronostica El Correo?

Bienestar y felicidad emocional. Lea las páginas económicas del periódico, aprenderá mucho. No ejerza el papel de protector con sus compañeros. Necesita ponerse a punto físicamente, haga deporte.

Vaya. Resulta que leyendo se aprende. Cuán profundo. No se me había ocurrido. Y dale con que necesito ejercicio…

Para no tener una visión demasiado localista, crucemos el Atlántico y vayamos a Argentina. Empecemos por La Nación:

En este día sus poderes perceptivos estarán muy afinados. Utilícelos para ayudar a alguien que atraviesa un mal momento.

Amor: Modifique la forma de relacionarse con su pareja, así mejorará el vínculo afectivo.

Riqueza: Pronto se abrirán un abanico de opciones a nivel laboral y deberá realizar la mejor elección.

Bienestar: Debería aprovechar el día para reflexionar y dedicarse a usted mismo.

Más generalidades, vaguedades… ¿Y en Clarín?

Horóscopo de hoy: Reuniones, ideas compartidas, buenas relaciones con hermanos, amistades y acercamiento emocional son las claves del día.

Amor: Presente de a ratos, te quedará poco resto para tu gente ya que estarás preocupado por el trabajo. Recibirás contención.

Riqueza: El próximo fin de semana tendrás una gran ocasión de utilizar en empeños placenteros ese dinero ahorrado y tan bien ganado.

Bienestar: Si tienes el hábito de pensar que no puedes tener más de lo que ya tienes, llegó el momento de proponerte cambiar los hábitos negativos.

Más vaguedades. Y un domingo por la mañana, pues no estaba pensando en el trabajo, precisamente… 🙂

¿Qué tal si miramos en el sitio web de alguna televisión? Por ejemplo, Univisión, una cadena estadounidense:

Noticiero astrológico: la Luna transita por el signo de Tauro. Los planetas Júpiter, que es tu regente, Saturno y el planetoide Plutón continúan retrógrados.

Te admirarás al tener noticias de cierta persona que hace tiempo no veías y que ahora resurge en tu vida con una nueva energía, inspiradora y tierna al mismo tiempo. Tu carisma sagitariano se acentúa. Hay un movimiento en tu trabajo muy positivo que contribuirá notablemente a que puedas mejorar tu situación laboral.

Un cambio es todo lo que precisas para darle un giro de 180 grados a tu vida, cambiar viejos hábitos y conquistar el futuro. Con la fuerza de tu intuición harás inclinar la balanza cósmica a tu favor.

Por cierto, hoy la Luna está en la constelación de Cetus (Ballena), no en Tauro. Sería aconsejable que los que hacen horóscopos mirasen al cielo de vez en cuando. O consultasen un planetario, que los hay muy buenos y gratis. En cuanto a las predicciones, bueno, a ver si aparece esa persona. Respecto a mejorar mi situación laboral, teniendo en cuenta que soy profesor titular de una universidad pública y, por tanto, funcionario, pocas novedades caben a estas alturas. Y menos hoy, domingo. Por lo demás, vaguedades y perogrulladas.

Finalmente, he aquí lo que aparece en el teletexto de una cadena de televisión española, La Sexta:

Sí, en viajar estoy pensando precisamente ahora… Bueno, vamos a dejar pasar unas horas. Luego, justo después de medianoche, comprobaremos si alguna de las predicciones de este florilegio de horóscopos se ha cumplido.


Hola, de nuevo. El domingo ha transcurrido en una placentera rutina. Lo más trascendental que me ha sucedido hoy ha tenido que ver con un problema menor al cocinar unas berenjenas rellenas. Ni he viajado por ahí, ni he vivido momentos decisivos, ni he tenido discusiones de pareja, ni se me han presentado nuevas oportunidades de trabajo, ni ha venido alguien al que hace tiempo no veía… 🙂

En resumen: contradicciones, en los horóscopos hay mucha palabrería y vaguedades que pueden aplicarse a muy diversas circunstancias. Eso se parece a la Ciencia como un huevo a una castaña.

Claro, se puede objetar que me he centrado en horóscopos diarios de revistas y medios de comunicación, que están elaborados de modo… en fin, manifiestamente mejorable. ¿Acaso no hay astrólogos serios que hacen horóscopos personalizados, teniendo en cuenta hasta la hora de nacimiento de las personas? Nos ocuparemos de ello en la próxima entrada.

El santo y los astrólogos

Voy a contar una anécdota que me sucedió hace años. Desde niño me ha gustado observar el firmamento para reconocer constelaciones, identificar planetas… Antes de comprar un telescopio, es preferible iniciarse en la Astronomía con unos prismáticos 7×50 o 10×50. Así, un buen día fui a preguntar precios en tiendas de material óptico. En una de ellas, cuando le expliqué al dependiente qué tipo de prismáticos quería y lo que pretendía hacer con ellos, me dijo: «Ah, ¿le interesa a usted la Astrología. Yo, por cortesía, no lo corregí, aunque le dejé caer: «Sí, soy aficionado a la Astronomía». Acabé comprándolos en otro sitio (por el precio, no por el comentario). 🙂

Salvo que se indique otra cosa, las ilustraciones (libres de derechos) son de pixabay.com

Astronomía, Astrología… No es lo mismo. Cito de la Wikipedia:

La astronomía (del latín astronomĭa, y este del griego ἀστρονομία) es la ciencia que se ocupa del estudio de los cuerpos celestes del universo, incluidos los planetas y sus satélites, los cometas y meteoroides, las estrellas y la materia interestelar, los sistemas de materia oscura, gas y polvo llamados galaxias y los cúmulos de galaxias; por lo que estudia sus movimientos y los fenómenos ligados a ellos.

La astrología, en su acepción más amplia, es un conjunto de tradiciones y creencias que sostienen que es posible reconocer o construir un significado de los eventos celestes y de las constelaciones, basándose en la interpretación de su correlación con los sucesos terrenales; este paralelismo es usado como método de adivinación.

La diferencia salta a la vista. La Astronomía es una ciencia. Sus afirmaciones y teorías están sometidas al método científico, sobre el cual ya hemos hablado en otras entradas. En cambio, la Astrología es una pseudociencia que para adivinar el futuro recurre a los astros.

Mucha gente piensa que al inicio de la civilización, e incluso antes, Astrología y Astronomía eran la misma cosa (o, al menos, caminaban juntas), y que no se separaron hasta tiempos recientes. Es cierto que después de la revolución científica de Galileo, Kepler y Newton la Astronomía no ha dejado de progresar y asombrarnos. La Astrología, en cambio, siguió a lo suyo, haciendo horóscopos y tratando de leer el futuro. Sin embargo, desde la Antigüedad los sabios tuvieron claro que Astronomía y Astrología eran cosas bien distintas. La Astronomía era considerada algo útil y serio, mientras que la Astrología, a pesar de su popularidad, olía mal, por así decirlo.

Comprobémoslo, haciendo un poco de historia. Retrocedamos hasta la segunda mitad del siglo VI, en la España visigoda. Concretamente, en la ciudad de Cartagena (donde nací, dicho sea de paso, aunque bastantes siglos más tarde). 🙂

Allí residía el duque Severiano, cuyos hijos acabaron convirtiéndose en santos de las iglesias católica y ortodoxa: Leandro, Fulgencio, Florentina e Isidoro (los famosos cuatro santos cartageneros). A la familia le tocó vivir en tiempos convulsos, y tuvo que huir a Sevilla (Hispalis, en aquella época) por motivos políticos. Es conocida la tendencia de los visigodos a pelearse entre ellos y, por si faltaba algo, los bizantinos también andaban entrometiéndose, ocupando buena parte del sur peninsular. En el norte, cántabros, astures y vascones se dedicaban a incordiar, por no mencionar a los suevos en Galicia y norte de Portugal.

Isidor von SevillaSan Isidoro de Sevilla (fuente: es.wikipedia.org)

En aquella época turbulenta e insegura creció Isidoro (556-636), el menor de los hermanos. Unos afirman que nació en Cartagena, mientras que otros creen que vino al mundo una vez que su familia se instaló en Sevilla. Fue un hombre inteligente y estudioso, con una insaciable sed de conocimientos, que dominaba los idiomas griego y hebreo. Llegó a ser arzobispo de Sevilla, sucediendo a su hermano Leandro, y trabajó muy activamente en la conversión al catolicismo de los arrianos visigodos.

Como hemos comentado, le tocó vivir en tiempos difíciles. Él, como tantas personas cultas, tenía la sensación de asistir al derrumbe y pérdida del saber atesorado durante el añorado Imperio Romano. Las clases dominantes eran mayormente analfabetas y muy violentas, y los enemigos acechaban por doquier. Pero a diferencia de otros, Isidoro no se resignó a ver desaparecer lo que amaba, sino que consagró su vida al admirable propósito de conservarlo.

Etymologiae Vitr-14-3 f26vPágina de las Etimologías (Códice toledano; fuente: es.wikipedia.org)

Muchas son las obras que escribió durante su larga vida, y entre ellas abundan las enciclopedias. Ahí trató de recopilar todo el saber clásico, para que no se perdiera. Las más famosas son las Etimologías, que aparecieron en torno al año 630. Se trata de veinte libros en los que se ocupa de todo lo divino y lo humano, desde las jerarquías angélicas hasta los tipos de barcos. Su lectura resulta algo árida, pues las enciclopedias no se caracterizan precisamente por su brillantez literaria. No obstante, en las Etimologías hay un auténtico tesoro de información. No nos podemos hacer idea cabal de la importancia que supusieron en su momento y en los siglos posteriores. Se trataba de la obra de referencia para cualquier estudioso, un faro en la oscuridad.

Como biólogo, las Etimologías me interesaban por lo que enseñan sobre el conocimiento que en la Antigüedad tenían sobre animales y plantas. Y puestos ya, decidí leerme la obra entera. En concreto, he usado la edición bilingüe de las Etimologías en español y latín publicada en 2004 por la Biblioteca de Autores Cristianos. Todas las citas que se incluyen a continuación proceden de ella.

Puede que en el futuro redacte alguna entrada sobre los aspectos zoológicos y botánicos de las Etimologías. En la presente, en cambio, me ocuparé de las estrellas, pues Isidoro dedica bastantes páginas a hablarnos sobre ellas, los astrólogos y los astrónomos. Y para él, no son lo mismo. Ni de lejos. Consideremos sus palabras que, gracias a la magia de la escritura, nos llegan nítidas a través de un abismo de casi mil cuatrocientos años.

«Acerca de la astronomía» aparece en el libro III a partir del capítulo 24, donde encontramos esta definición:

«Astronomía» significa «ley de los astros», y estudia, hasta donde le es dado a la razón, el curso de los astros y las figuras y relaciones que las estrellas mantienen entre sí y con la tierra.

Aunque lo que le interesa es la Astronomía, Isidoro también dedica unas palabras a la Astrología. Así, en el cap. 25 tenemos:

Los primeros que abordaron el estudio de la astronomía fueron los egipcios. Por su parte, los iniciadores de la astrología o del influjo de los astros en los hombres fueron los caldeos. El historiador Josefo asegura que Abrahán fue quien transmitió la astrología a los egipcios. Los griegos afirman que el iniciador de la astrología fue Atlante, y por ello se dice que estuvo sosteniendo el cielo. Pero quienquiera que fuera el inventor, lo cierto es que el hombre, empujado por su afán investigador y por el movimiento del cielo manifestado en los cambios temporales, en el curso inalterable y definido de los astros y en la duración fija de sus intervalos, comenzó a establecer ciertas medidas y números, y al ordenarlas mediante análisis y distinciones, descubrió la astrología.

En el cap. 26 habla de los maestros de la Astronomía y destaca a Ptolomeo, rey de Alejandría, que estableció las leyes por las que es posible determinar el curso de los astros. A continuación, en el cap. 27 nos habla de la diferencia entre Astronomía y Astrología:

En algo se diferencian la astronomía y la astrología. El contenido de la astronomía es el movimiento circular del cielo; el orto, la puesta y el movimiento de los astros; así como la razón de los nombres que éstos tienen. La astrología es, en parte, natural y, en parte, supersticiosa. Es natural en cuanto que sigue el curso del sol y de la luna, y la posición que, en épocas determinadas, presentan las estrellas. Pero es supersticiosa desde el momento en que los astrólogos tratan de encontrar augurios en las estrellas y descubrir qué es lo que los doce signos del zodíaco disponen para el alma o para los miembros del cuerpo, o cuando se afanan en predecir, por el curso de los astros, cómo va a ser el nacimiento y el carácter del hombre.

En los capítulos siguientes Isidoro trata sobre teoría astronómica, la esfera celeste, sus partes, los nombres de estrellas y planetas, el zodiaco, etc. Todo ello muy interesante, pero se escapa del propósito de esta entrada.

Según los sabios antiguos, los astrónomos se ocupaban de identificar los astros y estudiar sus movimientos. Esto era muy importante para unas sociedades que dependían de la Agricultura, pues había que determinar con precisión el momento de la siembra, la cosecha… Los astrólogos, aunque también estudiaban el sol y su posición entre las estrellas, lo hacían para buscar augurios. O sea, para actuar como adivinos. Isidoro lo deja aún más claro en el último capítulo del libro III. En 71, 37:

Pero sean cuales fueren las supersticiones que sobre ellas han forjado los hombres, lo cierto es que son cuerpos celestes que Dios creó en el principio del mundo y los organizó para que, teniendo en cuenta los ciclos establecidos, se pudieran determinar los tiempos.

Nótese la mentalidad antigua. El mundo había sido creado para que lo habitáramos; por tanto, la Naturaleza estaba a nuestro servicio. En concreto, los astros fueron puestos ahí para que aprendiéramos a medir el tiempo. O para admirar su belleza y dar gracias a Dios por crear algo tan magnífico. Y punto. El problema era que los astrólogos se pasaron de frenada, por así decirlo, y pretendían extraer del estudio del cielo algo inadecuado. Veamos lo que dice en 71, 38-39:

La observación de estos signos, la confección de horóscopos y otras supersticiones que están vinculadas al conocimiento de los astros (es decir, a la predicción de los hados), son, sin ningún género de dudas, contrarios a nuestra fe, y de tal manera han de ignorarlas los cristianos, que no deben aparecer ni escritas. Hubo quienes, atraídos por la belleza y el esplendor de los astros, cayeron ciegos de inteligencia en una falsa apreciación de las estrellas, hasta el punto de que intentaron poder predecir los acontecimientos futuros por medio de falsos cálculos, que reciben el nombre de astrología. Estas creencias no las condenaron solamente los doctores de la religión cristiana, sino también, entre los gentiles, Platón, Aristóteles y otros muchos, quienes, coincidiendo en su opinión, se vieron empujados por la verdad, llegando a afirmar que de tales creencias no puede emanar más que el confusionismo.

Más claro, imposible. El cielo es tan majestuoso, tan bello, y parece funcionar como una máquina perfecta, que los astrólogos pensaron que podía servir para adivinar el futuro. En cambio Isidoro, un sabio prudente, nos dice que si bien los astros nos permiten medir el tiempo, atribuirles otros poderes es una presunción infundada. Están para lo que están, y listo. Lo demás es ilusión, fantasía. Y, como muy bien indica, esta censura hacia la Astrología no es sólo cosa de cristianos. Los sabios gentiles pensaban lo mismo.

Pero hay algo más, de vital importancia, que provoca el rechazo de Isidoro hacia los astrólogos. En 71, 40:

Pues, si el género humano estuviera, por necesidad de su nacimiento, orientado obligatoriamente hacia determinadas acciones, ¿por qué los buenos van a ser merecedores de alabanza y los malos han de sufrir el castigo de las leyes? Aunque no estuvieron iluminados por la verdadera sabiduría, en favor de la verdad se sintieron obligados a combatir aquellos errores.

En efecto, los supuestos de la Astrología se oponen al libre albedrío humano. Los sabios, tanto cristianos como gentiles, creían que somos responsables de nuestros actos. Si metemos la pata o somos unos zoquetes, no culpemos a la posición de los planetas el día de nuestro nacimiento. Somos libres a la hora de tomar nuestras decisiones. Para un cristiano como Isidoro, somos nosotros quienes elegimos el camino al Cielo o al Infierno. Si nuestro destino está escrito en los astros o influenciado por ellos, ¿qué sentido tendría premiar a los buenos y castigar a los malos?

Por si quedaba alguna duda de lo que pensaba Isidoro, en el cap. 9 del libro VIII trata «Sobre los magos», a los que no tiene en muy buena consideración, precisamente. Describe los distintos tipos, y entre ellos figuran los astrólogos (9, 22), que hacen sus augurios fijándose en los astros. También define los horóscopos (9, 27), a los que:

se les dio este nombre porque examinan las horas en que tuvo lugar el nacimiento de las personas para descubrir su dispar y diverso destino.

En fin… Pese a las admoniciones de Isidoro, y en contra de toda evidencia, la Astrología siguió siendo popular. Hasta el mismo Kepler tuvo que ganarse la vida escribiendo horóscopos. Pero que algo sea popular no implica necesariamente que sea correcto. En la siguiente entrada explicaremos por qué los científicos no nos tomamos en serio pseudociencias como la Astrología. Mejor dicho, por qué no podemos tomarlas en serio.

Blavatsky y el miedo al mono (y VII)

Uno de los temas más controvertidos de la obra de H. P. Blavatsky es el que se refiere al origen y destino de las distintas razas humanas. ¿Era racista Blavatsky? Estoy convencido de que, en el contexto de su época, Blavatsky no lo era. La Teosofía tampoco, pues habla de concordia, igualdad y altruismo entre todos los hombres. Valga esta cita textual de La Doctrina Secreta:

Si mañana desapareciese Europa […] y si las tribus africanas se separasen y esparciesen sobre la superficie de la Tierra, dentro de cien mil años formarían ellas la masa de las naciones civilizadas. Los descendientes de nuestras naciones más cultas, que pudieran haber sobrevivido en alguna isla sin medios de cruzar los nuevos mares, serían los que caerían en un estado de relativo salvajismo. Así que la razón que se da para dividir a la humanidad en razas superiores e inferiores cae por tierra y se convierte en una ilusión.

Sin embargo, y dada su popularidad en la segunda mitad del siglo XIX, paradójicamente pudo dar argumentos a los racistas. El hecho de que las distintas razas y subrazas humanas surgieran en distintos sitios y momentos podía interpretarse como que unas eran distintas de otras, o más avanzadas que otras; en suma, mejores que otras. No era lo mismo descender de la tercera raza raíz, tan propensa a los bestialismos, que ser un genuino ario de la quinta raza, pongamos por caso.

Pese a todo, había algunas razas a las que Blavatsky consideraba inferiores. Peor aún, incluso justificaba que se estuvieran extinguiendo.

Bathurst Island menAborígenes australianos (fuente: es.wikipedia.org)

Volvamos con la 3ª raza raíz, la que habitaba el continente de Lemuria. Según Blavatsky, algunas de sus subrazas se aparearon con hembras animales y dieron lugar a razas medio animales y a diversos tipos de monos. Recordemos:

Fuente: versión inglesa de La Doctrina Secreta; puede descargarse en www.theosociety.org

Pues bien, para ella, los aborígenes tasmanios y australianos eran descendientes de estas razas medio animales. Leyendo La Doctrina Secreta, me da la impresión de que no los consideraba auténticas personas. De hecho, dedicó páginas a discutir su esterilidad cuando se ponían en contacto con los europeos. Para la Filosofía Esotérica, esos aborígenes eran representantes seniles de naciones arcaicas desaparecidas. Y lo más siniestro es que Blavatsky no creía que su extinción se debiera a los abusos (por decirlo suavemente) de los colonos británicos. Simplemente, eran razas que habían terminado su carrera. Por eso, su extinción quedaba justificada; nada podía salvarlas. Blavatsky se apoyaba en su ley cíclica; podría hablarse de un «ciclo del destino».

O sea, aunque no se lo propusiera, estaba justificando una política de exterminio contra los aborígenes. Puesto que las leyes que regían el cosmos los condenaban a la extinción, en el fondo los colonos estaban ayudando al cumplimiento de dichas leyes. Y en cuanto a lo de la presunta esterilidad de los aborígenes, nos tememos que su causa era la política de exterminio que sufrían, y no otra cosa.

Se pueden extraer más citas susceptibles de ser consideradas racistas. En su descargo, diremos que casi todos, incluso las mentes más privilegiadas, creían por aquel entonces que los blancos constituían la raza más perfecta o evolucionada. Blavatsky, consciente o inconscientemente, se limitó a reflejar el pensamiento de su época. Un ejemplo:

Los semitas, especialmente los árabes, son arios posteriores, degenerados en espiritualidad y perfectos en materialidad. A estos pertenecen todos los judíos y árabes.

En fin, dejemos el tema del racismo y veamos qué pasó con el resto de la Humanidad. Según La Doctrina Secreta, el hombre puede haber existido desde hace 300 millones de años, pero en un estado etéreo. El hombre físico y carnal apareció hace unos 18 millones de años, con los lemures, pero ya hemos visto qué mal talante tenían.

Seguir lo que pasó a partir de la 4ª raza raíz es un poco confuso, más que nada por todas las subrazas y subsubrazas que aparecen. Blavatsky lo trató de aclarar con una ilustración que incluso queda bonita; recuerda al conidióforo de algunos hongos (y exhibe su obsesión por el nº 7):

Fuente: versión inglesa de La Doctrina Secreta; puede descargarse en www.theosociety.org

Intentaremos resumir. La 4ª raza raíz surgió a partir de las subrazas más espirituales de lemures. Luego acabarían emigrando a la Atlántida, por lo que se les conoce como atlantes. En fin, Lemuria dejó paso a la Atlántida, los atlantes dieron origen a un montón de subrazas y una de ellas, la aria, se convertiría en la 5ª raza raíz.

Los primeros arios emigraron en busca de otras tierras, lo que fue un buen negocio, pues ya se sabe cómo acabó la Atlántida. Por cierto, buena parte de los esfuerzos de Blavatsky se centraron en buscar pruebas de la existencia de esos continentes sumergidos. Buscó pruebas geológicas, escudriñó en las tradiciones y textos sagrados de muchas culturas…

La primera subraza aria fue la hindú (y su primer idioma, el sánscrito), y de ahí derivaron las demás. Para no hacernos pesados con tanta raza y subraza, hay un resumen (en inglés) en la Wikipedia, que satisfará al lector curioso. Y según Blavatsky, precisamente ahora, a inicios del siglo XXI, la 6º raza raíz tendría que estar surgiendo a partir de los arios. En Norteamérica, concretamente, pero dejémoslo estar. 🙂

Una constante en la antropogénesis de Blavatsky es que los hombres han ido progresivamente decreciendo en estatura. Los de la tercera y cuarta raza eran gigantes (para ella, los dioses y héroes de la 4ª y 5ª Raza eran los hombres deificados de la 3ª), y no paró de buscar evidencias de su existencia. Afirmaba que de los últimos lemures quedaban unos pocos restos, algunos colosos rotos y cosas así. Por otro lado, los moáis de la isla de Pascua representaban a los gigantes de la 4ª Raza, y las comparó con otras estatuas colosales, habló de civilizaciones desaparecidas… ¿Nos suena?

 Moai Rano rarakuMoais en la isla de Pascua (fuente: es.wikipedia.org)

Sí, muchas de las teorías pseudocientíficas sobre antiguos dioses, civilizaciones desaparecidas, continentes sumergidos y demás arrancan en buena parte de la difusión de las teorías de Blavatsky. Defendió que era imposible que civilizaciones con tecnología de la Edad de Piedra o del Bronce construyeran algo como los moáis, Stonehenge, ruinas ciclópeas, etc. Para ella, la única explicación lógica era que aquellas maravillas fueran erigidas por gigantes, integrantes de civilizaciones hoy desaparecidas. Gigantes que incluso dominaban la Magia.

Asimismo, para Blavatsky las civilizaciones de las naciones arcaicas, como los egipcios, eran herederas de otras anteriores. Así, las civilizaciones de la Antigüedad, como la egipcia, surgían ya maduras desde el principio, como si jamás hubiesen conocido la juventud. Las tribus ario-atlantes se habían establecido en Egipto, y fueron los atlantes quienes construyeron las primeras pirámides (cómo no, la Gran Pirámide es antiquísima). Además, los sacerdotes iniciados egipcios viajaron a otros sitios, dejando trazas de su sabiduría. Eso podría explicar que hubiera pirámides en otros lugares del planeta, por ejemplo.

Continentes tragados por las aguas, naciones antiguas que surgían ya desarrolladas prácticamente de la nada… Muchos amantes de las pseudociencias y la pseudohistoria defienden hoy la creencia en civilizaciones antiquísimas (o su variante moderna, los extraterrestres) que cedieron su sabiduría a nuestros antepasados. Sin embargo, en otra serie de entradas comentamos que civilizaciones como la egipcia no surgieron de la nada, que hubo toda una evolución hasta llegar a las grandes pirámides, y que nuestros ancestros eran más hábiles y espabilados de lo que muchos piensan.

En fin, dejando aparte la Teosofía, ese es el principal legado que nos dejó Blavatsky. En cambio, su intento por hundir en la miseria a Darwin y al darwinismo fracasó. Hoy, la teoría de la evolución está firmemente asentada, y es lo que da sentido a la Biología. Darwin es reconocido como uno de los sabios más influyentes de la Historia, pero pocos son los que recuerdan a la señora Blavatsky. Y de estos, son más los que se ríen de ella que quienes la respetan.

¿Qué opina un servidor de ustedes sobre Blavatsky? Dejando aparte que sus ideas sobre Ciencia no hay por donde agarrarlas, me parece un personaje fascinante, una singular e irrepetible mezcla de fraude, tesón, inteligencia e histrionismo. Se puede aprender mucho de ella, pues en gran medida compartimos buena parte de sus obsesiones. A todos nos gustaría que el cosmos estuviera hecho a nuestra medida, que fuera predecible. En cambio, la Ciencia nos ha ido desvelando que no es así, sino  que vivimos en un universo que en buena medida se rige por el azar, que somos más insignificantes de lo que podamos llegar a imaginar, y que todo va a seguir funcionando igual cuando nosotros no estemos.

Blavatsky diseñó un cosmos donde todo funcionaba cíclicamente, como un reloj, donde los seres humanos éramos especiales, algo aparte de los animales. Y ella, por supuesto, pertenecía a la élite de los más sabios, capaz de acceder a conocimientos velados a los demás. Era gratificante sentirse importante, controlando un mundo perfectamente ordenado y fiable. Probablemente, era lo que echaba de menos en su ajetreada y aventurera vida.

Si el mundo no te gusta, constrúyete uno. Usted lo hizo a lo grande, señora Blavatsky, y eso merece mis respetos. Por muy disparatado que sea.

Y se acabó, sufrido lector. En la próxima entrada trataremos temas menos áridos, algo de agradecer en este tórrido verano. 🙂

Blavatsky y el miedo al mono (IV)

A H. P. Blavatsky le encantaba el nº 7. Más bien le obsesionaba, pues su obra gira en torno a una concepción septenaria del cosmos. También defendía los ciclos de auge y caída, en una cosmovisión repleta de fuerza vital, espíritus y almas. Asimismo, buscaba desesperadamente paralelismos entre macro y microcosmos. Por fortuna, incluyó en sus obras diagramas que nos ayudan a comprenderla (o al menos a intentarlo):

Nota: todas las ilustraciones de esta entrada se han tomado de la versión inglesa; puede descargarse en www.theosociety.org

Fijémonos en la ilustración. Además del paralelismo manifiesto entre los principios humanos y la división planetaria, que comentaremos más adelante, queda claro que Blavatsky era vitalista.  Las almas y espíritus campan a sus anchas por La Doctrina Secreta, y se enfadaba cuando los científicos no los tenían en cuenta. Reprochaba a los físicos de su época que se quedaran en la cáscara, sin llegar nunca a la almendra. Al adoptar los átomos físicos, olvidaban que los átomos tenían alma (o lo que ella entendía por alma). A lo largo de su obra despotricó contra esas teorías físicas vacías de alma y espíritu, y afirmó que los antiguos iniciados sabían más de Física que todas las academias científicas. En concreto, creía que la Ciencia Moderna no es más que Pensamiento Antiguo desfigurado. El Ocultismo no necesitaba pruebas científicas. Al final, según ella, la Ciencia acabaría por aceptar lo que decía la Filosofía Oculta.

A lo largo de La Doctrina Secreta Blavatsky arremete contra el materialismo, aunque no era partidaria de las grandes religiones monoteístas. Estas le gustaban aún menos que la Ciencia, que ya es decir. Su visión no era monoteísta sino panteísta, con un principio original del que emanaba lo demás (aunque su redacción tendía a ser confusa, por lo que resulta difícil seguirla). De hecho, afirmaba que por deficientes, materialistas y erróneas que fueran las teorías científicas, estaban mil veces más cerca de la verdad que las vaguedades de la Teología. No obstante, cuando la Ciencia le llevaba la contraria a las creencias ocultistas, buenos palos le daba… 🙂

No vamos a reproducir aquí sus extrañas ideas sobre el átomo, la luz, el calor, las reacciones y elementos químicos (llega a afirmar que el helio tiene un peso atómico inferior al del hidrógeno), los principios de la fotografía, la gravitación (llegó a insinuar que correría la misma suerte que la teoría corpuscular de la luz)… Como ya dijimos, Blavatsky iba sacando de aquí y allá las noticias científicas que se adaptaban a su cosmovisión, valiéndose en muchos casos de «autoridades» hoy bastante olvidadas o bien muy antiguas, que incluso en su época estaban ya desacreditadas.

Blavatsky estaba de acuerdo en algo con los astrónomos: el universo es muy, muy grande y nuestros dioses, muy, muy pequeños. Por lo demás, los disparates astronómicos proliferan en La Doctrina Secreta. Dejando a un lado su concepción del éter (sustancia hipotética aceptada en su época, pero liquidado por la teoría de la relatividad), sus ideas sobre el sol y los planetas eran… en fin, corramos un tupido velo.:-)  Asimismo, pensaba que la materia de soles y cometas podía ser muy distinta a la de la tierra, con elementos desconocidos para la Ciencia. Hoy, con más elementos de juicio, sabemos que en realidad estamos hechos de polvo de estrellas. No somos algo aparte.

Centrémonos en nuestro rinconcito del universo, el Sistema Solar, y en algo que llama poderosamente la atención: las peculiares cadenas planetarias.

Para Blavatsky había innumerables cadenas circulares de mundos, compuestas de 7 globos situados en distintos planos. Sólo el inferior y más material se hallaba dentro de nuestro plano y lo podíamos percibir (véase la primera ilustración de esta entrada). Cada cadena de mundos era creación (o reencarnación) de otra, inferior y muerta. En nuestro caso, de la cadena de la Luna, la cual es más vieja que la Tierra. Los globos de la cadena septenaria lunar han dado vida a los correspondientes globos de la cadena terrestre, y a continuación mueren. Ah, Blavatsky también hablaba de la influencia maligna de la Luna sobre la Tierra en la actualidad. Parece que creía en la Astrología…

Como se ve en la ilustración, cuando el anillo o cadena planetaria llegaba a su última ronda pasaba su energía a otro planeta. En el caso de la Tierra, como en otros, debía vivir durante 7 rondas. En las tres primeras se formaba y consolidaba. En la cuarta se asentaba y endurecía. En las tres últimas se revertía esa tendencia y volvía a espiritualizarse. La humanidad se desarrollaba tan sólo en la 4ª ronda. O sea, para entendernos: hay un descenso de lo espiritual a lo material, y luego un ascenso a la inversa. Durante el proceso parece que se gana en sabiduría. O experiencia. O algo así.

¿Confuso? Hay quienes califican a los escritos de Blavatsky de «empanada mental». No obstante, hemos de reconocer que su obra tiene un punto de grandiosa. Llama la atención lo ordenado y majestuoso que es su cosmos, tan finalista y predecible. Tiende a funcionar como un mecanismo de relojería, igual que las antiguas esferas celestes.

En la próxima (y esperamos que última) entrada sobre el tema reflexionaremos sobre esta manía por el orden. Eso será después de comentar la que organizó Blavatsky al aplicar sus ciclos y cadenas a la evolución y al origen de nuestra especie, con su empeño en negar que descendiéramos de los monos; faltaría más.

Blavatsky y el miedo al mono (III)

¿Por qué H. P. Blavatsky se enfadaba tanto con la Ciencia y los científicos? Básicamente, por dos motivos. Primero, la forma de obtener el conocimiento científico era diametralmente opuesta a la ocultista. Y segundo, la Ciencia llegaba a unas conclusiones que a Blavatsky no le gustaban, e incluso se le antojaban abominables (por ejemplo, no podía soportar que descendiéramos de los monos).

Consideremos primero las diferencias metodológicas. Los seres humanos hemos buscado desde tiempo inmemorial respuestas a las grandes preguntas que nos plantea la naturaleza: nuestro origen, nuestro destino, nuestro papel en el cosmos… Para ello empleamos diversas herramientas: la Religión, la Filosofía, la Ciencia o el Ocultismo, entre otras.

ThinkingMan RodinFuente: es.wikipedia.org

En La Doctrina Secreta, el modo de hallar esas respuestas es sencillo: unos seres superiores las revelaron en el pasado. Punto. Por tanto, cualquier hecho tendrá que ser interpretado de forma que se adecue a las Verdades reveladas. El problema es que éstas sólo quedan al alcance de iniciados y adeptos, pues la mente de los simples mortales no está preparada para recibirlas. Si alguien quiere conocerlas, tendrá que someterse a la guía de los que saben. Hay un tufo aristocrático en esta forma de buscar el conocimiento. Por supuesto, Blavatsky se consideraba perteneciente a esa aristocracia que atesora las Respuestas Correctas.

La Ciencia funciona de forma diametralmente opuesta. No hay Verdades reveladas. Si queremos respuestas, tenemos que sonsacar a la naturaleza, lo cual puede resultar complicado. Por ejemplo, muchas veces es difícil obtener respuestas claras, que además pueden aparecer en idiomas extraños. Y luego estamos nosotros, con nuestra tendencia a meter la pata.

Para la Ciencia no hay Grandes Iniciados. Los científicos son conscientes de que la mente humana es falible. Nos gusta que los hechos validen nuestros prejuicios. A veces engañamos a los demás, pero con mucha frecuencia nos engañamos a nosotros mismos. Por tanto, hay que buscar un modo de hacer preguntas a la naturaleza que tenga en cuenta nuestros puntos flacos, que minimice los errores. Es el método científico.

Ya lo comentamos en otra serie de entradas. Básicamente, los científicos proponen teorías, las cuales deben estar apoyadas por experimentos que sean reproducibles por otros colegas. Tienen, obviamente, que explicar los hechos conocidos o servir para hacer predicciones. Y si nuevos hechos o experimentos no encajan en la teoría, esta habrá de ser revisada, modificada o desechada.

PeerReview2Para publicar en una revista científica, hay que superar un proceso de revisión por pares (fuente: SCIENCE AND INK)

Por supuesto, los científicos son seres humanos, y como cualquier hijo de vecino tienen sus manías, sus amores, sus odios… Pero por muy influyente que sea un científico, por mucho poder político que detente, a larga, si la teoría que defiende no sirve para explicar los hechos o hacer predicciones comprobables, caerá. Por eso la Ciencia avanza. Porque es consciente de nuestros fallos. Porque es humilde. Y porque, en el fondo, es democrática. Para publicar un artículo científico hay que pasar por todo un calvario conocido como «revisión por pares».

Hay un chiste gráfico que circula mucho por Internet, y que ejemplifica estos dos puntos de vista. Sustitúyase «Creacionismo» y «Génesis» por «Ocultismo» y «Doctrina Secreta», respectivamente, y el chiste sigue siendo igual de certero:

Fuente: elcerebrodebroca.wordpress.com

A Blavatsky no le hacía gracia la Ciencia. Eso de que cualquiera pudiera proponer una teoría, sin estar sometido al control de los Iniciados… Qué horror. Sin embargo, la Ciencia tenía un prestigio que se había ganado a pulso. Funcionaba. Explicaba cosas. Realizaba predicciones. Daba respuestas, aunque (y ahí está el meollo del asunto) en muchas ocasiones las respuestas no fueran las buscadas.

Blavatsky afirmaba disponer de Verdades reveladas, y trataba de encajar en ellas los hechos, como en el chiste. Leyendo La Doctrina Secreta, se comprueba que en muchas ocasiones lo hacía a martillazo limpio, cuando no a base de contorsionismo. 🙂

Dado el prestigio de la Ciencia, Blavatsky se esforzó hasta límites increíbles por demostrar que los descubrimientos científicos en realidad ratificaban las enseñanzas ocultistas. Para ello, rebuscaba aquí y allá cualquier afirmación científica que se adecuara a las Verdades reveladas. Nadie puede discutir que Blavatsky era inteligente, poseía una envidiable cultura general y leyó bastantes obras científicas. Por desgracia, da la impresión de que no las entendía totalmente. Asimismo, tendía a citarlas fuera de contexto.

Pero ¿qué ocurría cuando las teorías científicas contradecían a Blavatsky? En tal caso tenían que estar equivocadas, y seguro que los descubrimientos futuros darían la razón a los ocultistas. En La Doctrina Secreta se repite ad nauseam que la Ciencia no puede negar que no existan las cosas que aún no ha descubierto. Por citar un ejemplo, no puede negar que hubiera hombres gigantes conviviendo con los dinosaurios, pues la ausencia de prueba no es prueba de ausencia. Nos tememos que Blavatsky se equivocaba acerca de a quién corresponde la carga de la prueba cuando se hacen afirmaciones de ese tipo. 🙂

Otro de sus argumentos favoritos para atacar a la Ciencia era poner de manifiesto una y otra vez cómo los científicos no paraban de proponer teorías contradictorias. ¡Menudo desorden, comparado con la Verdad incontestable y sin fisuras del Ocultismo! Nos tememos que Blavatsky no entendía lo que significa la palabra «teoría». Si consultamos los diccionarios, vemos que tiene varios significados. En el lenguaje coloquial, una teoría equivale a una explicación, una suposición personal, como cuando expresamos nuestra teoría sobre el motivo de que un futbolista rinda más en su equipo que en la selección nacional. Sin embargo, una teoría científica es otra cosa. Debe explicar los hechos conocidos. Debe hacer predicciones. Debe poderse verificar.

Hay algunos pasajes en La Doctrina Secreta que muestran que Blavatsky concebía a las teorías científicas como meras opiniones. Equiparaba a las  que no le gustaban con los mitos y, según ella, no deberían generar más confianza que las propias afirmaciones de Blavatsky. He aquí una cita esclarecedora (volumen IV, edición en español):

Una «teoría» es simplemente una hipótesis, una especulación, y no una ley. El decir otra cosa es una de las muchas libertades que se suelen tomar hoy en día nuestros hombres de ciencia. Presentan un absurdo, y luego lo ocultan tras el escudo de la Ciencia. Una deducción de una especulación teórica no es más que una especulación fundada en otra especulación.

Blavatsky no entendió qué era una teoría científica. O no quiso entenderlo.

¿Qué ocurría cuando una teoría científica contradecía abiertamente las doctrinas ocultistas? Pues Blavatsky escarbaba en las «terribles contradicciones» de los científicos hasta encontrar alguno que coincidiera con ella. No importaba que fuera muy antiguo, que se tratara de una publicación mediocre o de un fraude (como resultó ser el caso de J. E. W. Keely, tan alabado por ella). Asimismo, interpretaba la discrepancia, algo fundamental para el progreso científico, como ignorancia.

En el volumen II (libro I, en la edición inglesa) hay una addenda en la que contrasta la Ciencia moderna y la Doctrina Secreta. Resulta interesante para tratar de comprender el pensamiento de Blavatsky. Nos dice que hay que respetar a la Ciencia, salvo cuando ésta intenta penetrar en los arcanos del Ser. Ahí, la Ciencia saca los pies del tiesto, pues no puede descubrir el misterio del Universo. Para eso están los ocultistas. Y tiene su gracia, porque eso de  «ocultar» repugna a todo científico decente.

Qué quieren que les diga… Leyendo La Doctrina Secreta, más de una vez me vino una imagen a la cabeza. En ella se veía a madame Blavatsky sentada en su privilegiada atalaya, con ceño adusto, tratando de poner a los díscolos científicos en su sitio. 🙂

En la próxima entrada resumiremos la visión que Blavatsky tenía del cosmos, algo necesario para entender el motivo de su miedo y asco a la idea de que estuviéramos emparentados con los monos.