Críptidos y no tan críptidos

La Criptozoología es una pseudociencia que trata de hallar animales (los «críptidos») cuya existencia no ha sido probada. Los críptidos son muy diversos, e incluyen desde presuntos representantes vivos de especies extintas hasta criaturas que aparecen en las leyendas populares.

Estatua de Bigfoot (fuente: es.wikipedia.org)

La Criptozoología no es una disciplina científica. Este rechazo no se debe a una supuesta estrechez de miras de los obtusos «científicos oficiales» (término que emplean los pseudocientíficos para referirse a nosotros, y que siempre me he preguntado qué significa). Tampoco a lo peculiar de su objeto de estudio, los animales desconocidos para la Ciencia. Por supuesto que existen animales (y plantas, y hongos…) que aún no han sido descritos y que aguardan a que los descubramos. Por desgracia, el deterioro que padece nuestro planeta por culpa de la sobrepesca, la contaminación o la destrucción de hábitats hará que muchas de estas especies se extingan de verdad antes de que lleguemos a encontrarlas.

Disculpa la digresión, amigo lector. Volvamos a la Criptozoología. Si se considera una pseudociencia es por su metodología, carente de rigor. Se fundamenta mayormente en la anécdota, en avistamientos más o menos fiables, pero no en pruebas sólidas. En cambio, la Ciencia se basa en un método riguroso, exigente. La Criptozoología no lo cumple ni de lejos.

Y que nadie venga con la monserga de los científicos de mentes estrechas que se niegan a admitir la existencia de lo maravilloso y bla, bla, bla. Eso es mentira. Los científicos estamos deseando hacer nuevos descubrimientos. Hallar una especie nueva nos entusiasma. Creo que en alguna entrada hemos comentado el ejemplo de los denisovanos. La existencia de una nueva especie humana, que llegó a convivir con nuestros antepasados e incluso se cruzó con ellos, fue deducida a partir de unos huesos diminutos, que caben en una caja de cerillas. Eso sí, de ellos se pudo extraer ADN, secuenciarlo y compararlo con el nuestro y el de los neandertales. Era una prueba tan sólida que todos la admitieron.

En otras entradas (1, 2, 3, 4 y 5) vimos por qué los zoólogos no acaban de creerse la existencia del yeti y similares. ¿Podrían existir? Pues sí, pero de momento ninguna prueba sólida lo avala. La mayor parte de avistamientos parecen corresponder a osos, y en cuanto al ADN de las muestras de yetis o de bigfoot, resulta ser de osos, perros, mapaches, bisontes, tapires…

Loch Ness monster viewsSilueta de algunos avistamientos de Nessie (fuente: es.wikipedia.org)

En cuanto a Nessie, un supuesto plesiosaurio que ha llegado hasta nuestros días en un lago escocés, tampoco hay pruebas de su existencia que resistan un análisis detallado. Además, resulta difícil creer que en un lago del tamaño del Ness haya peces suficientes para mantener con vida a una población de plesiosaurios, con lo grandes que son esos reptiles…

No obstante, los criptozoólogos no cejan en su empeño, y a veces recurren a trampas más o menos ingeniosas para tratar de convencer a los escépticos. Veamos una de ellas. Me la señaló un amigo y colega, el catedrático Juan F. Mota, zorro viejo en esto de enseñar a nuestros alumnos las diferencias entre Ciencia y pseudociencia. He aquí el libro:

¿Dónde está la trampa?

Fijémonos en algunos de los críptidos que aparecen en la portada. Tenemos los clásicos: el yeti, Nessie… Y un mamífero que parece el cruce entre un perro y un tigre. ¿Qué es?

Se trata del tilacino o lobo de Tasmania (Thylacinus cynocephalus). Es un marsupial como los canguros, aunque su dieta es carnívora. Uno de sus parientes vivos más cercanos es el demonio de Tasmania (Sarcophilus harrisii).

Poco hay de misterioso en el tilacino. Lamentablemente, al igual que otros grandes animales, fue cazado hasta la extinción. El último ejemplar conocido murió en un zoo en 1936. Hay vídeos en YouTube sobre él. De vez en cuando se informa de algún avistamiento en Tasmania de un tilacino, aunque sin pruebas concluyentes de que sigan vivos. Ojalá quede alguna población relicta, y podamos recuperar este magnífico animal.

Pero esto nos lleva a la portada del libro. El truco está en meter en el mismo saco al yeti, Nessie y el tilacino. Se trata de provocar una asociación de ideas en la cabeza del lector: «Hay gente que afirma haber visto ejemplares de esas tres especies. Y puesto que nadie duda de que el tilacino haya existido, los otros dos pueden existir también, ¿no?».

Pues no. El tilacino sí existió. No es un «animal imposible», como dice la portada del libro. El yeti y Nessie, en cambio, no pasan de hipotéticos. No es lo mismo. Pero los criptozoólogos ahí lo dejan, y si cuela…

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