Pirámides (y IV)

¿De dónde surge la creencia de que las antiguas culturas de la Edad del Bronce necesitaron ayuda exterior para construir las pirámides?

Empecemos por los extraterrestres. Muchos de los que fuimos adolescentes en la década de 1970 caímos subyugados por los libros de Erich von Däniken. Este prolífico autor suizo vendió millones de ejemplares que popularizaron su teoría de los dioses astronautas. Extraterrestres poseedores de una avanzadísima tecnología fueron los responsables de construir ciertos artefactos o erigir determinados monumentos que la gente de la Antigüedad, pobrecilla, no era capaz de llevar a cabo dado su primitivismo cultural. Las grandes pirámides, por ejemplo. Éstas, junto a las líneas de Nazca, el astronauta de Palenque y similares, indicaban una intervención alienígena. Sin la ayuda de los dioses astronautas, ¿cómo habrían podido ver la luz tales maravillas?

stargate

Las teorías de von Däniken tuvieron un eco tremendo. Hoy son consideradas un claro ejemplo de pseudociencia, y sus afirmaciones han sido refutadas. Sin embargo, fueron tomadas a pies juntillas por mucha gente (un servidor de ustedes incluido, lo confieso), e incluso influyeron en películas de ciencia ficción como Stargate o Prometheus.

No nos extenderemos aquí sobre el tema de los dioses astronautas en la ciencia ficción. Al respecto, es recomendable leer este excelente artículo de Mario Moreno Cortina. En realidad, los dioses astronautas son la versión moderna de una corriente de pensamiento anterior, muy extendida. Nos referimos a la que defiende la existencia de la Atlántida u otras civilizaciones perdidas que medraron hace muchos miles de años. Desaparecieron por culpa de cataclismos varios, pero hubo supervivientes que preservaron sus conocimientos y fueron los responsables de guiar a nuestros atrasados antepasados por la senda del progreso. Y les enseñaron a construir pirámides, cómo no.

Helena Petrovna BlavatskyHelena Petrovna Blavatsky (fuente: es.wikipedia.org)

La principal difusora de esta idea fue Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), una peculiar figura muy famosa en su época, y hoy bastante olvidada. Como no me parecía correcto hablar de su obra sólo de oídas, busqué por Internet su libro más representativo, La doctrina secreta, que a estas alturas está libre de derechos de autor. Di con una edición en español, de traducción manifiestamente mejorable, y me la leí. Entera.

2783 páginas. Se dice pronto. En fin, la lectura de La doctrina secreta ha sido la responsable en buena parte de que la presente entrada haya tardado algo más de lo previsto. Al menos, proporciona material suficiente para futuras aportaciones al blog . Además de interesantes cuestiones científicas y pseudocientíficas, su influencia en la literatura fantástica ha sido grande.

emb_logoEmblema de la Sociedad Teosófica, cofundada por H. P. Blavatsky (fuente: en.wikipedia.org)

Disculpen la digresión. Blavatsky recogió una serie de ideas que ya circulaban entre los círculos académicos decimonónicos, las mezcló con invenciones de su propia cosecha y las aderezó con las partes que no le repugnaban del darwinismo. El resultado fue La doctrina secreta. Sin entrar en detalles (eso lo dejaremos para el futuro), Blavatsky proponía una peculiarísima evolución del ser humano, cíclica y basada en el número 7. Había 7 «razas-raíz», con las correspondientes subrazas y variantes. Cada una de ellas era  más corpórea y menos espiritual que la precedente, y solía ser borrada de la faz de la Tierra por un cataclismo. Aunque no del todo.

Centrémonos en el tema que nos ocupa. Para Blavatsky, las actuales razas humanas eran fruto de creaciones separadas. Por ejemplo, la tercera raza-raíz habitaba el antiguo continente de Lemuria, y algunas de sus subrazas acabaron apareándose con animales. En fin, cosas que pasan. 🙂 Según Blavatsky, sus últimos representantes degenerados eran los aborígenes australianos.

La cuarta raza-raíz ocupó la Atlántida, y alcanzó grandes cotas de civilización. Bueno, algunas de sus subrazas perseveraron en el bestialismo, y dieron lugar a los grandes simios (sí, para Blavatski los simios descendían del hombre, y no al revés). Otras subrazas se comportaron de forma más normal, pero al final también acabaron echándose a perder (y la Atlántida fue tragada por el mar, como es sabido). Sin embargo, algunos atlantes sobrevivieron y pasaron sus conocimientos a los nuevos representantes de la quinta raza-raíz. Sobre todo a los arios, los descendientes de las razas más espirituales, que habían surgido en el Tíbet o cerca de él, así como a otros pueblos. Y sí, esos conocimientos fueron los responsables de construir la Gran Pirámide.

Estas teorías nos pueden parecer pintorescas, estrafalarias, divertidas incluso, pero ejercieron una considerable influencia a finales del siglo XIX y principios del XX. Blavatsky las mezclaba con fragmentos de ciencia recogidos de aquí y allá, lo que les otorgaba una pátina de apariencia científica, de respetabilidad. Muchos las creyeron, aunque si las lees con un mínimo de cultura científica, te rechinan los dientes.

cruzada_himmler

Y no eran inocentes, pues las teorías de Blavatsky fueron empleadas para justificar el racismo. Recomendamos la lectura del libro La cruzada de Himmler, de Christopher Hale; sobre todo, el capítulo introductorio, que nos sitúa en aquella época y nos pone delante de un tema que no podemos soslayar: el eurocentrismo. O dejémonos de rodeos: el racismo, a secas.

El hecho de que pueblos considerados primitivos y atrasados fueran capaces de edificar monumentos tan admirables como las pirámides resultaba irritante, por decirlo suavemente. Tenían que haber sido otros, como los sabios arios, herederos del conocimiento de la Atlántida. No unos africanos como los egipcios, descendientes de otras subrazas. O como los nativos americanos, que a saber de dónde venían. Las razas «inferiores» no podían mostrar tanta destreza.

Lo de los dioses astronautas es sólo la versión con maquillaje moderno de las teorías de Blavatsky. La idea que subyace es la misma: nuestros antepasados eran primitivos o inferiores, e incapaces de llevar a cabo magnas obras de ingeniería. Necesitaron ayuda de «seres superiores», tecnológica o espiritualmente hablando. Estas líneas de pensamiento son los rescoldos de una época en que los europeos miraban por encima del hombro a otras culturas.

No estamos de acuerdo con ellas. Aplicando, como dijimos en otras entradas, el principio de parsimonia (o sea, la navaja de Occam), nos quedamos con la hipótesis más simple. En la Edad del Bronce había personas tan listas y espabiladas como ahora, tanto en Eurasia como en África o en América. Más aún, al iniciarse la civilización y empezar a elaborar grandes obras de irrigación, estaban acostumbradas a coordinar la acción de cientos y miles de hombres en un proyecto común. Y aprendían de los errores. Para construir la Gran Pirámide pasaron por más de un siglo de edificar pirámides, cada vez más complejas. Independientemente, los nativos americanos también sabían apilar piedras, y utilizaban los edificios más sencillos como base para construir otros más amplios sobre ellos, como muñecas rusas.

Somos el producto de milenios de civilización, de guerras, de logros y fracasos de los que la Humanidad es la única responsable. Honremos la memoria de nuestros antepasados, que no necesitaron de ayuda alienígena para sus logros. O para complicarse la vida.

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Pirámides paradas

Pido disculpas, amable lector, por haber dejado en suspenso la conclusión de la serie de entradas sobre el «misterio de las pirámides». El otoño es una estación un tanto ajetreada para los que nos dedicamos a divulgar la Micología (la rama de la ciencia que se ocupa de los hongos). Pero no me he olvidado de las pirámides, que conste.

De hecho, sólo quedaba pendiente la conclusión: ¿por qué esa manía de atribuir la construcción de las pirámides a extraterrestres o a civilizaciones perdidas, cuando los egipcios o los mayas pudieron haberlas erigido perfectamente sin ayuda foránea?

Para tener más elementos de juicio a la hora de responder esa pregunta, me estoy leyendo una obra de referencia para entender ciertas corrientes de pensamiento del siglo XIX, de gran influencia posterior. Concretamente, La doctrina secreta, de H. P. Blavatsky. Y la lectura se me está haciendo demasiado láaaarga, palabra de honor. Es como intentar tragar un trozo de carne muy reseca, que por más que la masticas y masticas, no hay manera. 🙂 Pero es aconsejable leer las fuentes, y no limitarse a las referencias de segunda mano. Espero acabar el libro un día de éstos y poder así terminar las entradas piramidales.

Ah, por cierto, en la 2ª entrada de la serie comentábamos que algunas pirámides americanas habían sido construidas encima de otros edificios más pequeños y antiguos. Recientemente ha aparecido en la prensa la noticia de que la pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá es un buen ejemplo de ello.

Pirámides (III)

Hay quienes se admiran de que los pueblos antiguos empezaran a construir pirámides de repente. Eso apoyaría la hipótesis de que fueron inspirados (o supervisados) por una civilización anterior, alienígena, atlante o a saber. Pero ¿en verdad fue tan repentina la aparición de las grandes pirámides?

Centrémonos en Egipto, el caso mejor documentado. Efectivamente, las grandes pirámides se erigieron en el Imperio Antiguo, con las primeras dinastías. Sin embargo, no brotaron de la nada; son el resultado de la evolución de los monumentos funerarios. Dadas las circunstancias, lo raro habría sido que los egipcios no acabaran construyéndolas.

En el Egipto Predinástico, así como durante el periodo Arcaico (dinastías I y II, 3150 – 2680 a. C.), los faraones se enterraban en tumbas modestas. Un ejemplo es la de Narmer (Menes), fundador de la I dinastía. Se cavaba una fosa en el suelo, se recubrían las paredes con ladrillos y por encima se disponían sencillas estructuras de adobe y madera que, dada su fragilidad, no han perdurado:

narmerFuente: es.wikipedia.org

Poco a poco, estas estructuras fueron haciéndose más complejas y pasaron a construirse en piedra, capaz de resistir el paso del tiempo sin desmoronarse. Se trataba de las mastabas, unos edificios planos, no muy altos, pero que podían alcanzar respetables dimensiones:

mastabaFuente: es.wikipedia.org

Con la III dinastía se inicia el Imperio Antiguo de Egipto. Su faraón más notable, Zoser (Dyeser), encargó al sabio Imhotep la edificación de un complejo funerario que diera prestigio al país y a su soberano. La solución de Imhotep fue sencilla pero brillante: ¿y si encima de una gran mastaba ponía otra más pequeña? ¿Y encima de ésta otra más pequeñita? Y así hasta seis. El proyecto fue revisado varias veces, y el resultado acabó siendo espectacular, como una escalera que trepara hasta el cielo. Había nacido la pirámide escalonada de Saqqara (2650 a. C.):

 SaqqaraperiFuente: es.wikipedia.org

La base de la pirámide no es cuadrada, sino rectangular (140 x 118 m), y mide unos 60 m de altura. Imponente, sin duda, pero no deja de ser un apilamiento de bloques no demasiado grandes de piedra caliza unidos con argamasa. Igual que en las mastabas tradicionales, bajo la pirámide se cavaron pozos para colocar los sarcófagos.

El complejo funerario de Saqqara sirvió para que los egipcios fueran aprendiendo a manejar bloques de piedra cada vez mayores. Y así llegamos a un notable faraón, el fundador de la IV Dinastía, Seneferu (2614 – 2579 a. C.), cuyo reinado supuso un paso más en la evolución de la forma de construir tumbas monumentales. No sólo se conformó con una pirámide, sino que mandó erigir tres, cada una un avance respecto a la anterior.

La más antigua fue la de Meidum. Puede que se empezara a construir por orden del último faraón de la III Dinastía, Huny, aunque fue su hijo Seneferu quien la terminó. En principio era una pirámide escalonada como la de Imhotep, aunque de mayor tamaño, con 8 gradas y una novedad: la cámara funeraria estaba dentro de la pirámide, no en un pozo.

Y entonces a alguien se le ocurrió una idea brillante: ¿Qué tal si recubrían la pirámide para que las caras quedaran lisas? Quedaría mucho más elegante… Así, erigieron un edificio de 147 m de lado y 93,5 m de altura que ya sí parecía una pirámide, aunque no lo era del todo. El revestimiento acabó por deslizarse, dejando expuesta la estructura escalonada interior. Hoy está en ruinas, pero podemos hacernos una idea de lo que fue:

 02 meidum pyramidFuente: es.wikipedia.org

Seneferu no se conformó con una sola pirámide, defectuosa por añadidura. Sus arquitectos decidieron probar a construir una con las caras lisas, en vez de «disfrazar» una escalonada. Eso sí, no acertaron a la primera. La empezaron con una inclinación de 58º, pero era demasiado empinada y amenazaba con derrumbarse. Por eso, corrigieron sobre la marcha y disminuyeron la pendiente en la parte superior (43º). El resultado fue la pintoresca Pirámide Acodada:

acodadaFuente: es.wikipedia.org

Medía unos 188 m de lado por 105 m de altura y, para qué negarlo, quedó un tanto rara. Seneferu tampoco se mostró satisfecho y ordenó erigir otra pirámide. Con la lección aprendida, los arquitectos mantuvieron la pendiente menos inclinada (43º), y esta vez les salió bien:

rojaFuente: es.wikipedia.org

Es la Pirámide Roja. Medía unos 220 m de lado por 105 m de altura, de caras lisas, y ya con todo el aspecto de una pirámide clásica. Fue terminada el año 2582 a. C., casi 80 años después de la primera pirámide escalonada. Los egipcios habían aprendido mucho en esas décadas, y ya podían enfrentarse a grandes desafíos.

El hijo de Seneferu, Keops (Jufu) disfrutó de un largo reinado. Al igual que su padre, decidió erigir una pirámide, aunque de mayores dimensiones. En concreto, unos 230 m de lado, 146,6 m de altura y algo más empinada:

 Kheops-PyramidFuente: es.wikipedia.org

Es la famosísima Gran Pirámide. Sí, esa que dicen que necesitó ayuda atlante o alienígena para edificarse, pero que en realidad es el resultado de la evolución en las técnicas constructivas egipcias durante todo un siglo en que los faraones del Imperio Antiguo trataban de consolidar su prestigio.

La Gran Pirámide no surgió de la nada. En realidad es como la Pirámide Roja, sólo que algo mayor y con piedras más pesadas. Y la Pirámide Roja es el resultado de lo aprendido durante la construcción de la Pirámide Acodada. La cual es un intento de evitar los errores cometidos con la pirámide de Meidum, que a su vez es una pirámide escalonada disfrazada. Y las pirámides escalonadas son apilamientos de mastabas. Lo que estamos viendo es el resultado de un siglo de evolución. Un siglo de ensayo y error, de aprendizaje, de logros, obra de los egipcios, sin necesidad de ayuda exterior.

Los hijos de Keops siguieron erigiendo grandes pirámides, como la de Dyedefra (hoy en ruinas, pues fue demolida por los romanos) y la de Kefrén. A partir de ahí la fiebre por construir pirámides gigantes fue declinando. Hubo periodos oscuros, renacimientos, y una mayor gloria durante el Imperio Nuevo, pero los faraones prefirieron ser enterrados en hipogeos en el Valle de los Reyes. Las pirámides habían pasado de moda.

Recapitulemos. Si los egipcios pudieron construir las pirámides con la tecnología existente en la época, ¿por qué esa manía de muchos «piramidólogos» de recurrir a alienígenas o a civilizaciones perdidas? Lo consideraremos en la próxima entrada, con la que concluiremos esta serie.

Pirámides (II)

¿Cómo es posible que las antiguas civilizaciones erigieran monumentos similares en lugares tan distantes como América y Egipto? Alguien con inteligencia y medios superiores se dedicó a difundir la idea por el mundo, dirán los «piramidólogos». Sin embargo, existe otra posibilidad: el origen independiente. Consideremos las posibles objeciones de los «piramidólogos».

alien_egiptoFuente: www.hopechannel.com

¿Cómo se explica que esos pueblos antiguos sintieran la necesidad repentina de edificar monumentos enormes?

Las clases dirigentes de aquellos primeros reinos e imperios necesitaban consolidar su poder, y un gran monumento otorgaba prestigio. Cuanto mayor, mejor; lo mismo daba que fuera en América o en Eurasia. Los visitantes extranjeros quedaban impresionados por semejante muestra de poderío, y quizá se lo pensaran dos veces antes de atacar a una civilización capaz de crear tales maravillas. Incluso podrían sentirse tentados a unirse a ella. Por otro lado, los grandes monumentos fomentaban el orgullo nacional y contribuían a cohesionar la sociedad, logrando que la gente trabajara en un proyecto común.

De acuerdo, la presencia de grandes edificaciones es justificable, pero ¿por qué precisamente les dio a todos por las pirámides y no por otra cosa? Qué «casualidad»…

Recapitulemos. Esas sociedades se hallaban en los albores de la Edad del Bronce. Hasta entonces, la arquitectura se basaba en edificios de adobe o ladrillo. Se empezaba a usar la piedra, incluso en bloques muy grandes, pero poco más. Con ese nivel tecnológico, el método empleado para levantar un edificio colosal consistía en apilar piedra sobre piedra.

Pues bien, si tienes que apilar piedras para construir un monumento muy grande, éste deberá ser más ancho por la base que por arriba. Así es más difícil que se desplome por su propio peso. Hemos elaborado este detallado dibujo para explicarlo: 🙂

apilado

Algo grande, ancho por la base, estrecho por el ápice…  Y si tiene los lados planos, pues más cómodo será a la hora de enlucirlo o decorarlo con frisos, pongamos por caso. En suma, tendremos una pirámide o algo que se le parecerá mucho. Da igual que sea en Egipto, Guatemala o China: si con ese nivel tecnológico quieres construir algo monumental y que no se te caiga encima, acabarás por erigir una pirámide.

En realidad nos hemos limitado a aplicar el principio de parsimonia, tan querido por la ciencia: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. No es necesario recurrir a maestros alienígenos, la Atlántida o el inconsciente colectivo, si algo tan obvio como la forma más sensata de apilar bloques nos da una respuesta satisfactoria.

Esto… El principio de parsimonia no siempre acierta. Me sigue pareciendo difícil de creer que el parecido entre pirámides edificadas en continentes distintos se deba a un origen independiente…

Recordemos la entrada anterior. ¿Cómo distinguir una homología (el parecido se debe a un origen común) de una analogía (origen independiente)? La Biología podría darnos pistas.

Para averiguar si el parecido entre dos cosas se debe a una homología, fijémonos en cómo están «construidas». ¿Siguen el mismo patrón? Sería una prueba de homología. ¿Un ejemplo? Nuestro brazo y el ala de un murciélago son homólogas, herencia de un antepasado común, y la pista nos la proporciona el interior, el esqueleto: los huesos implicados en la «construcción» de ambas extremidades son los mismos:

alas_homolFuente: adaptado de hcosmico.blogspot.com.es

En cambio, si el parecido se debe a una analogía, esa similitud no suele reflejarse en la «forma de construir». Comparemos las alas de un murciélago y una libélula. Aunque se parezcan y sirvan para lo mismo (volar con agilidad), están «construidas» de forma muy distinta. Las del murciélago son de piel, sostenidas por el esqueleto de unos dedos que más parecen las varillas de un paraguas. En el caso de la libélula, las alas pudieron originarse a partir de branquias modificadas o de expansiones del exoesqueleto:


aparato-alar-de-los-insectosFuente: lacienciaysusdemonios.com

Comparemos lo que ocurre en la naturaleza con el caso de las pirámides. En las distintas civilizaciones, el aspecto de estas construcciones es similar. Con aquella tecnología antigua, no hay otra alternativa si quieres que un edificio grande no se desplome:

tipos-de-piramidesFuente: reydekish.com

La forma externa puede ser parecida, pero la manera de edificarlas varía considerablemente. Cada pueblo se enfrentó al mismo problema, pero lo solucionó a su manera, adaptándose a las condiciones locales y haciendo gala de gran ingenio.

Las pirámides egipcias tenían un propósito funerario, y estaban formadas por grandes bloques de piedra. En cambio, las pirámides americanas solían funcionar como plataformas con un templo en la cima (aunque algunas también podían contener tumbas). La forma de construir las pirámides americanas era muy variada, según la cultura que examinemos. A veces se trataba de gradas superpuestas. En algunos casos se creaba un núcleo a base de amontonar grava compactada, que luego se recubría con piedras (no tan grandes como en Egipto). En otras ocasiones, un edificio antiguo relativamente pequeño era «actualizado», usándolo como base para construir otro mayor, y sobre éste otro mayor, como si fueran capas de una cebolla, hasta acabar obteniendo una pirámide gigantesca.

En resumen, un mismo  problema fue solucionado de modos muy diversos. Eso parece indicar que las pirámides de las distintas civilizaciones son análogas, no homólogas. Si tuviéramos que apostar, lo haríamos por una génesis independiente.

Pero… es que empezaron a construir pirámides gigantescas de repente, sin tradición previa. Eso sólo se explica si alguien les animó a hacerlo y les enseñó, ¿verdad?

¿Sin tradición previa? ¿Seguro? Lo discutiremos en la siguiente entrada.

Pirámides (I)

Como es sabido, algunos pueblos de la Antigüedad construyeron enormes pirámides que hoy siguen despertando nuestra admiración. Sus artífices vivieron en los albores de la civilización, en lugares tan distantes como Egipto y Mesoamérica.

Centrémonos en los egipcios y los mayas. Monumentos similares en distintos continentes, sociedades con un nivel tecnológico de la Edad del Bronce… Por eso, hay quienes piensan que sus pirámides forzosamente deben tener un origen común. Alguien enseñó a esos pueblos «primitivos» a edificar tan imponentes edificios de piedra. Los candidatos son diversos: extraterrestres, civilizaciones perdidas como la Atlántida… Otros opinan que fueron los propios egipcios, poseedores de una tecnología hoy perdida, quienes viajaron hasta América para enseñar a los mayas. Son teorías atractivas, y muchos libros pseudocientíficos se han publicado al respeto. Por supuesto, más de un autor de ciencia ficción las ha recogido como argumento para sus novelas (o películas, o series de TV).

giza_alienFuente: www.ancient-code.com

Como el internauta curioso podrá comprobar, proliferan los sitios donde se «demuestra» que es imposible que nuestros antepasados pudieran construir unas pirámides tan enormes. Más aún: si civilizaciones tan separadas constuyeron edificios similares, debe deberse a un origen común, ¿no? ¿O hay otra alternativa?

Bien, vayamos por partes. Ocupémonos primero del problema del origen común. Puede ser interesante considerarlo desde el punto de vista de un biólogo. 🙂

Al igual que egipcios y mayas tienen en común las pirámides, en la naturaleza vemos que hay muchos seres vivos que comparten caracteres similares. Por ejemplo, el esqueleto de nuestros brazos y piernas es similar al de aves, anfibios o reptiles: un hueso que las conecta al cuerpo, a continuación dos huesos y al final un montón de huesecillos que forman las manos o los pies. Véase:

Homology vertebrates-esFuente: es.wikipedia.org

Como nos indica el registro fósil, estas similitudes se deben a que han sido heredadas de un antepasado común. En este caso, hablamos de homologías. Así, nuestras piernas y las patas de una salamandra son homólogas, pues ambas proceden de un antiguo ancestro: un vertebrado tetrápodo.

Estupendo, dirán los piramidólogos: eso apoyaría la idea de que las pirámides egipcias y mayas son homólogas, con un origen común (atlante o extraterrestre, a elegir). ¿Verdad?

No necesariamente. Existe otra posibilidad.

En la Naturaleza, los parecidos no siempre se deben a la herencia común. En tal caso no hablamos de homologías, sino de analogías. Los caracteres similares pueden adquirirse de forma independiente; por ejemplo, debido a que el medio ambiente somete a animales, plantas y demás seres a presiones selectivas parecidas.

Veamos un ejemplo. Hay muchos animales voladores, capaces de desplazarse por el aire gracias a sus alas. Por lo que sabemos, éstas surgieron de forma independiente al menos cuatro veces a lo largo de la Historia de la Vida: en los insectos, pterodáctilos, aves y murciélagos. Sí, en esos cuatro casos encontramos alas, pero no han sido heredadas de un antepasado común. En cada uno de esos grupos zoológicos la evolución propició, a su manera, la habilidad de volar. Sus alas son análogas, no homólogas.

Baste otro ejemplo, esta vez vegetal. Las cactáceas (o sea, los cactus) son plantas magníficamente adaptadas a la sequía:

cactus

No obstante, hubo plantas de familias diferentes, no emparentadas estrechamente con los cactus, que se enfrentaron a similares condiciones ambientales (calor, escasez de agua…). La selección natural hizo que, de forma independiente, adoptaran un aspecto parecido al de los cactus. Por ejemplo, algunas euforbiáceas:

euforbia

O algunas asclepiadoideas:

asclepia

Parecen cactus pero, insistamos, no lo son. No heredaron los tallos carnosos y las espinas de un antepasado común. En cada familia botánica los obtuvieron por su cuenta.

En resumen, los parecidos no implican obligatoriamente un origen común. Entonces, ¿son las pirámides egipcias y mayas homólogas o análogas? En la próxima entrada lo discutiremos.

Primer contacto (IV)

Hemos visto que para el desarrollo de una civilización compleja es necesaria una Agricultura basada en plantas con semillas que se puedan almacenar con facilidad. Tal circunstancia se dio en varios lugares de Eurasia y América. Pero…

Cuando contemplamos lar ruinas que nos legaron las civilizaciones precolombinas, con sus pirámides y templos que rivalizan con los del antiguo Egipto, nos maravilla la destreza de sus constructores. El ingenio humano es universal; sin embargo, si comparamos fechas, nos damos cuenta de que las civilizaciones de Eurasia y norte de África son mucho más antiguas. Por el motivo que fuere, empezaron antes la carrera hacia la complejidad.

TenochtitlanModelMaqueta de Tenochtitlán (fuente: es.wikipedia.org)

Los imperios precolombinos son recientes. Tenochtitlán, la capital azteca, fue fundada en 1325. Manco Cápac, el primer soberano inca, pudo empezar su reinado en torno a 1200. Estamos hablando de culturas con tecnología, como mucho, de inicios de la Edad del Bronce. Para situarnos en el tiempo, en 1212 tuvo lugar al otro lado del Atlántico la batalla de las Navas de Tolosa, donde los reyes cristianos derrotaron a los almohades que controlaban buena parte de la Península Ibérica. Una batalla épica, con cargas de caballería y armas de acero. En Eurasia, los distintos pueblos llevaban milenios matándose entre sí, con notable inventiva.

El caracol de Chichén ItzáObservatorio de El Caracol en Chichen Itzá (fuente: es.wikipedia.org)

La época dorada de los mayas fue algo anterior. Eso sí, los mayas tuvieron sus altibajos. Cada vez que alcanzaban altas cotas de civilización (periodos Preclásico, Clásico y Postclásico), el agotamiento de los recursos o las feroces guerras civiles provocaban el abandono de ciudades otrora florecientes. Para situarnos, la ciudad de El Mirador, del periodo Preclásico, fue abandonada en torno al año 150 de nuestra era. Tikal, una de las principales ciudades mayas clásicas, floreció de los siglos III al XI. En cuanto a Chichen Itzá, la ciudad más destacada del Postclásico, con sus pirámides (la más famosa, del siglo XII) y su observatorio astronómico (siglo X)…

En cuanto a Teotihuacán, era una ciudad en ruinas cuando los primeros mexicas acertaron a pasar por allí. A ellos les pareció la ciudad de los dioses, un lugar tan antiguo como el tiempo. Sin embargo, su edificio más emblemático, la pirámide del Sol, se construyó durante los siglos I a II. O sea, en el apogeo del Imperio Romano. La ciudad alcanzó su máximo esplendor en el siglo VII, pero a partir de ahí comenzó un declive que condujo a su colapso. Para el siglo IX estaba prácticamente deshabitada.

Zonnepoort tiwanakuPuerta del sol de Tiwanaku (fuente: es.wikipedia.org)

Por supuesto, hubo civilizaciones precolombinas anteriores. En Sudamérica, la cultura más longeva fue la tiahuanaco. A los aficionados a las teorías sobre dioses astronautas les sonará el nombre de Tiahuanaco (o Tiwanaku), con su famosa puerta del sol, templos, monolitos… Aunque según ciertos historiadores Tiahuanaco fue fundada en 1580 a.C., no dejó de ser una aldea hasta el siglo II de nuestra era, cuando comenzó un espectacular (y monumental) desarrollo urbano. Es decir, en tiempos del Imperio Romano.

20041229-Olmec Head (Museo Nacional de Antropología)Cabeza olmeca (fuente: es.wikipedia.org)

Muchos consideran a la olmeca, conocida por sus monumentales cabezas de piedra, como la cultura madre de las civilizaciones mesoamericanas. Floreció del 1200 a.C. al 400 a.C. Al otro lado del mundo, en Egipto, en el 1200 a.C. subía al trono Seti II, de la XIX dinastía. Por aquella época, Egipto comenzaba su decadencia, acosado por los Pueblos del Mar, tras haber pasado por los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo. La Gran Pirámide había sido terminada el 2570 a.C. Casi catorce siglos antes, que se dice pronto. Y si nos fijamos en Mesopotamia, en el 1200 a.C. ya habían pasado por allí, fundado grandes ciudades y desaparecido los sumerios, acadios, babilonios, el reino Mitani… Los asirios resistían los embates de los Pueblos del Mar, que, como quien no quiere la cosa, habían contribuido al colapso del imperio hitita, entre otros.

En resumen, la civilización comenzó mucho antes en el Viejo Mundo. En Mesopotamia, la cultura de Uruk (del 3800 al 3200 a.C.) inventó la rueda y la escritura, desarrolló una sociedad compleja y al final del periodo empezó a utilizar el bronce. El Periodo Dinástico Temprano de Egipto se inició el 3100 a.C. Pocos siglos después, en torno al 2650 a.C., el arquitecto Imhotep diseñó el complejo funerario de la Pirámide Escalonada de Saqqara, considerado el primer gran complejo monumental de piedra del mundo.

Pero en la zona del Creciente Fértil y aledaños hubo pueblos desde milenios atrás. Damasco, la actual capital siria, pudo estar ocupada desde el 6300 a.C. En Jericó ya había asentamientos con casas de ladrillos el 8000 a.C. Y estas fechas se quedan cortas frente al santuario megalítico de Göbekli Tepe, en Turquía. El sitio pudo estar ocupado antes del 11000 a.C. Sí, antes incluso de la revolución neolítica.

Gobekli Tepe 2Monolito de Göbekli Tepe (fuente: es.wikipedia.org)

En resumen, pese a que en América existía una agricultura basada en cereales y legumbres, en Asia y Egipto llevaban milenios de adelanto. Además, las diferencias no son sólo temporales. Las culturas precolombinas exhibían ciertas carencias llamativas.

Desconocían la metalurgia del hierro. Cuando en Mesoamérica surge la cultura olmeca (1200 a.C.), en el Mediterráneo y Oriente Próximo los Pueblos del Mar ya estaban poniendo patas arriba todo el mundo antiguo. Sus armas de bronce mejoradas, así como las de hierro (caso de los filisteos, por ejemplo) hendían las corazas de bronce de sus enemigos con facilidad. Insistamos: cuando en América se originaban las primeras culturas, el Viejo Mundo ya estaba de vuelta y entraba en una edad oscura, con el colapso de imperios en algunos casos milenarios.

La escritura era conocida por los mayas, pero su uso no se difundió por América. El resto de civilizaciones precolombinas eran analfabetas.

En Mesoamérica conocían la rueda, tal como muestran los hallazgos de ciertas figurillas. Y pese a eso, no la usaban para el transporte, que se efectuaba a pie, y las mercancías se llevaban a hombros de porteadores.

Podríamos poner más ejemplos de invenciones que en Eurasia se utilizaban desde hacía muchos siglos y eran desconocidas en América, como el arado. O grandes barcos capaces de surcar los océanos. O la pólvora.

¿Por qué?

Para que se dé una civilización con tecnología avanzada se necesita algo más que la Agricultura. Y en ese aspecto, los americanos tuvieron muy mala suerte.