Nueva promoción de nuestras obras en Amazon

Durante octubre de 2016 han sido seleccionadas varias de nuestras obras (versión Kindle) para participar en una promoción en Amazon (.com, .es y .mx).

En concreto, se ofrecen nuestros relatos de ciencia ficción ambientados en el Universo Corporativo (UniCorp). Por un lado, tenemos la trilogía integrada por La embajada, Asedro y Baile de locos:

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Y las antologías… Nadie es perfecto incluye las novelas cortas Dar de comer al sediento y El factor crítico.

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De hombres y máquinas incluye las novelas cortas Nina y Dime con quién andas…

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Intrusos en el paraíso incluye las novelas cortas Inmigrantes y Juegos e instintos.

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Vidas extrañas incluye las novelas cortas Un cruce en la noche y El hongo que sabía demasiado.

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Finalmente, nuestras historias de antropólogos están recogidas en la antología Juegos perversos, que incluye los relatos Pájaro en mano, Requiescat in pace, Una de vampiros, Juegos perversos y Crisis en la eternidad.

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Y cómo no, en nuestra web del UniCorp ofrecemos otros relatos y artículos (gratis, en este caso).

Además de la ciencia ficción, también se puede adquirir nuestra novela histórica, ambientada en la Tercera Cruzada, Oriente y Occidente, en sus dos versiones (español y catalán). La oferta alcanza a la versión en español, que se ofrece tanto en formato Kindle como en papel de toda la vida (tapa blanda):

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Monstruos imposibles (y IV)

Finalmente, ocupémonos de la gente diminuta, tamaño liliputiense. Por ejemplo, las hadas, como las de esta famosa foto trucada:

Cottingley_Fairies_1El famoso escritor Arthur Conan Doyle creía que esta foto era auténtica  (fuente: en.wikipedia.org)

Ya hemos visto que los gigantes son inviables, mayormente porque sus piernas serían incapaces de aguantar el peso corporal. Sin embargo, parece que esas hadas no tendrían ese problema, ¿verdad?

Pues tampoco son posibles, y por el mismo motivo: la inexorable ley cuadrático-cúbica.

Como ya vimos, al aumentar el tamaño, las superficies se incrementan al cuadrado y el volumen lo hace al cubo. Cuando reducimos las dimensiones, ocurre lo que cabía esperar: en proporción, el volumen disminuye muchísimo más que la superficie. Dicho de otro modo: a menor tamaño, la relación entre superficie y volumen es mucho mayor. Y aquí entra en juego el metabolismo.

Para que la vida funcione, hay que tomar del exterior nutrientes, oxígeno, etc., y excretar al medio los productos de desecho. Y todo esto se hace a través de membranas. O sea, de superficies.

Los animales grandes, como Homo sapiens, tenemos un problema. Nuestra relación entre superficie y volumen es muy baja. Para compensarla y poder llevar todo lo necesario a cada una de nuestras células, bombeamos el aire mediante un complejo sistema respiratorio, nuestro corazón no para de mover la sangre, los pulmones tienen alvéolos para incrementar su superficie (al igual que el intestino posee microvellosidades, por el mismo motivo)… En fin, a fuerza de ir eliminando a los menos eficientes, las mejores estrategias para vivir con un cuerpo grande han ido superando la criba de la evolución.

 IncredibleShrinkingMan-posterFuente: es.wikipedia.org

Pensemos ahora en una de esas hadas, en el increíble hombre menguante o en Pulgarcito. Así, a ojo, supongamos que uno de estos diminutos seres mide 15 veces menos que un humano normal. La superficie de su cuerpo se habrá reducido 225 veces y el volumen 3375. O sea, la relación entre superficie y volumen se ha incrementado por 15.

Como el metabolismo depende de la superficie de intercambio disponible, su velocidad se multiplicará por 15. En proporción, consumirá 15 veces más oxígeno que nosotros; bien rápido tendrá que respirar, el pobrecillo. Necesitará 15 veces más comida. Sus músculos serán 15 veces más fuertes de lo necesario para un cuerpo de ese tamaño (la fuerza de un músculo depende de su sección).

Además, las criaturas de sangre caliente de tamaño tan pequeño tienen problemas para mantener la temperatura. Con una relación superficie/volumen tan alta, el calor se disipa a gran velocidad a través de la piel desnuda. En caso de cubrirse con vestidos, la ropa le pesaría 15 veces más, en proporción.

Demasiado para su cuerpecillo. Un metabolismo tan veloz lo consumiría bien pronto. Eso, si los propios músculos, excesivos para su tamaño, no le rompen los huesos. O si no se muere antes de hambre, buscando alimento desesperadamente. O de frío. O de un golpe de calor. O de un pisotón por parte de un animal mayor. Ah, y un cerebro tan pequeño tendría menos neuronas. El Pulgarcito en cuestión no sería tan espabilado como el de los cuentos… 🙂

Hay mamíferos muy pequeños, desde luego, como la musarañita (Suncus etruscus), pero está en el límite. No llega a 5 cm, debe comer diariamente el doble de su peso, su corazón late 25 veces por segundo… Su vida es corta.

21005GLos insectos basan su éxito evolutivo, entre otras cosas, en su pequeño tamaño.

Los reyes del mundo enano son los insectos y otros artrópodos. Sus cuerpos son muy diferentes a los nuestros, ideales para las dimensiones reducidas, con patas muy finas. El sistema respiratorio también es diferente. No necesitan pulmones; les basta con tráqueas, unos tubos que llevan el aire directamente al interior del cuerpo. Por cierto, ese peculiar modo de respirar les impide alcanzar tamaños grandes.

Dorylaimidae2Los nematodos o gusanos redondos poseen cuerpos simples: un tubo digestivo, gónadas, sistema nervioso y poco más. Gracias a su tamaño minúsculo no necesitan branquias ni sistema circulatorio.

Si seguimos bajando hasta lo realmente diminuto, triunfan animales como los nematodos. Estos gusanos, algunos de ellos tan molestos como las lombrices intestinales o el Anisakis, son tan pequeños que su relación entre superficie y volumen es enorme. No necesitan sistema respiratorio ni circulatorio, y les va de fábula.

03mucor02Hifas de un hongo. Un cuerpo tan simple proporciona una relación entre superficie y volumen enorme.

Los hongos son otros organismos que deben su elevada tasa de crecimiento a la relación entre superficie y volumen. Sus cuerpos se componen de diminutos filamentos (hifas), tan delgados que la superficie disponible es enorme. Por eso pueden intercambiar nutrientes y crecer a velocidad asombrosa. Como bien saben los buscadores de setas, éstas pueden brotar en cuestión de horas.

¿Y las bacterias? Son tan, tan minúsculas que su superficie de intercambio es tremenda. Eso les permite un ritmo de vida frenético: algunas pueden fabricar copias de sí mismas en cuestión de minutos. Cuando eres diminuto no necesitas un cuerpo complejo. La propia relación entre superficie y volumen es la clave del éxito.

En resumen, pueden existir gigantes y enanos, pero la física impone restricciones. Sus cuerpos serán muy diferentes a los nuestros. Téngase esto en cuenta cuando intenten trucar fotos con supuestos hallazgos que revolucionarían nuestros conocimientos arqueológicos y todo eso. 🙂

Por fin terminamos esta serie de entradas, amigo lector. Que pases un feliz mes de agosto y sobrevivas a chiringuitos playeros, medusas, cuñados y demás plagas estivales. Y si vives en el Hemisferio Sur, que el frío te sea leve. 🙂

Monstruos imposibles (III)

Para terminar con los gigantes que caminan sobre dos patas, dediquemos unas palabras a los realmente grandes. O sea, Godzilla. 🙂

Gojira 1954 Japanese posterFuente: es.wikipedia.org

En la Wikipedia leemos que las distintas versiones del entrañable monstruo japonés alcanzan de 50 a 108,2 m de altura, y pesan de 20.000 a 90.000 toneladas. Si tenemos en cuenta que el Titanic desplazaba 52.310 toneladas, imaginemos el peso de un transatlántico sostenido por dos patas…

Si el gigantismo impone limitaciones a los animales caminantes, peor lo tienen los voladores. Mientras que el peso sube en función del cubo, la superficie alar sólo lo hace al cuadrado. Por tanto, conforme se aumenta de tamaño crecen desmesuradamente los problemas de sustentación. Veámoslo con un ejemplo aeronáutico.

Consideremos un avión de dimensiones modestas, como el Bombardier CRJ200. Transporta 50 pasajeros. Mide 27,77 m de largo, su superficie alar es de 48,35 m2 y su peso máximo al despegar de 24.091 kg. Comparémoslo con un gigante: el Antonov An-225.

El An-225 (84 m) triplica la longitud del CRJ200. Su volumen se ajusta a lo que cabría esperar según la ley cuadrático-cúbica; el peso máximo al despegar es de 640.000 kg, nada menos. Pero el An-225 no es una mera copia aumentada de un avión más pequeño. En tal caso, no podría volar. Observemos la imagen siguiente, en la cual hemos reducido los dibujos de ambos aviones aproximadamente al mismo tamaño.

CRJ_AnFuente: Google imágenes.

Para sostener un peso casi 27 veces mayor, las alas tienen que aumentar su superficie desproporcionadamente. Compárenlas en el dibujo. Si el An-225 mantuviera las proporciones del CRJ200, su superficie alar sería de unos 435 m2. Sin embargo, en realidad es mucho mayor: 905 m2. E incluso eso es insuficiente para mantener al An-225 en el aire. Fue necesario ponerle más motores, y mucho más potentes.

Los seres vivos no tienen la posibilidad de añadir motores turbofán adicionales. El empuje que pueden generar los músculos es limitado. Un ave grande tiene que aumentar desproporcionadamente la superficie de sus alas, pero sólo hasta cierto punto. Le queda el recurso de intentar bajar peso sin perder resistencia; por ejemplo, con huesos huecos. Sin embargo, el tamaño no puede crecer indefinidamente. El ave voladora mayor de la que se tiene noticia fue Pelagornis sandersi, que vivió hace unos 25 millones de años. Tenía el aspecto de un albatros gigante. Su envergadura alar alcanzaba los 7,4 m, y su peso no excedía los 40 kg gracias a que, entre otras cosas, sus huesos eran huecos y había reducido la musculatura hasta el mínimo imprescindible.

 Quetzscale1Fuente: es.wikipedia.org

Los pterosaurios, con otro esquema corporal, alcanzaron dimensiones mayores, aunque no demasiado. Quetzalcoatlus northropi tenía una envergadura alar de 11 m, con un peso estimado de hasta 250 kg. Hay científicos que piensan que era incapaz de volar con esa masa. Estaba en el límite de lo que la naturaleza permite a un animal volador más pesado que el aire.

MothraMothra y Godzilla (fuente: popcultureaddict.com)

Por eso son imposibles las criaturas voladoras como Mothra, otro simpático monstruo japonés colega de Godzilla. En sus distintas versiones, según la Wikipedia, pesa de 15.000 a 25.000 toneladas. Para comparar, el mayor buque de la Armada Española, el Juan Carlos I, desplaza 26.000 toneladas. Pero Mothra tiene las proporciones de una polilla. Por más que la envergadura alar sea de 75 a 250 m, son insuficientes para sustentar tanto peso. Y no digamos si pretendía posarse en el suelo, con esas patitas que parecen alambres… 🙂

En resumen: un animal volador gigante no puede tener las proporciones de uno pequeño. Ha de cambiar su aspecto, pero eso tiene un límite. Para que pudieran existir monstruos como Mothra o Godzilla, habría que rediseñar completamente el cuerpo. O recurrir a la magia. O emplear otros materiales que no fueran músculos, huesos y tendones. O incorporar globos de algún gas más ligero que el aire.

Y para terminar esta serie de entradas veraniegas, en la última dejaremos los gigantes y nos ocuparemos de los enanos. 🙂

Nuevo relato del UniCorp: «La barbacoa»

Guillem y yo, siguiendo una venerable tradición literaria, hemos decidido publicar una obra inédita en formato de serial. Periódicamente irá apareciendo un capítulo en el sitio web de Wattpad. Puede accederse a nuestro perfil haciendo clic en el siguiente icono (la inscripción es gratuita): wattpadLa obra elegida es La barbacoa, una de nuestras historias de antropólogos.

BarbacoaPara más información, puede consultarse la sección obras en la web del UniCorp. Otras historias de antropólogos (cinco, en total) aparecen reunidas en la antología Juegos perversos, a la venta en Amazon.

JuegosNuestra intención es ir subiendo un capítulo por semana, hasta completar la obra. Amable lector, esperamos que te agrade el invento. 🙂

El Blob es real

Natura artis magistra. En ocasiones, los escritores de ciencia ficción no tienen que calentarse la cabeza para inventar asombrosas criaturas alienígenas. Pululan a nuestro alrededor, y en ocasiones las pisamos o nos sentamos encima de ellas.

amebaAmeba vista al microscopio. La foto me salió algo movida porque la susodicha no paraba de formar pseudópodos. Las células más pequeñas y oscuras, con forma de grano de arroz, son bacterias.

Consideremos las amebas: protozoos unicelulares, sin pared rígida, que vagan por el agua emitiendo pseudópodos, fagocitando bacterias y otros microbios. Algún autor se ha inspirado en las amebas para imaginar masas de protoplasma semoviente, que engloban todo a su paso: el caos reptante, la destrucción sin mente. De hecho, en 1958 vio la luz una memorable película de terror, The Blob (en España, La masa devoradora; en América, La mancha voraz), protagonizada por un joven Steve McQueen que se enfrenta a un engendro ameboide que devora todo cuanto pilla. Hoy se ha convertido en uno de esos filmes de culto de los que la crítica abomina, pero que a todos nos divierte visionar. Por cierto, a McQueen sólo le pagaron 3000 dólares por interpretar su papel…

BLOB

Afortunadamente, las amebas son microscópicas y no van por ahí acosando a la gente.

¿Seguro? 🙂

Las amebas se reproducen por bipartición. El núcleo celular se divide, el citoplasma también… Resultado: dos amebas idénticas. Sencillo y efectivo. Pero hay amebas que se comportan de otra manera.

Amable lector, permite que te presentemos a los mixomicetes. O «mixos», como los llamamos afectuosamente los micólogos (en el pasado fueron tomados por hongos). Piensa en una ameba unicelular, cuyo núcleo se divide, pero no su citoplasma. Bien, eso origina una célula con dos núcleos. Éstos se dividen, y dan cuatro. Y luego ocho, dieciséis, treinta y dos… Puedes seguir calculando potencias de dos hasta que te canses. El caso es que obtenemos una sola célula ameboide muy, pero que muy grande con millones de núcleos. Y semejante criatura tiene que moverse y comer para no morirse de hambre.

plasmodioPlasmodio de mixomiceto sobre corteza de pino.

¿Cómo lo hace? El modo más eficiente es adoptar forma de abanico, con un frente de ataque que va fagocitando bacterias y levaduras a su paso, y unas venas por las que el citoplasma circula de un lado a otro. A esta ameba hipertrofiada la llamamos plasmodio. Suelen pasar desapercibidos, pero algunos exhiben colores brillantes y alcanzan gran tamaño. Y llegan a asustar.

plasmodio2Plasmodio de respetable tamaño. Algunos lo denominan «vómito de perro».

Tranquilos, son inofensivos. En un momento dado, el plasmodio siente que ha llegado la hora de reproducirse y forma esporas agrupadas en esporangios, o bien en estructuras más grandes e irregulares, los etalios. La forma de dispersar las esporas nos recuerda a la de ciertos hongos, como los cuescos de lobo.

LeocarpusEsporangios inmaduros de Leocarpus fragilis.

El problema surge cuando, en la vida real, te encuentras en tu jardín una extraña masa, con pinta de vómito canino, y descubres que va poco a poco creciendo y moviéndose. Además, huele raro. Y si tratas de eliminarla a manguerazo limpio, descubres que su interior está repleto de una sustancia pulverulenta. Hay quien ha llamado a la policía, creyendo que el Blob trataba de invadir nuestro planeta… 🙂

Relajémonos. Se trata de las esporas que se forman a partir de etalios de gran tamaño, como los de Fuligo septica. Puede ser molesto y feo pero, insistimos, nos hallamos ante una criatura inofensiva.

LycogalaAlgunos mixos, como Lycogala epidendrum, producen grandes estructuras almohadilladas, los etalios. Al madurar se tornan de color oscuro y encierran millones de esporas microscópicas.

Más bien son los mixos los que deben temernos a nosotros. Según hemos leído, Enteridium lycoperdon, conocido en algunos lugares de México como caca de luna (poético nombre…) produce plasmodios comestibles, una vez fritos. Sobre gustos… 🙂

EnteridiumCaca de luna (Enteridium lycoperdon).

Para terminar, a título de curiosidad, Physarum polycephalum, un mixo de los grandes, tipo Blob, se ha convertido en un organismo estrella para muchos investigadores. Una excursión por Internet nos ilustrará sobre experimentos en los cuales este mixo ayuda a diseñar redes ferroviarias en Japón o de carreteras en la Península Ibérica, puede generar música a partir de impulsos eléctricos…

No sólo la ciencia ficción despierta el sentido de la maravilla. La naturaleza siempre nos sorprenderá.

Promoción de nuestras obras en Amazon.com, .es y .mx

Del 15 al 29 de febrero de 2016 hay una promoción de los libros con nuestras novelas y relatos (versión Kindle) en varios sitios web de Amazon (.com, .es y .mx). Antes y después de esas fechas, los precios seguirán siendo los habituales.

En la promoción se incluye nuestra novela histórica, ambientada en la Tercera Cruzada, Oriente y Occidente, en sus dos versiones (español y catalán):

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Asimismo, en la promoción se ofrecen nuestros relatos de ciencia ficción ambientados en el Universo Corporativo (UniCorp). Por un lado, tenemos la trilogía integrada por La embajada, Asedro y Baile de locos:

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De hombres y máquinas incluye las novelas cortas Nina y Dime con quién andas…

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Intrusos en el paraíso incluye las novelas cortas Inmigrantes y Juegos e instintos.

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Vidas extrañas incluye las novelas cortas Un cruce en la noche y El hongo que sabía demasiado.

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Finalmente, nuestras historias de antropólogos están recogidas en la antología Juegos perversos, que incluye los relatos Pájaro en mano, Requiescat in pace, Una de vampiros, Juegos perversos y Crisis en la eternidad.

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Y cómo no, en nuestra web del UniCorp ofrecemos otros relatos y artículos (gratis, en este caso). Seguimos escribiendo… 🙂

Parece de ciencia ficción…

Permítenos, amable lector, incluir un inciso entre armas, gérmenes y acero.

Cuando releemos algunos relatos de ciencia ficción que escribimos años atrás, constatamos cómo ciertas «predicciones» en ocasiones se cumplen en elmundo real. A veces son divertidas; otras, no tanto.

Vidas

Vamos primero con una de las pintorescas. Hace tiempo publicamos una novela corta, El hongo que sabía demasiado (aparece incluida en la antología Vidas extrañas). En ella relatamos las peripecias de un inexperto diplomático al que envían a un planeta donde todo gira en torno a los hongos. Éstos son fuente de alimento, se emplean como herramientas, e incluso las viviendas se construyen con sus micelios.

¿Exagerado? Quizá no tanto. Los hongos pueden cultivarse para fabricar materiales de construcción. En serio. En el sitio web de Mycoworks nos enseñan cómo se fabrican ladrillos fúngicos, ligeros y resistentes. Qué cosas. Natura artis magistra. 🙂

Otras «predicciones» resultan más sombrías.

Linea

Muchos de nuestros relatos giran en torno a la guerra. Nos guste o no, ha acompañado a la Humanidad desde el principio, y nos tememos que seguirá con nosotros durante mucho tiempo. En ella se muestra lo mejor y lo peor del ser humano, y da mucho juego a los escritores, que pueden contar historias que van desde lo sórdido hasta lo épico.

En las novelas de ciencia ficción es frecuente especular sobre el armamento del futuro. Desde que empezamos a escribir a dúo, hace ya algunos lustros, nos pareció lógico que en el futuro se emplearan cazabombarderos no tripulados, dirigidos a distancia. Tienen muchas ventajas; sobre todo, no llevan un frágil piloto de carne y hueso en su interior, por lo que pueden efectuar maniobras con mucha mayor libertad. Además, si el enemigo derriba uno, no puede exhibir o torturar a los pilotos.

Al inicio de una de nuestras primeras novelas, Tras la línea imaginaria (publicada en 2004, pero los primeros borradores son de la década anterior) relatamos la angustia y el miedo que experimentan unos pilotos humanos, a bordo de interceptores obsoletos, que deben enfrentarse a unos cazabombarderos no tripulados de última generación. Saben que van a morir. Su única obsesión es derribar uno solo de aquellos monstruos mecánicos, demostrar que no son invencibles, obtener una victoria moral.

En fin, ahí están los drones. Feos, prosaicos y de una eficacia letal. Bienvenidos al futuro.

Más cosas. En muchos relatos dimos por sentado que las sociedades futuras avanzadas están dispuestas a ceder libertad a cambio de seguridad. Suena familiar, ¿verdad?

A veces, al releer lo que escribimos, nos asustamos. Ojalá que no se cumplan ciertas cosas. Por suerte, el futuro no está escrito.

Y ahora, a continuar con la serie de entradas sobre el origen de la desigualdad humana.

Primer contacto (I)

El tema del «primer contacto» es uno de los más queridos por la ciencia ficción. ¿Qué ocurriría si nuestra civilización se topara con otra alienígena? ¿Nos comprenderíamos y colaboraríamos? ¿Nos ignoraríamos, incapaces de comunicarnos? ¿Habría hostilidad y guerra? En el peor de los casos, ¿exterminaría una a la otra? ¿O se daría el caso de la mutua destrucción? Muchas (y algunas excelentes) historias se han escrito al respecto. Lo más curioso es que ese escenario de primer contacto ya ocurrió en nuestro planeta. En 1492, concretamente. El choque entre civilizaciones tuvo consecuencias trágicas.

Durante milenios, Eurasia y América funcionaron como mundos aparte. Sí, hubo algún contacto ocasional (vikingos, quizá polinesios, a saber si algún fenicio despistado…), pero las consecuencias fueron irrelevantes. Lo de 1492 fue completamente distinto: un genuino primer contacto entre alienígenas.

Cada año, cuando se acerca la fecha del 12 de octubre, los sufridos españolitos tenemos que soportar la cantinela  de lo malvados que eran nuestros antepasados, que deberíamos avergonzarnos de ellos por lo que hicieron a los pobres indígenas, etc. Dejando aparte lo absurdo que resulta culpar a las generaciones actuales por hechos que ocurrieron hace medio milenio, lo más chusco del caso es que, en realidad, nuestros antepasados fueron los que permanecieron tranquilamente en España, en vez de cruzar el Atlántico. 🙂

Perdón, estamos desvariando. Centrémonos en el tema del primer contacto. ¿Pudo haber ocurrido de otra manera?

No. Después de milenios de aislamiento, daba igual qué país europeo hubiera arribado a las costas americanas. Las culturas precolombinas estaban condenadas de antemano. Para comprenderlo, recurriremos a uno de los libros más interesantes publicados en las últimas décadas: Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1997), ganador del premio Pulitzer. Pocas obras ayudan tanto como ésta a entender por qué el mundo es como es.

Armasgermenes-y-acero

¿Por qué los europeos derrotaron a los americanos? Y no sólo a ellos; africanos, australianos y otros pueblos corrieron una suerte parecida. La respuesta tradicional a esa pregunta era, para qué engañarnos, racista. Algo había en los europeos (fuerza, crueldad, astucia, inteligencia…) que los hacía superiores a las demás razas. Vistos los resultados, parecía evidente, ¿no?

Pues no. En la especie humana, la variación intragrupal es mayor que la intergrupal. En todas las culturas hay el mismo porcentaje, más o menos, de gente lista o tonta, trabajadora o perezosa, amable o cruel. De hecho, el concepto de «raza» es muy discutible. Somos más iguales de lo que creemos. El hecho de que unas civilizaciones sobrepasen a otras no se debe a una superioridad racial (inexistente). Jared Diamond, al estilo de los niños pequeños, va encadenando una pregunta con otra hasta llegar al origen del problema. Un origen que hay que buscar hace más de 10.000 años, y que tiene más que ver con la biogeografía, la ecología y la suerte.

Seguiremos en la próxima entrada.

Solaris (y IV)

La última versión cinematográfica de Solaris (Steven Soderbergh, 2002) es la menos fiel a la novela de Lem, sin duda. Además, es la primera que procede de un país no eslavo.

Transcurrieron 30 años entre la película de Tarkovski y la de Soderbergh. Esta última es una obra de Hollywood, con James Cameron como uno de sus productores. Aparte del progreso en los efectos especiales, ha habido una adaptación a los gustos del público. Salvo Kelvin (George Clooney) y Gibarian (Ulrich Tukur), los demás protagonistas han cambiado sus nombres respecto a la novela. Hari es ahora Rheya (Natascha McElhone), Snaut es Snow (Jeremy Davies) y Sartorius se ha convertido, tras mudar sexo y raza, en la doctora Gordon (Viola Davis). Por corrección política, supongo.

Algo queda de la novela, pero buena parte se ha perdido o modificado. Veamos los tres aspectos que comentábamos en las entradas previas. He visionado la versión original subtitulada. Y ahora vienen spoilers

1.- Solaris y el sentido de la maravilla.

Olvídense del océano, las simetríadas y demás fantásticas creaciones de Lem. Aquí, Solaris es un cuerpo celeste de naturaleza indeterminada (¿un planeta?), envuelto en un sudario de jirones de niebla azul. Queda muy bonito, con unos efectos especiales sobrios y bien logrados, pero no es lo mismo. En cuanto a la estación, ya no se cierne sobre el océano planetario, sino que se limita a orbitar en torno a Solaris. Y de la Solarística y sus controversias académicas, ni rastro. En el fondo, el escenario futurista se ha convertido en el marco para contar un relato cuya fortaleza no recae en la ciencia ficción, precisamente.

2.- El ambiente malsano y opresivo de la estación.

Algo de eso hay a la llegada de Kelvin: soledad, sangre seca, un niño misterioso… Pero muy poco, si lo comparamos con la novela y las anteriores versiones cinematográficas.

SOLARIS THEATRICAL ONE SHEET MECHANICAL • ART MACHINE JOB# 5136 • 10/09/02

Queda claro que esta versión de Solaris se centra en la historia de amor…

3.- Enamorarse de un fantasma.

De eso va la película. Nada queda del confuso existencialismo de Tarkovski (1972) o del intento de divulgar el relato de Lem (versión soviética de 1968). Se trata tan sólo de una historia de amor, de arrepentimiento, de redención. Nada más y nada menos.

Reconozcámoslo: George Clooney reacciona de forma más creíble que Donatas Banionis (en la película de Tarkovski) cuando se topa con su esposa muerta. Sin duda, expresa mejor sus sentimientos. Hace lo normal en estos casos: llevarse un susto de muerte y salir corriendo. 🙂 Por su parte, la dra. Gordon cumple con su papel de emular a Sartorius en su recelo a los visitantes. En cuanto al joven Snow, actúa todo el rato como si estuviese drogado. O como si su objetivo fuera desconcertar a Kelvin.

Por cierto, tuve la impresión de que los personajes se empeñaban en susurrar, más que hablar. Puede que sean figuraciones mías, o que se deba a las características de la lengua inglesa, de fonética muy distinta a la rusa de las otras versiones.

El final me pareció satisfactorio, la conclusión adecuada para un relato que versa sobre el perdón, la redención y las segundas oportunidades. De hecho, el escenario de ciencia ficción es una excusa para poder contar una historia de amor sin intentar, como en el caso de Tarkovski, imitar a Dostoyevski y sus cuestiones sobre el sentido de la existencia y lo que significa ser humano.

En resumen, me ha gustado, aunque tampoco figurará entre mis favoritas. Desde luego, si alguien busca adentrarse en el universo literario de Lem gracias a esta película, mejor que pruebe con otra cosa.

Y eso es todo, amigos. De verdad, esto de comentar películas puede llegar a fatigar. En la próxima entrega cambiaremos de tema. 🙂