Un alien de andar por casa

El xenomorfo de la película Alien (y todas sus secuelas) es un personaje icónico en el cine de ciencia ficción. Nos provoca inquietud esa fase en la que nos necesita como anfitriones, nos devora por dentro y nos revienta al salir… Pero su ciclo vital no es una invención de los cineastas. Existe en nuestro mundo, tal como vimos en esta entrada:

Los organismos que inspiraron a los creadores de Alien se denominan parasitoides. Los más representativos son insectos del orden himenópteros, parientes de las avispas. No hay que irse muy lejos para dar con alguno de ellos. Probablemente tengamos alguno acechando a poca distancia. Por suerte, en esta ocasión no somos sus víctimas. 🙂

Veamos uno de los más frecuentes. Amigo lector, permíteme presentarte a Evania appendigaster. Tomé esta foto ayer, en casa, con la cámara del móvil, aprovechando un momento en que el bicho se posó y estuvo quieto unos segundos:

Tranquilo, no es tan grande como parece. Se trata de una pequeña avispa del tamaño de una mosca común. Sus largas patas traseras, la forma del abdomen y sus movimientos nerviosos la hacen fácilmente identificable. Además, los adultos no son peligrosos. No viven más de tres semanas y se alimentan de néctar. En cambio, las larvas no tienen nada de veganas, como veremos. 🙂

¿Cuáles son sus víctimas? Sin duda, unos insectos que te resultarán familiares: las cucarachas. En concreto, la cucaracha roja (Periplaneta americana). No me ha resultado difícil dar con una. No sé que les pasa, pero este año salen a patadas…

En contra de lo que indica su nombre científico, la cucaracha roja procede de África, pero se ha extendido por todo el mundo, convirtiéndose en una molesta plaga urbana. No nos pican ni muerden, pues se alimentan de comida en descomposición y porquerías similares, pero son peligrosas_ pueden transmitirnos un montón de enfermedades.

Avispa esmeralda (fuente: es.wikipedia.org; atribución: Muhammad Mahdi Karim)

Por suerte para nosotros, hay unas cuantas especies de parasitoides que la depredan. En el Investigación y Ciencia nº 535 (abril de 2021) hay un artículo sobre una de las más espectaculares, la avispa esmeralda (Ampulex compressa). Es lo más parecido a un alien xenomorfo que podemos encontrarnos, bella y letal. Resulta fascinante ver cómo ataca a una cucaracha mayor que ella, toma el control de su sistema nervioso con precisión quirúrgica y la convierte en la comida viva de sus larvas.

Aunque no sea tan espectacular, la especie que ahora nos ocupa, Evania appendigaster, es otro parasitoide que podría ayudarnos a controlar las plagas de cucarachas. Claro, a primera vista puede parecer chocante que una avispa tan pequeñita, del tamaño de una mosca, con ese aspecto frágil, pueda atacar a un insecto tan grande como la cucaracha roja. Y, de hecho, no lo hace. Ella va a lo seguro: pone sus huevos en las ootecas de las cucarachas.

¿Qué es una ooteca? Pues una masa de huevos protegidos por una cubierta. E. appendigaster deposita allí un huevo y la larva se dará un gran festín a costa de los huevos de la cucaracha. Igual que cierta gente delante de una fuente de langostinos en un buffet libre, no dejará ni uno. 🙂 De acuerdo, no resulta tan épico como la lucha despiadada de la avispa esmeralda, pero una única larva habrá impedido que nazcan entre 15 y 16 cucarachas rojas. A eso se le llama eficiencia, sí, señor. Aprende, xenomorfo…

Así que si ves una de estas avispitas, amigo lector, déjala tranquila. Es una aliada. Y, además, pertenece al grupo de insectos que inspiró Alien, que tantos buenos ratos (y sobresaltos) nos ha dado.

Fuente: toywiz.com

El xenomorfo es un aficionado.

Natura artis magistra (la naturaleza es la maestra de las artes): así titulábamos una antigua entrada. Si observamos el mundo que nos rodea, hallaremos por doquier ejemplos inspiradores que harán las delicias de cualquier aficionado a la ciencia ficción. Los seres vivos son capaces de sorprender a la imaginación más desbocada.

Distintas fases vitales de un xenomorfo típico (fuente:  toywiz.com)

Consideremos la película Alien. El ciclo vital del xenomorfo, el icónico monstruo diseñado por H. G. Giger, se basa en el de ciertas avispas, aunque estas no son los únicos insectos que exhiben un comportamiento tan… en fin, cruel, desde nuestra perspectiva humana. Poner los huevos en el interior de sus presas sin matarlas, para que las larvas las devoren poco a poco, y luego brotar de la carcasa vacía de su víctima… Espeluznante. Es difícil ver un documental sobre el comportamiento de estos bichos sin estremecerse. Se pone uno en el pellejo (mejor dicho, en el exoesqueleto) de la pobre presa y… agh. 🙂

Estos peculiares insectos son muy frecuentes, aunque muchos de ellos son tan pequeñitos que no los vemos aunque los tengamos delante. Los biólogos nos referimos a ellos como parasitoides. Hay varios tipos; en concreto, el xenomorfo sería un endoparasitoide, pues se alimenta en el interior de su hospedante.

Si usted lo desea puede comprar parasitoides, ya que algunos son magníficos agentes de biocontrol para las plagas que afectan a los cultivos. Valga un ejemplo:

Los insectos no son los únicos organismos que podrían dar lecciones al xenomorfo a la hora de liquidar a su anfitrión. Ciertos hongos también son de armas tomar. En una de las primeras entradas del blog ya comentamos el caso del hongo de las hormigas zombis, Ophiocordyceps unilateralis, que inspiró el magnífico videojuego The Last of Us.

No es necesario salir fuera de casa para hallar otro hongo que nos recuerda al xenomorfo por su comportamiento. Se trata de Entomophthora muscae, una especie muy común. Sus víctimas suelen aparecer en los marcos de las ventanas o en los cristales. Están rodeadas de un polvillo blanco, que corresponde a las esporas del hongo.

Entomophthora muscae es un auténtico asesino de moscas (Musca domestica), aunque puede atacar a otros dípteros. Así, es frecuente que liquide a las ubicuas moscas del vinagre (Drosophila melanogaster). Ya, no es lo mismo asistir a la agonía de la tripulación de la Nostromo que a la de unas vulgares moscas, pero el proceso es similar. Veámoslo.

Supongamos que una espora del hongo llega a la infortunada mosca. Germina, entra en su cuerpo y comienza a crecer alimentándose de la hemolinfa, el equivalente a la sangre en los insectos. La pobre mosca está condenada; apenas le queda una semana de vida. Las hifas del hongo crecen por su cuerpo, devorándole los órganos, hasta que finalmente entran en su cerebro y controlan su comportamiento.

La mosca, ya muy enferma, se posará y, en su agonía, se sentirá impelida a trepar hacia arriba. Allí morirá, pero antes se despatarrará y extenderá las alas, lo que favorecerá la dispersión de las esporas fúngicas. Para ello, el hongo atravesará las articulaciones entre placas del exoesqueleto y expulsará las esporas, que quedarán como una mancha blanquecina alrededor del cadáver. El lugar, normalmente una pared o una ventana, es ideal para infectar a otras moscas.

Lo dicho: el xenomorfo podrá darnos miedo, pero Entomophthora muscae, igual que el hongo de las hormigas zombis, son auténticos profesionales, que llevan millones de años liquidando a sus víctimas. Por fortuna, no nos atacan a nosotros. Aún.

Es un buen momento para jugar a The Last of Us… 🙂