Mundos perdidos y tierras huecas (I)

Desde tiempos remotos hemos sentido fascinación y miedo hacia lo que pudiera poblar el interior de nuestro mundo. No en vano, muchas culturas han situado bajo nuestros pies sus respectivos infiernos: Hades, Averno, Sheol… Lugares a los que podía llegarse a través de pozos o cuevas, que eran vistos como bocas prestas a devorar a quienes osaran aventurarse por el inframundo.

Dado que este es un blog interesado tanto en Ciencia como en Literatura fantástica, vamos a ocuparnos de los «mundos perdidos» subterráneos, lugares donde el tiempo y la evolución parecen haberse detenido, y los esforzados protagonistas de los relatos se encontrarán con bestias prehistóricas, hombres primitivos, flora primordial…

'Journey to the Center of the Earth' by Édouard Riou 38Ilustración de la edición original de Viaje al centro de la Tierra, de J. Verne (fuente: es.wikipedia.org)

Probablemente, la novela más famosa al respecto es Viaje al centro de la Tierra (1864), de Julio Verne. Muy popular en su época, todavía hoy se lee con agrado. De ella se han hecho unas cuantas versiones cinematográficas, con mayor o menor fortuna. En ocasiones, el parecido con la obra original es más bien escaso, sacrificado en aras de la acción y la aventura. Quizá se desvirtúa así el propósito del autor. Viaje al centro de la Tierra es una novela donde la Ciencia es la gran protagonista. Geología, Paleontología… Julio Verne logra hacerlas interesantes, que nos apasionen, que nos fascinen. Debo confesar que la lectura de Verne fue una de las causas (la otra la constituyeron los documentales y libros de Félix Rodríguez de la Fuente) que me impulsaron, desde la más tierna infancia, a querer ser biólogo. Y aquí estamos. 🙂

En Viaje al centro de la Tierra, tres expedicionarios (el sabio, su sobrino y el estoico guía) penetran en el interior del planeta a través de la chimenea de un volcán islandés apagado, y acaban por llegar a una inmensa cueva que contiene un mar poblado de criaturas prehistóricas: ictiosaurios, plesiosaurios… En sus orillas encontramos fauna y flora de épocas pretéritas, salvadas de la extinción al haberse refugiado en tan recóndito paraje.

 SnaefellsjökullVolcán Snaefellsjökull, puerta de entrada el mundo subterráneo en Viaje al centro de la Tierra (fuente: en.wikipedia.org)

Cuando escribió la novela, Verne tenía una visión optimista de la Ciencia. En Viaje al centro de la Tierra (y no sólo en esta obra) trata de conjugar la aventura con la divulgación, y lo logra. Casi sin quererlo, el lector acaba por empaparse de las últimas novedades científicas de la segunda mitad del siglo XIX. Para los interesados en la Historia de la Ciencia, eso supone un placer añadido. Téngase en cuenta que Darwin había publicado El origen de las especies tan sólo cinco años antes. Los avances científicos se sucedían sin descanso, y parecían augurar un futuro mejor para la Humanidad. La Ciencia estaba en la calle. Interesaba al gran público.

Verne no fue el único en escribir sobre mundos perdidos, refugio de dinosaurios y demás bestias prehistóricas. Otro autor de éxito que probó suerte con el tema fue Arthur Conan Doyle. Su novela El mundo perdido (1912) rivaliza en popularidad con las de Verne. También ha tenido adaptaciones al cine y la TV las cuales, en ocasiones, son una curiosa mezcla entre Viaje al centro de la Tierra y El mundo perdido. Al director de turno no le preocupaba demasiado respetar la obra de tan venerables autores. Lo importante era que salieran en pantalla dinosaurios, hombres mono, persecuciones, sustos, batallas… 🙂

 Ape man from The Lost WorldFotograma de la adaptación cinematográfica de 1925 de El mundo perdido, de Arthur C. Doyle (fuente: es.wikipedia.org)

En cualquier caso, la acción en El mundo perdido no tiene lugar en el interior de la Tierra, sino en lo alto de un tepuy amazónico, por lo que no nos detendremos en esta interesante novela. Trataremos, en cambio, otra obra popular, quizá no tanto como las anteriores, cuya acción sí transcurre en el corazón de nuestro planeta. Nos referimos a la serie de Pellucidar, escrita por Edgar Rice Burroughs, y que consta de 7 novelas:

 At the Earths Core 1922 Dusk JacketFuente: en.wikipedia.org

  1. At the Earth’s Core (En el corazón de la Tierra, 1914)
  2. Pellucidar (Pellucidar, 1915)
  3. Tanar of Pellucidar (Tanar de Pellucidar, 1929)
  4. Tarzan at the Earth’s Core (Tarzán en el centro de la Tierra, 1929)
  5. Back to the Stone Age (Regreso a la Edad de Piedra, 1937)
  6. Land of Terror (La tierra del terror, 1944)
  7. Savage Pellucidar (Salvaje Pellucidar, 1963)

Las dos primeras podrían considerarse una única obra dividida en dos partes. El último título es una recopilación de cuatro historias más cortas, publicadas a título póstumo. No consideraremos aquí las continuaciones que John Eric Holmes escribió.

Fuente: en.wikipedia.org

Llama la atención que la cuarta novela tenga de protagonista a Tarzán. Sí, ese Tarzán. 🙂 Se trata de lo que hoy llamaríamos un crossover. Burroughs, con buen ojo, pensó que ambientar una de las historias de su personaje más célebre en el universo de Pellucidar podría hacer que más lectores se sintieran atraídos hacia esta última serie.

A lo que íbamos. Pellucidar está situado dentro de nuestro planeta, pero Burroughs diseñó el escenario a lo grande. No se conformó con que fuera una caverna inmensa, al estilo de Julio Verne. No. Aquí la Tierra es un planeta hueco, una cáscara, y Pellucidar ocupa su cara interna.

Una Tierra hueca, que incluso contiene en su centro un pequeño sol con su luna… Además del buen rato que se pasa leyendo estas novelas de aventuras, suponen una excelente excusa para aprender Ciencia, y no sólo por sus aciertos, sino por sus fallos. De eso nos ocuparemos en las siguientes entradas, amigo lector. Y téngase en cuenta otra cosa: hay quienes hoy creen, en serio, que la Tierra está hueca. Como comentamos en entradas anteriores sobre la Tierra plana, hay gente pa’ to’. 🙂

De mundodiscos y tierras planas (I)

Una de mis series favoritas de fantasía es la del Mundodisco, del genial Terry Pratchett. Desborda imaginación y sentido del humor por los cuatro costados, con referencias constantes a muchos clichés del género e incluso a obras maestras de la Literatura. Después de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky (véanse las entradas anteriores), puedo asegurar que Pratchett es un bálsamo para el alma. 🙂

Gran A’tuin y su carga (fuente: frikilogia.com)

Mundodisco es un mundo plano, sostenido por cuatro elefantes que a su vez se disponen sobre el caparazón de Gran A’Tuin, una colosal tortuga que vaga por el espacio sideral. Es, sin duda, un escenario que da mucho juego para los relatos fantásticos, pero que desde el punto de vista científico suena a un disparate tan colosal como las dimensiones de Gran A’Tuin.

¿O quizá no lo sea? Merece la pena pararse a considerar el tema de las tierras planas, pues nos permite reflexionar sobre el funcionamiento de la Ciencia. Y, de paso, entretenernos un poco. 🙂

A primera vista puede parecer que nuestro mundo es plano, pues su curvatura no se aprecia a primera vista. Sin embargo, las pruebas de que la Tierra es redonda están ahí, si uno sabe verlas. Aparecen resumidas en el siguiente vídeo (en inglés):

Y si la lengua de Shakespeare no es lo tuyo, amable lector, aquí tienes un enlace a una página web en español donde todo esto queda bien explicado. 🙂

Hoy, mucha gente cree que en la Antigüedad todo el mundo pensaba que la Tierra era plana, y no digamos en la Edad Media, esa época de oscurantismo religioso. Si los textos sagrados afirmaban que la Tierra era plana, nadie se planteaba contradecirlos, ¿verdad? Igualmente, muchos piensan que ese estado de cosas duró hasta que Colón, por fin, se empeñó en demostrar que la Tierra era redonda, que se podía llegar a Asia navegando hacia Poniente, etc.

Pues no, amable lector. Eso es el mito de la Tierra plana. En la Antigüedad Clásica y en la Edad Media casi todas las personas cultas, religiosas o seglares, pensaban que nuestro mundo era esférico. Para llegar a esa conclusión bastaba una atenta observación, y no había carencia de mentes despiertas en esas épocas.

De hecho, Eratóstenes calculó el tamaño de la Tierra hace más de dos milenios, y lo hizo con admirable precisión. Los antiguos aceptaban que nuestro mundo es redondo, aunque sí que discrepaban sobre sus dimensiones. Después de Eratóstenes, Posidonio volvió a calcular el diámetro de la Tierra y obtuvo una cifra mucho menor. Luego, Ptolomeo prefirió los resultados de Posidonio a los de Eratóstenes, y con ellos fue Cristóbal Colón a convencer a diversos reyes europeos de la viabilidad de su viaje. Con una Tierra más pequeña, no era un disparate la idea de ir desde Europa a Japón atravesando el Atlántico. En fin, ya se sabe cómo acabó la historia: Eratóstenes tenía razón, pero Colón se tropezó con América y…

No obstante, siempre ha habido gente empecinada en afirmar que la Tierra es plana. Sigue habiéndola, igual que hay quien cree que la evolución no existe o que la leche chocolateada sale de vacas marrones. Incluso existe una Sociedad de la Tierra Plana (Flat Earth Society). Como dijo aquel torero, «hay gente pa’ to’». 🙂

 Orlando-Ferguson-flat-earth-map editMapa de la Tierra plana de Orlando Ferguson, 1893 (fuente: en.wikipedia.org)

En una Tierra plana pasarían cosas muy curiosas con las leyes físicas; por ejemplo, con la gravedad, como puede verse en esta página. No obstante, con paciencia e ingenio puede proponerse una Física cuyas leyes expliquen los acontecimientos observables en una Tierra plana. O hueca. O con forma de rosquilla. O incluso una Física que funcione en un universo donde la Tierra sea el centro de todo.

Entonces, si es posible una Física de la Tierra plana, ¿por qué los científicos no se toman en serio las teorías terraplanistas? Pues por algo muy querido por la Ciencia: el principio de parsimonia, también conocido como navaja de Occam.

Ya lo discutimos en otras entradas del blog, como las dedicadas al yeti y otros críptidos. Recordemos: en igualdad de condiciones, la hipótesis más sencilla suele ser la más probable. Si no la tumban los hechos, pruebas y experimentos, nos quedaremos con ella. Tan sólo si cae ante la evidencia, la desecharemos y probaremos con otra hipótesis más complicada.

Podríamos comparar el funcionamiento de la Ciencia con una investigación forense. Supongamos que la Policía encuentra un cadáver con una herida en la cabeza, y a su lado a un tipo malencarado, pistola en mano. Los investigadores considerarán en primer lugar la hipótesis más probable: que aquel tipo haya asesinado de un tiro a la víctima. Se analizarán las pruebas; si confirman esa hipótesis, pues ya está: caso cerrado. En cambio, si hay algo que no cuadra, deberemos considerar otra hipótesis menos simple. Por ejemplo, un suicidio por arma de fuego, y que el presunto homicida sea en realidad un vulgar ladronzuelo que pasaba por allí y aprovechó para robar la pistola. A continuación veremos si las pruebas validan esta hipótesis o hay que buscar otra aún más compleja, etc.

Volviendo a la forma de nuestro planeta, la hipótesis más probable, la que requiere unas leyes físicas más simples (y hay elegancia en esa simplicidad, dicho sea de paso), es la de la Tierra esférica. En cambio, las leyes físicas necesarias para justificar una Tierra plana son tan retorcidas, hay que hacer tanto encaje de bolillos para sostenerlas, que lo más sensato es probar primero la hipótesis de la esfericidad terrícola. Y esta hipótesis explica los hechos a la perfección. Por tanto, nos quedamos con ella. Es tan simple como eso. Navaja de Occam. 🙂

No obstante, los terraplanistas no cejan en su empeño, y podríamos contar algunas jugosas historias al respecto. Una de ellas implicó a Alfred R. Wallace, el padre, junto con Darwin, de la teoría de la evolución por selección natural. Nos ocuparemos de ella en la próxima entrada.

Una de gnomos (y II)

¿Hay alguna obra fantástica donde nos muestren unos humanoides diminutos con visos de credibilidad científica? Por supuesto, y entre ellas destaca la trilogía del éxodo de los gnomos (The Nome Trilogy), de Terry Pratchett (1948-2015). Aunque este autor británico sea conocido mayormente por sus novelas del Mundodisco, nos dio otros libros que también merece la pena leer.

10.12.12TerryPratchettByLuigiNovi1Sir Terence David John Pratchett  (fuente: es.wikipedia.org)

Debo confesar que la trilogía del éxodo de los gnomos es una mis obras fantásticas favoritas, junto a las de Tolkien y Vance. No obstante, aunque trate sobre unos pequeños seres asociados a los cuentos de hadas, en realidad se trata de ciencia ficción, y de la buena. Llama la atención que algunos la consideren una obra menor, por el mero hecho de ir dirigida a un público joven y rebosar sentido del humor por los cuatro costados.

Ante todo, ocupémonos de los aspectos científicos. Habrá algún spoiler, qué remedio, pero poca cosa. El lector ya se dará cuenta de qué va la historia al cabo de unos pocos capítulos, y no voy a destripar el argumento. 🙂

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En la primera parte de esta entrada vimos que un mamiferoide pequeñito que mantenga las proporciones corporales humanas resulta inviable. Pratchett soluciona el problema haciendo que sus gnomos no tengan las mismas proporciones que nosotros. De acuerdo, son bípedos, con dos brazos y una cabeza, pero son mucho más anchos y rechonchos. Podríamos objetar que unos gnomos con extremidades más gráciles serían más funcionales, pero lo que importa es que Pratchett vio claro que un gnomo de un palmo de alto no puede tener un cuerpo como el nuestro. El cambio de tamaño requiere un cambio de forma, pues así lo impone la inexorable ley cuadrático-cúbica de Galileo.

Por otro lado, los gnomos son mucho, pero que mucho más rápidos que nosotros. Su metabolismo también. Nos ven como criaturas rematadamente lentas, y los humanos son incapaces de captarlos a ellos de tan veloces que son. Su metabolismo también funciona a toda pastilla: más o menos, diez veces más rápido. Por ello, sus vidas son mucho más cortas. Con diez años, un gnomo ya es viejo. Es algo corriente en la naturaleza. Los mamíferos pequeñitos llevan un ritmo más frenético y viven menos que los grandes, como Homo sapiens.

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Sin embargo, subjetivamente viven tanto como nosotros. Su percepción del tiempo es distinta, adaptada a su acelerado ritmo de vida. En cierto modo habitamos mundos distintos, que coexisten pero no conviven. Ellos creen que somos animales lerdos y estúpidos; nosotros no los vemos o no queremos verlos, y los consideramos criaturas de cuentos de hadas. Nos ignoramos.

¿Cómo pueden haber surgido los gnomos en nuestro planeta? La solución es simple: son extraterrestres. Eso nos deja el problema de cómo unas criaturas que evolucionaron en otro mundo pueden alimentarse y asimilar nuestras biomoléculas, pero no nos pongamos demasiado quisquillosos.

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Por supuesto, aunque los biólogos nos podemos fijar en los aspectos científicos de una obra fantástica, eso no quiere decir que seamos unos tipos insensibles, incapaces de apreciar una buena historia. Si me encanta la trilogía de los gnomos es por los valores que transmite y lo muy divertida que resulta su lectura. Es una obra con lo mejor del humor de Pratchett, algo que suelen menospreciar aquéllos que confunden ser serio con ser triste. Y es que, en el fondo, los gnomos se ocupan de temas muy serios. La trilogía nos induce a reflexionar sobre la Religión y las creencias. Por otro lado, es un canto a valores como la lealtad, la perseverancia, la solidaridad, la curiosidad, el amor a la ciencia; hay emoción, aventuras… ¿Qué más se puede pedir?

Sí, se trata de una trilogía que puede parecer destinada a un público juvenil, pero que tiene una segunda lectura que hace que los mas viejos del lugar disfrutemos con ella como… bueno, como enanos. 🙂

En memoria de Henry James

Hay autores de los que se habla poco, pero que marcaron la diferencia entre lo vulgar y lo excelente. Su obra es fundamental para el género fantástico y por este motivo le dedico unas líneas:

henry_james_by_sargent_1913Nació en Nueva York en 1843 en una acaudalada familia de origen irlandés. Con sus padres se acostumbró de joven a viajar por Europa, continente por el que sintió una verdadera pasión a lo largo de su vida. Estudió en distintas ciudades de Europa, como Ginebra y París, y posteriormente inició la carrera de Derecho en la Universidad de Harvard, sin embargo abandonó los estudios oficiales por su descontento con el envaramiento del mundo académico. A partir de entonces su formación sería autodidacta.

En 1869 inició otro viaje por Europa, durante el cual tomaría conciencia del abismo cultural que entonces aún separaba ambos continentes. De esta sensación interior de saberse un americano en Europa surgiría Un peregrino apasionado y otros cuentos (A passionate pilgrim and other tales, 1875) donde estetiza este sentimiento y empieza su carrera literaria.

En 1875 viaja de nuevo a París, donde conocería, inmerso en el bullicioso ambiente creativo de la capital francesa, a algunos de los mejores escritores de su tiempo: Zola, Flaubert, Daudet y el también escritor de temas fantásticos Guy de Maupassant. Con ellos pudo conversar como un igual, pues James ya se había ganado un cierto prestigio literario, tanto por sus relatos en Américo como por El americano (The american, 1877) y Los europeos (The europeans, 1878), en donde abundaría en su visión de las diferencias internacionales. Esta fama que tenía en los cenáculos parisinos no se correspondía con el éxito popular, pues su obra se separaba de los gustos imperantes en su época y complacía solo a los más refinados lectores contemporáneos. Destacó como escritor y crítico literario y fue enormemente prolífico, con veinte novelas, más de un centenar de relatos y varias obras de teatro, aunque estas no tuvieron el éxito que el autor esperaba.

Pasó el resto de su vida viajando entre los Estados Unidos e Inglaterra, donde falleció en 1916, un año después de obtener la nacionalidad británica. Durante estos años vio cada vez más acrecentada su fama entre pequeños grupos de seguidores de su obra.

Obra:

13_cuentosEl estudio de la abundante y compleja narrativa de Henry James es un tema apasionante, sin duda, pero se escapa del tema tratado en este artículo. Así pues menciono solo lo más importante, aun sabiendo que caigo en un exceso de simplificación.

Los estudiosos dividen su obra en tres etapas debido a los cambios formales y de temática que experimentaron sus ficciones a lo largo de su vida.

Estas etapas son:

  • Las diferencias culturales entre América y Europa, o el tema internacional. En esta época James emplea sus vivencias personales y su experiencia viajando para afrontar la relación entre ambos mundos, y poner de manifiesto el impacto que la cultura europea provocaba en los americanos que conocían nuestro continente.
  • Obra experimental con inquietudes socio-políticas: es en esta segunda etapa cuando emplea a fondo la técnica narrativa del punto de vista subjetivo. Con esta técnica James redefine al narrador como un elemento más de la trama, dotándolo de una subjetividad propia de un personaje, que él siempre escoge con esmero por el “ángulo” que puede aportar a la narración. Como se ve, James era muy adelantado a su época, donde triunfaban todavía las descripciones explícitas y vibrantes del naturalismo. Esta etapa experimental le costó sacrificar parte de sus argumentos, tanto en complejidad como en ritmo, que se fue haciendo más lento. Centraba su prosa en la descripción minuciosa y sutil de los personajes. James es un precursor del monólogo interior.
  • Novelas de madurez: en esta época regresa a los temas del principio de su carrera, pero empleando las capacidades adquiridas durante su época experimental para hacerlo desde un punto de vista interior y a menudo moral.

En general podemos decir de él que fue un maestro en el misterio desde todos los puntos de vista. Sus obras acostumbran a estar teñidas de ambigüedad y el estilo destaca por su gran refinamiento formal. Fue un adelantado a su tiempo tanto por la naturaleza de sus obras como por las técnicas narrativas empleadas.

Por desgracia gran parte de su producción es de temas muy diferentes a los que nos ocupan. Hay, sin embargo, una novela que por ella sola ya permite escribir el nombre de Henry James con letras de oro en el libro de lo fantástico: Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898) Esta es una obra donde James demuestra todo lo que hemos dicho de él en los párrafos anteriores. Está considerada por muchos como una de las mejores novelas de terror jamás escritas y emplea a fondo su capacidad de introspección, el juego narrativo con el punto de vista del narrador, y la psicología de los personajes. Es un ejemplo magnífico de la característica ambigüedad del relato fantástico, pues admite diversas interpretaciones, desde psicológicas a sobrenaturales.

Otros relatos recomendables de este autor son Sir Edmund Orme (Sir Edmund Orme, 1892), El fantasma que pagaba alquiler  (The ghostly rental, 1876), y Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends, 1896). Mención aparte merece una de sus últimas novelas, La fontana sagrada (The Sacred Fount, 1901), que comparte el estilo y la calidad de Otra vuelta de tuerca, con una ambientación vagamente parecida.

Algunas de sus obras:

  • El fantasma que pagaba alquiler (The ghostly rental, 1876).
  • Sir Edmund Orme (Sir Edmund Orme, 1892).
  • Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends, 1896).
  • Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898).
  • La fontana sagrada (The Sacred Fount, 1901).

Existen numerosas antologías que recopilan sus mejores escritos fantásticos, entre ellas la extensa “13 cuentos de fantasmas” (Valdemar. Madrid, 2010) que incluye la novela Vuelta de tuerca.

Una de gnomos (I)

Hadas, gnomos, duendes, elfos, pitufos… A todos nos resultan familiares estas y otras criaturas que protagonizan innumerables cuentos populares, leyendas tradicionales y, cómo no, multitud de obras de literatura fantástica. Las hay bondadosas, malévolas, traviesas, etéreas, siniestras…

 GnomoGnomo  (fuente: es.wikipedia.org)

Por lo general se trata de seres de pequeño tamaño, de un palmo de altura o incluso menos, y en muchos casos están asociados a los bosques umbríos y a las setas. Incluso en tiempos modernos hay gente que cree en ellos. Ya comentamos el notable caso de Arthur Conan Doyle y las hadas de Cottingley. Por desgracia, y pese a que a muchos nos gustaría que existieran, desde el punto de vista biológico son inviables.

Por supuesto, cuando leemos un cuento de hadas o duendes suspendemos temporalmente el sentido de la incredulidad y tratamos de disfrutar de la historia; de lo contrario seríamos unos auténticos desaboridos. 🙂 Sin embargo, las leyes de la Física (en concreto, la famosa ley cuadrático-cúbica de Galileo) impiden la existencia de criaturas de aspecto humano de dimensiones excepcionales, tanto gigantescas como diminutas. Ya tratamos el tema en otras entradas, por lo que no insistiremos demasiado aquí.

Ay, parece que la ciencia, prosaica ella, está reñida con la fantasía. Sin embargo, de algunas obras fantásticas se pueden extraer jugosas reflexiones de índole científica.

 Wieliczka-colorJardín de gnomos en las minas de sal de Wieliczka  (fuente: en.wikipedia.org)

Consideremos los gnomos o nomos. He aquí la correspondiente definición del DRAE:

1. m. Ser fantástico, reputado por los cabalistas como espíritu o genio de la tierra, y que después se ha imaginado en forma de enano que guardaba o trabajaba los veneros de las minas.

2. m. En los cuentos infantiles, geniecillo o enano.

La imagen que solemos tener de los gnomos, al menos en España, debe mucho a una serie muy popular de dibujos animados que empezó a emitirse en 1985: David el Gnomo”. Seguro que a los que tenemos una cierta edad todavía nos suena la cancioncilla de los títulos de crédito: «Soy un gnomo». ¿A que sí? Confiéselo, amigo lector… 🙂 Estos dibujos animados estaban basados en El libro secreto de los gnomos, una serie de libros ilustrados de los holandeses Wil Huygen y Rien Poortvliet.

gnomosCompárese el tamaño de David el Gnomo con el de un zorro  (fuente: filmotech.com)

Repasemos someramente las características de estos seres. Unos 15 cm de altura, con un cucurucho por sombrero, gran fortaleza física (recordemos la letra de la canción: «soy siete veces más fuerte que tú») y notablemente longevos (hasta cuatro siglos de vida). Por lo demás, y aunque un tanto rechonchos, estos gnomos tienen unas proporciones corporales similares a las nuestras.

Y ahí está el problema. Tamaño y forma… Ya sé que nos ponemos un poco pesados con lo de la ley cuadrático-cúbica, pero al disminuir el tamaño, las superficies lo hacen en función del cuadrado y el volumen en función del cubo. Con las proporciones corporales de un ser humano, las superficies de intercambio de gases y nutrientes (pulmones, intestinos, riñones…) se tornan enormes en proporción a la masa corporal. El metabolismo sería increíblemente acelerado. Un humanoide de 15 cm, tal como comentábamos aquí, duraría muy poco. Prácticamente se quemaría como una cerilla.

Fijémonos en los mamíferos pequeños, como ratones o musarañas. Son rápidos y vivarachos, pero sus vidas son cortas. Además, sus extremidades tienden a ser delgadas y frágiles; tampoco necesitan más para sostener el peso del cuerpo. Todo lo contrario que los brazos y piernas gruesos de un gnomo.

Sin embargo, el ingenio de los escritores fantásticos no se deja amilanar por tan severas leyes físicas. Algunos han imaginado gnomos más viables desde el punto de vista biológico que el bueno de David. Y sobre todos ellos destaca una obra escrita por uno de los mejores autores de literatura fantástica: Terry Pratchett. En la segunda y última parte de esta entrada nos ocuparemos de su trilogía de los gnomos. Puede que no sea tan conocida como su serie de novelas del Mundodisco pero merece la pena leerla. Además de ser una magnífica historia, muy bien contada, de ella se pueden extraer notables enseñanzas científicas.

Nueva novela del UniCorp: «La reina debe morir»

Guillem y yo seguimos escribiendo más obras cuya acción tiene lugar dentro de nuestro particular escenario de ciencia ficción, el UniCorp.

Al igual que nuestra obra anterior, La barbacoa, decidimos publicarla en formato de serial. Así, periódicamente irá apareciendo un capítulo en el sitio web de Wattpad. Puede accederse a nuestro perfil haciendo clic en el siguiente icono (la inscripción es gratuita): wattpadLa novela que te presentamos, amable lector, es La reina debe morir.  otra de nuestras historias de antropólogos. Su extensión es más larga que en el caso de La barbacoa, y su tono resulta algo menos festivo. 🙂

reina

Por supuesto, La barbacoa sigue disponible en Wattpad para ser leída, gratis.

Barbacoa

Para más información, puede consultarse la sección obras en la web del UniCorp. Otras historias de antropólogos (cinco, en total) aparecen reunidas en la antología Juegos perversos, a la venta en Amazon.

Juegos

Nuestra intención es ir subiendo un capítulo por semana, hasta completar la obra. Si te animas, amigo lector, esperamos que pases un rato agradable con su lectura. 🙂

Nueva promoción de nuestras obras en Amazon

Durante octubre de 2016 han sido seleccionadas varias de nuestras obras (versión Kindle) para participar en una promoción en Amazon (.com, .es y .mx).

En concreto, se ofrecen nuestros relatos de ciencia ficción ambientados en el Universo Corporativo (UniCorp). Por un lado, tenemos la trilogía integrada por La embajada, Asedro y Baile de locos:

EmbajadaAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

AsedroAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

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Más novelas:

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Y las antologías… Nadie es perfecto incluye las novelas cortas Dar de comer al sediento y El factor crítico.

NadieAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

De hombres y máquinas incluye las novelas cortas Nina y Dime con quién andas…

HombresAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Intrusos en el paraíso incluye las novelas cortas Inmigrantes y Juegos e instintos.

IntrusosAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Vidas extrañas incluye las novelas cortas Un cruce en la noche y El hongo que sabía demasiado.

VidasAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Finalmente, nuestras historias de antropólogos están recogidas en la antología Juegos perversos, que incluye los relatos Pájaro en mano, Requiescat in pace, Una de vampiros, Juegos perversos y Crisis en la eternidad.

JuegosAmazon.com     Amazon.es     Amazon.mx

Y cómo no, en nuestra web del UniCorp ofrecemos otros relatos y artículos (gratis, en este caso).

Además de la ciencia ficción, también se puede adquirir nuestra novela histórica, ambientada en la Tercera Cruzada, Oriente y Occidente, en sus dos versiones (español y catalán). La oferta alcanza a la versión en español, que se ofrece tanto en formato Kindle como en papel de toda la vida (tapa blanda):

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Los hongos de Lovecraft

Como ya comentamos en otras entradas (véase la de H. G. Wells), los autores anglosajones han asociado a los hongos con lo siniestro, la putrefacción, el declive, lo anormal. Poco hay de positivo o agradable, en suma.

Ciñéndonos a lo fantástico, consideremos el caso de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Buscar hongos en sus obras nos proporciona una buena excusa para releerlas. 🙂 Y lo tenemos fácil: una de ellas se titula Fungi from Yuggoth (Hongos de Yuggoth), que agrupa 36 sonetos escritos entre 1929 y 1930. Abarcan desde lo onírico hasta el horror cósmico, pasando por otros difícilmente clasificables.

Fungi_from_Yuggoth_1993Fuente: en.wikipedia.org

Veamos qué le sugerían los hongos a Lovecraft. Pese a lo prometedor del título de la obra, sólo aparecen en un verso del soneto XIV (Star-Winds):

[…] This is the hour when moonstruck poets know

What fungi sprout in Yuggoth, and what scents

And tints of flowers fill Nithon’s continents, […]

En el soneto, los hongos se asocian con el crepúsculo, el otoño, lo alienígeno, lo onírico y los poetas lunáticos. Hace que los contemplemos como si se tratara de criaturas raras, ajenas.

¿Qué es Yuggoth, y a qué hongos se refiere? Poco más se puede averiguar en el poema, así que tendremos que buscar en otra obra de Lovecraft: The Whisperer in Darkness (El que susurra en la oscuridad), escrita en 1930 y publicada en 1931.

El Yuggoth de The Whisperer in Darkness se nos presenta como un planeta situado más allá de la órbita de Neptuno. Lovecraft llega a identificarlo con Plutón, que precisamente fue descubierto mientras escribía este relato. El Yuggoth lovecraftiano no es el mundo aparentemente muerto que nos reveló la sonda New Horizons. En cambio, se trata de un lugar con extrañas ciudades, donde medra una colonia de criaturas extaterrestres de una raza conocida como Mi-go. ¿Y los hongos? Pues son los propios Mi-go; al menos, en parte.

Представник СтарцівPrimordial o Antiguo, enemigo de los Mi-go (fuente: en.wikipedia.org)

Los Mi-go son citados en otra novela de Lovecraft: At the Mountains of Madness (En las montañas de la locura), escrita en 1931 y publicada en 1936.  Esta obra se centra en otras criaturas lovecraftianas, como los Primordiales y los obscenos shoggoths. De los Mi-go se indica que se trata de una raza invasora del espacio exterior, la cual luchó contra los Primordiales mucho antes de la aparición de la especie humana.

Lovecraft,_Mountains_of_MadnessLos protagonistas de At the Mountains of Madness, perseguidos por un shoggoth.

Poco más se dice de ellos en At the Mountains of Madness; concretamente, que son una mezcla de crustáceos y hongos. Un servidor de ustedes solamente ha encontrado tal mezcla en la mesa de un restaurante, cuando ha pedido un revuelto de setas y gambas (sabroso plato, por cierto; aquí tienen unas cuantas recetas). Obviamente, no era esto lo que Lovecraft tenía en mente acerca de los Mi-go. 🙂 Por suerte, en The Whisperer in Darkness disponemos de bastante información sobre estas criaturas.

  MigoMi-go: medio cangrejo, medio hongo (fuente: en.wikipedia.org)

En cuanto a su aspecto físico, recuerdan a grandes cangrejos con patas articuladas armadas con garras. Poseen una cabeza sin ojos, llena de apéndices similares a antenas o tentáculos. También tienen alas, que les permiten desplazarse a través del éter del espacio (al parecer, Lovecraft aún creía en la existencia del éter, que no sobrevivió al triunfo de la teoría de la relatividad). Son extremadamente inteligentes, además de telépatas. Su dominio de la cirugía hace que, mediante una sencilla operación, puedan emitir sonidos con voz susurrante.

Dejando aparte su aspecto cangrejoide, los Mi-go son más que nada hongos, o algo parecido. En un momento de la novela, el narrador se refiere a ellos como «los hongos vivientes de Yuggoth». Nos dice que son un tanto fungiformes, más vegetales que animales (en aquella época, los hongos se incluían todavía en el Reino Vegetal, aunque hoy sabemos que están más emparentados con los animales que con las plantas), que poseen una sustancia similar a la clorofila, pero con un peculiar sistema nutricional que los separa de los «hongos cormofíticos». Da la impresión de que Lovecraft no entendía bien lo que es un hongo, pues «hongo cormofítico» suena tan absurdo como «invertebrado con vértebras»; palabra de micólogo. 🙂

Los Mi-go no son abiertamente hostiles respecto a los humanos, pero van a lo suyo y si interferimos con sus intereses, no mostrarán piedad ni empatía. También hacen gala de algunas costumbres enojosas, como la de extraer los cerebros del prójimo y envasarlos en unos cilindros metálicos, que pueden ser conectados a máquinas y transportados donde fuere menester.

La intención de Lovecraft, expresada por el narrador en primera persona, es que los Mi-go provoquen miedo o inquietud, y sean vistos como algo alienígeno. Y una de las formas de lograrlo es identificarlos con los hongos. La raíz «fung-» suena exótica a un angloparlante. Fungoso, fúngico, fungiforme, fungosidad… Son palabras que contribuyen a generar extrañeza en el lector. Por eso, Yuggoth, residencia en el Sistema Solar de los Mi-go, es un planeta fúngico, como se sugiere más de una vez en la novela.

Sí, da la impresión de que para los escritores anglosajones, los hongos no son de este mundo. Qué diferencia si los comparamos con los rusos, que los consideran preciados frutos de la Madre Tierra. Pero esa ya es otra historia, que será contada en otra ocasión. 🙂

Nota final: leyendo a Lovecraft, parece evidente que era un hombre culto, preocupado por estar al día y documentarse. Cita a científicos como Wegener o Einstein (con el que sus personajes no están de acuerdo, por cierto), o a recopiladores de lo paranormal, como Charles Fort. A veces podía confundirse, como en el caso de los hongos, o adoptar teorías hoy desacreditadas, como que la Luna surgió del océano Pacífico o la existencia del éter. Lo que queda claro es que, desde el punto de vista intelectual, no vivía de espaldas al mundo.

Lewis Carroll y las setas alucinógenas (y II)

En la anterior entrada comentamos que Lewis Carroll (pseudónimo de Charles L. Dodgson, 1832-1898) describió a la perfección en Alicia en el país de las maravillas los síntomas del consumo de una seta alucinógena, Amanita muscaria. Para algunos, la única explicación lógica es que Carroll hubiera experimentado en persona dichos síntomas, mediante el consumo de este hongo enteógeno.

¿Existe otra posibilidad? Bien, vayamos por partes.

Los ingleses, como otros pueblos de origen celta o germánico, han sido tradicionalmente micófobos. Por lo general, han mirado con recelo a las setas, cuando no las han ignorado abiertamente. No obstante, también ha habido gente interesada en divulgar el fascinante mundo de los hongos en tierras británicas.

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El primer libro popular de divulgación al respecto fue A plain and easy account of British fungi, por el botánico y micólogo Mordecai C. Cooke (1825-1914). Este autor escribió un texto ameno y con bellas ilustraciones, con la idea de que sus compatriotas empezaran a estimar a estos humildes organismos. Si hacen clic en la portada del libro, accederán a la primera edición de la obra, escaneada. Veamos lo que dice sobre Amanita muscaria.

Cooke2Lámina del libro de M. C. Cooke: Amanita muscaria

Cooke se ocupa de este hongo a partir de la página 20, e incluye una bonita lámina en color. En las páginas 21 y 22 se describen detalladamente los síntomas de la intoxicación por Amanita muscaria. En efecto, unos síntomas que coinciden a la perfección con los que pueden leerse en Alicia en el país de las maravillas.

Fijémonos en la fecha de publicación de la primera edición del libro de Cooke: 1862.

Gracias a Internet, podemos acceder a ejemplares digitalizados de revistas del siglo XIX. Así, hagamos clic en el siguiente enlace, que corresponde al año 1862 de The Gardeners’ Chronicle and agricultural gazette. En el menú de la columna de la izquierda escojamos la página 935. Ahí viene una reseña del libro de Cooke. Fijémonos en la fecha de esa página: el libro tenía que estar circulando por las librerías inglesas el 4 de octubre de 1862 .

¿Cuándo escribió Carrol Alicia en el país de las maravillas?

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Consulto mi ejemplar de Alicia anotada. Los comentarios de Martin Gardner (1914-2010) son imprescindibles para situarnos en aquella época. Muchos chistes y alusiones que aparecen en el libro han perdido su sentido con el transcurso del tiempo. Gracias a Gardner podemos hoy comprender lo que en verdad significó esta singular obra en su tiempo.

Según las propias notas de Carroll, la idea de escribir Alicia en el país de las maravillas surgió el 4 de julio de 1862, a raíz de un paseo en barca por el Támesis:

En plena tarde dorada navegamos lentamente; pues unos brazos inhábiles manejan nuestros remos (…)

Carroll, el reverendo Duckworth, Alice Liddell y sus hermanas, agobiados por el intenso sol veraniego, buscaron una sombra en un prado cercano donde mitigar el calor. Allí, Carroll les contó lo que luego sería el germen de Alicia en el país de las maravillas. Era un hombre de una inventiva y una imaginación prodigiosas, que cautivó a sus oyentes. Ante su insistencia en que les contara más cuentos, Carroll dejó caer que los pondría por escrito.

Y así lo hizo. El proceso de redacción del manuscrito comenzó el 13 de noviembre de 1862 y concluyó en febrero de 1863. Carroll se ocupó de ilustrarlo y lo entregó a Alice Liddell en noviembre de 1863. Durante ese tiempo, le sugirieron a Carroll que publicara el libro, a ser posible ilustrado por un profesional (John Tenniel). La primera edición de Alicia en el país de las maravillas vio la luz el 24 de mayo de 1865.

Revisando fechas, resulta que Carroll pudo leer la obra sobre hongos de Cooke antes de concluir la redacción de Alicia en el país de las maravillas. No es de extrañar. Era un hombre curioso, y un libro de divulgación ameno y atractivo como A plain and easy account of British fungi tuvo que resultarle irresistible. Sin duda, quedó cautivado por la lámina en la que aparece, en toda su gloria roja y blanca, Amanita muscaria. Leyó el detallado texto que la acompañaba y… El resto es Historia.

Creo que Martin Gardner tenía razón cuando consideraba a Lewis Carroll como un hombre inofensivo. Raro, eso sí, pero ni pervertido ni drogadicto. Y genial, sin duda. Leer las aventuras de Alicia sigue siendo un placer, que se disfruta doblemente si, además, indagamos en las circunstancias que rodearon a su génesis.