Los hongos y Star Trek

En este blog ya hemos comentado el tratamiento que han recibido los hongos en muchas obras de fantasía y ciencia ficción. Por lo general, los autores anglosajones no suelen tratarlos muy bien. Tienden a asociarlos con el declive, la putrefacción, lo siniestro, el veneno… Valgan los ejemplos de clásicos como Lovecraft o H. G. Wells, sin ir más lejos.

Sin embargo, los hongos son mucho más. No todos ejercen de descomponedores o parásitos. También los hay mutualistas, asociados a otros organismos para beneficio de todos los integrantes de la simbiosis; por ejemplo, los líquenes o las micorrizas. De hecho, la gran mayoría de las plantas no podría sobrevivir en la naturaleza sin hongos asociados a sus raíces.

Los conocidos níscalos (Lactarius deliciosus) son hongos cuyo micelio está asociado a las raíces de los pinos.

Como ya dijimos en otras entradas, los hongos son criaturas filamentosas. Su cuerpo, el micelio, es una telaraña viva y compleja. Las setas son, simplemente, las fructificaciones de algunos hongos. No obstante, la mayoría de los hongos producen sus esporas en estructuras diminutas o microscópicas.

Micelio fúngico.

La parte invisible del hongo, el micelio, puede llegar a alcanzar tamaños asombrosos. En algunos bosques se han estudiado clones de Armillaria que ocupan más de 900 hectáreas. A partir de estos hechos, demos rienda suelta a la imaginación: unos hongos que se extienden por el suelo del bosque, como una telaraña que conecta entre sí las raíces de los árboles, intercambiando sustancias y quién sabe qué más entre ellos, como si fuera un único organismo gigantesco…

Modestamente, ya jugamos con esta idea en una de nuestras novelas cortas, El hongo que sabía demasiado, que puede encontrarse en la antología Vidas extrañas. Un hongo capaz de conectar todo un mundo…

Bien, creíamos que en aquel relato de ciencia ficción pensábamos en grande. Pero, por supuesto, siempre hay alguien que nos supera, y por mucho. Se trata, cómo no, de Star Trek.

Star Trek, y todas las series que a partir de ella se derivaron, han sido pioneras en muchos aspectos de la ciencia ficción. Aquí nos centraremos en las dos primeras temporadas de Star Trek: Discovery. Tranquilo, amigo lector. No te agobiaremos con spoilers, sino que nos limitaremos a exponer el escenario en el que se desarrolla la aventura.

Imaginémonos una nave con un diseño revolucionario, la USS Discovery, que dispone de un motor que funciona… con esporas de hongos. En serio. Suena raro, así que vayamos por partes, y procuremos explicarlo en términos sencillos. 🙂

En Star Trek: Discovery nos dicen que existe una red fúngica, un micelio, que conecta todo el universo a un nivel fundamental, igual que nuestros hongos pueden conectar todos los árboles de un bosque. De hecho, igual que en la Tierra podríamos imaginar a los micelios fúngicos actuando a modo de sistema circulatorio y nervioso de los ecosistemas, en Star Trek: Discovery el concepto se amplía a todo el universo. Y no sólo al espacio propiamente dicho, sino al subespacio, hiperespacio o como queramos llamarlo. El micelio es el armazón en torno al que se desarrolla el cosmos. Así, una nave con un motor de esporas puede deslizarse a través de ese entramado fúngico y aparecer instantáneamente en cualquier otro lugar del cosmos.

En resumen, podría considerarse al universo como un organismo vivo, sostenido por el micelio fúngico. Le da un aire a la hipótesis Gaia, pero a lo grande.

No entraremos aquí en los detalles del funcionamiento del motor esporal; para eso, recomendamos visionar la serie. Hay momentos divertidos, como en cierto episodio, cuando los personajes son drogados con alcaloides fúngicos del tipo psilocibina (sí, la que se obtiene de setas alucinógenas). O los problemas de salud del susodicho micelio, las tribulaciones de los sufridos protagonistas…

De acuerdo, la hipótesis del micelio que une a todo el cosmos no se sostiene desde el punto de vista científico, pero hemos de reconocer que la idea es grandiosa. Como micólogo, me satisface que la Biología reemplace a la Física como explicación de los entresijos del cosmos. La idea de que todo el cosmos está unido por una red viva resulta sumamente atractiva. Ocurriría igual que en nuestro planeta: la biosfera es una compleja red de interrelaciones entre organismos y el medio físico, a la que debemos conocer y proteger si queremos sobrevivir.

Gracias, guionistas de Star Trek: Discovery, por hacer volar nuestra imaginación… entre hongos. 🙂

Eso sí, los guionistas lo tuvieron bastante complicado para justificar que la ultramoderna tecnología de la USS Discovery se perdiera. En el universo de Star Trek, las dos primeras temporadas de las que hablamos transcurren tan sólo diez años antes del inicio de la serie original: la del capitán Kirk, el señor Spock, Uhura y demás. Y en la serie original brillan por su ausencia el motor de esporas, hologramas… Además, cambiaron los uniformes, las mujeres pasaron a lucir las minifaldas más cortas de toda la ciencia ficción… Pero esa es otra historia, de la que trataremos en otra ocasión. 🙂

¿Se nota mucho que me encanta Star Trek?

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