De vacunas, ARN y ciencia ficción (y III)

Hace unos días por fin me inyectaron la primera dosis de la vacuna contra la Covid-19. Me tocó una con ARNm, que ahora estará ordenando a mis células que fabriquen antígenos del virus. Dentro de poco me pondrán la segunda. Una pena que no sea como en las novelas de Larry Niven, y el ARN sirviera para que aprendiéramos cosas sin esfuerzo. Bailar claqué, por ejemplo. 🙂

Claro, según los antivacunas acérrimos, ahora estaré bajo el control de por Bill Gates y a saber quién más. Aunque me pregunto qué interés tendrá Gates en controlar a alguien como yo. Me temo que no soy tan importante… 😀

A lo que íbamos. Como dijimos, las vacunas con ARNm presentan alguna pega que otra. El ARNm es una molécula frágil, por lo que su conservación resulta costosa. No obstante, existen alternativas. Recordemos cómo se transmite la información genética en nuestro organismo:

¿Y si en vez de ARNm introducimos en las células ADN con la información para fabricar los antígenos víricos? Pero ¿cómo conseguimos que entre en el núcleo de la célula? Pues usando vectores víricos. Es decir, buscamos otros virus y los amaestramos para que nos introduzcan en el cuerpo el ADN deseado. Se trata del método empleado contra la Covid-19 por Astra-Zeneca/Oxford y Jannsen/Johnson & Johnson. Parece que la Sputnik V rusa también se decantó por esta estrategia. Y no sería la primera vacuna con vector vírico. Ya en 2019 se aprobaron vacunas de este tipo contra el Ébola.

Normalmente, los virus amaestrados son adenovirus, que nos causan enfermedades respiratorias, gastrointestinales y cosas así. Por cierto, son bien distintos a los coronavirus. El material genético de los adenovirus es ADN de doble cadena, mientras que el de los coronavirus es ARN de cadena sencilla.

Por supuesto, los vectores adenovirus han de estar amansados, debilitados, para que no nos causen problemas. En su ADN introducimos los genes que nos interesen, y esos adenovirus nos infectarán sin dañarnos. En el caso que nos ocupa, proporcionarán a nuestras células las instrucciones para fabricar antígenos de coronavirus, que luego activarán la respuesta inmune, como vimos.

Todo parecen ventajas. No hay que producir grandes cantidades de coronavirus atenuados para hacer la vacuna, como en la de Sinopharm. Los adenovirus están amansados para que se limiten a insertarnos genes útiles, en vez de causar enfermedades. Invaden las células, pero no se replican. Además, el material genético que portan no se integra en nuestros cromosomas. Asimismo, las vacunas con adenovirus son menos delicadas que las de ARNm. El virus tiene una cápsida que protege su material genético. Por tanto, no necesitan ultracongelarse, sino que basta con la refrigeración.

Peeero… También tienen pegas. Por ejemplo, al no integrarse los genes que portan en nuestro ADN, hay que repetir la dosis. Y los adenovirus son muy inmunogénicos. Es decir, nuestro sistema inmune aprende rápido a reconocerlos, y los puede destruir cuando inyectemos la segunda dosis. Eso obliga a usar dos vectores diferentes (por ejemplo, una primera dosis con adenovirus de chimpancé y una segunda con adenovirus humano).

Y las vacunas contra la Covid-19 que están dando problemas de trombosis son las de adenovirus. Sin entrar en detalles, nuestro sistema inmune puede volverse majara y ataca a las propias plaquetas, que acaban por formar coágulos en el abdomen y cerebro. Podría deberse a que los adenovirus provocan esa reacción en nuestras defensas. A saber.

Se trata de casos muy infrecuentes, y el riesgo de sufrir trombos por culpa de la enfermedad es superior al que podría causar la vacuna, pero se ha generado una considerable alarma social. Basta con leer la prensa para constatar el rechazo y miedo a las vacunas de Astra-Zeneca.

A las personas no se nos da bien la estadística, y solemos dejarnos guiar por las emociones. Si hay unas vacunas con ARNm que no causan esos trombos, pues es normal que las prefiramos frente a las de adenovirus, por muy ínfimo que sea el riesgo. Es comprensible. Es humano. Sobre todo, después del alarmismo generado por los medios de comunicación.

Para concluir, hablemos un poco de adenovirus y ciencia ficción, a modo de anécdota. Y puesto que el blog es nuestro, nos referiremos a nuestra última novela publicada, La bayoneta de Occam. 🙂

Esta obra fue escrita justo antes de la pandemia, cuando el mundo era más simple y no sabíamos la que nos iba a caer encima (caray, no ha pasado ni año y medio y parece que fue hace una eternidad…). Resumiendo, para evitar spoilers (obviamente, les animamos a comprarla), 😉 la acción transcurre en un planeta atrasado, que se recobra de una serie de cruentas guerras y donde se está tratando de instaurar una sociedad copiada de la nuestra actual. Hay una trama que implica a vectores de genes, y los investigadores barajan diversas hipótesis. Una de ellas es la de los adenovirus (o mastadenovirus, si nos referimos a los de mamíferos), pero lo descartan.

Citamos del diálogo entre dos personajes:

–Estuve documentándome, y creí entender que los adenovirus fueron tratados en la Vieja Tierra como posibles vectores para la terapia génica, pero no funcionaban del todo bien. Por eso los descartamos, ¿no?

–En efecto. El sistema inmunitario los pillaba enseguida, por no mencionar problemas técnicos que no vienen al caso. […] nadie trabajaba ya con ellos, me temo. Desde luego, no como vectores.

Bueno, cuando la novela estaba en proceso de publicación, leímos en el Investigación y Ciencia nº 525 (marzo de 2020) un artículo sobre las nuevas vacunas (aún no estaban comercializadas, sino en fase de desarrollo), y entre ellas figuraban… las que empleaban adenovirus como vectores. Pues sí que nos hemos lucido, pensamos. Al final los adenovirus van a ser una herramienta valiosa…

Pero después surgió el problema de los trombos, y las compañías farmacéuticas que venden vacunas con adenovirus vieron cómo su imagen se deterioraba por momentos. En cambio, las que fabrican vacunas con ARNm han quedado como los buenos de la película, con la promesa de un brillante futuro comercial. Igual acertamos con nuestro pronóstico. Qué cosas…

P.D.: En la novela, además, la protagonista principal hace la prueba de pasar una navaja en un bolso por un escáner, y el segurata ni se entera. Nos estamos empezando a asustar… 🙂

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