Blavatsky y el miedo al mono (y VII)

Uno de los temas más controvertidos de la obra de H. P. Blavatsky es el que se refiere al origen y destino de las distintas razas humanas. ¿Era racista Blavatsky? Estoy convencido de que, en el contexto de su época, Blavatsky no lo era. La Teosofía tampoco, pues habla de concordia, igualdad y altruismo entre todos los hombres. Valga esta cita textual de La Doctrina Secreta:

Si mañana desapareciese Europa […] y si las tribus africanas se separasen y esparciesen sobre la superficie de la Tierra, dentro de cien mil años formarían ellas la masa de las naciones civilizadas. Los descendientes de nuestras naciones más cultas, que pudieran haber sobrevivido en alguna isla sin medios de cruzar los nuevos mares, serían los que caerían en un estado de relativo salvajismo. Así que la razón que se da para dividir a la humanidad en razas superiores e inferiores cae por tierra y se convierte en una ilusión.

Sin embargo, y dada su popularidad en la segunda mitad del siglo XIX, paradójicamente pudo dar argumentos a los racistas. El hecho de que las distintas razas y subrazas humanas surgieran en distintos sitios y momentos podía interpretarse como que unas eran distintas de otras, o más avanzadas que otras; en suma, mejores que otras. No era lo mismo descender de la tercera raza raíz, tan propensa a los bestialismos, que ser un genuino ario de la quinta raza, pongamos por caso.

Pese a todo, había algunas razas a las que Blavatsky consideraba inferiores. Peor aún, incluso justificaba que se estuvieran extinguiendo.

Bathurst Island menAborígenes australianos (fuente: es.wikipedia.org)

Volvamos con la 3ª raza raíz, la que habitaba el continente de Lemuria. Según Blavatsky, algunas de sus subrazas se aparearon con hembras animales y dieron lugar a razas medio animales y a diversos tipos de monos. Recordemos:

Fuente: versión inglesa de La Doctrina Secreta; puede descargarse en www.theosociety.org

Pues bien, para ella, los aborígenes tasmanios y australianos eran descendientes de estas razas medio animales. Leyendo La Doctrina Secreta, me da la impresión de que no los consideraba auténticas personas. De hecho, dedicó páginas a discutir su esterilidad cuando se ponían en contacto con los europeos. Para la Filosofía Esotérica, esos aborígenes eran representantes seniles de naciones arcaicas desaparecidas. Y lo más siniestro es que Blavatsky no creía que su extinción se debiera a los abusos (por decirlo suavemente) de los colonos británicos. Simplemente, eran razas que habían terminado su carrera. Por eso, su extinción quedaba justificada; nada podía salvarlas. Blavatsky se apoyaba en su ley cíclica; podría hablarse de un «ciclo del destino».

O sea, aunque no se lo propusiera, estaba justificando una política de exterminio contra los aborígenes. Puesto que las leyes que regían el cosmos los condenaban a la extinción, en el fondo los colonos estaban ayudando al cumplimiento de dichas leyes. Y en cuanto a lo de la presunta esterilidad de los aborígenes, nos tememos que su causa era la política de exterminio que sufrían, y no otra cosa.

Se pueden extraer más citas susceptibles de ser consideradas racistas. En su descargo, diremos que casi todos, incluso las mentes más privilegiadas, creían por aquel entonces que los blancos constituían la raza más perfecta o evolucionada. Blavatsky, consciente o inconscientemente, se limitó a reflejar el pensamiento de su época. Un ejemplo:

Los semitas, especialmente los árabes, son arios posteriores, degenerados en espiritualidad y perfectos en materialidad. A estos pertenecen todos los judíos y árabes.

En fin, dejemos el tema del racismo y veamos qué pasó con el resto de la Humanidad. Según La Doctrina Secreta, el hombre puede haber existido desde hace 300 millones de años, pero en un estado etéreo. El hombre físico y carnal apareció hace unos 18 millones de años, con los lemures, pero ya hemos visto qué mal talante tenían.

Seguir lo que pasó a partir de la 4ª raza raíz es un poco confuso, más que nada por todas las subrazas y subsubrazas que aparecen. Blavatsky lo trató de aclarar con una ilustración que incluso queda bonita; recuerda al conidióforo de algunos hongos (y exhibe su obsesión por el nº 7):

Fuente: versión inglesa de La Doctrina Secreta; puede descargarse en www.theosociety.org

Intentaremos resumir. La 4ª raza raíz surgió a partir de las subrazas más espirituales de lemures. Luego acabarían emigrando a la Atlántida, por lo que se les conoce como atlantes. En fin, Lemuria dejó paso a la Atlántida, los atlantes dieron origen a un montón de subrazas y una de ellas, la aria, se convertiría en la 5ª raza raíz.

Los primeros arios emigraron en busca de otras tierras, lo que fue un buen negocio, pues ya se sabe cómo acabó la Atlántida. Por cierto, buena parte de los esfuerzos de Blavatsky se centraron en buscar pruebas de la existencia de esos continentes sumergidos. Buscó pruebas geológicas, escudriñó en las tradiciones y textos sagrados de muchas culturas…

La primera subraza aria fue la hindú (y su primer idioma, el sánscrito), y de ahí derivaron las demás. Para no hacernos pesados con tanta raza y subraza, hay un resumen (en inglés) en la Wikipedia, que satisfará al lector curioso. Y según Blavatsky, precisamente ahora, a inicios del siglo XXI, la 6º raza raíz tendría que estar surgiendo a partir de los arios. En Norteamérica, concretamente, pero dejémoslo estar. 🙂

Una constante en la antropogénesis de Blavatsky es que los hombres han ido progresivamente decreciendo en estatura. Los de la tercera y cuarta raza eran gigantes (para ella, los dioses y héroes de la 4ª y 5ª Raza eran los hombres deificados de la 3ª), y no paró de buscar evidencias de su existencia. Afirmaba que de los últimos lemures quedaban unos pocos restos, algunos colosos rotos y cosas así. Por otro lado, los moáis de la isla de Pascua representaban a los gigantes de la 4ª Raza, y las comparó con otras estatuas colosales, habló de civilizaciones desaparecidas… ¿Nos suena?

 Moai Rano rarakuMoais en la isla de Pascua (fuente: es.wikipedia.org)

Sí, muchas de las teorías pseudocientíficas sobre antiguos dioses, civilizaciones desaparecidas, continentes sumergidos y demás arrancan en buena parte de la difusión de las teorías de Blavatsky. Defendió que era imposible que civilizaciones con tecnología de la Edad de Piedra o del Bronce construyeran algo como los moáis, Stonehenge, ruinas ciclópeas, etc. Para ella, la única explicación lógica era que aquellas maravillas fueran erigidas por gigantes, integrantes de civilizaciones hoy desaparecidas. Gigantes que incluso dominaban la Magia.

Asimismo, para Blavatsky las civilizaciones de las naciones arcaicas, como los egipcios, eran herederas de otras anteriores. Así, las civilizaciones de la Antigüedad, como la egipcia, surgían ya maduras desde el principio, como si jamás hubiesen conocido la juventud. Las tribus ario-atlantes se habían establecido en Egipto, y fueron los atlantes quienes construyeron las primeras pirámides (cómo no, la Gran Pirámide es antiquísima). Además, los sacerdotes iniciados egipcios viajaron a otros sitios, dejando trazas de su sabiduría. Eso podría explicar que hubiera pirámides en otros lugares del planeta, por ejemplo.

Continentes tragados por las aguas, naciones antiguas que surgían ya desarrolladas prácticamente de la nada… Muchos amantes de las pseudociencias y la pseudohistoria defienden hoy la creencia en civilizaciones antiquísimas (o su variante moderna, los extraterrestres) que cedieron su sabiduría a nuestros antepasados. Sin embargo, en otra serie de entradas comentamos que civilizaciones como la egipcia no surgieron de la nada, que hubo toda una evolución hasta llegar a las grandes pirámides, y que nuestros ancestros eran más hábiles y espabilados de lo que muchos piensan.

En fin, dejando aparte la Teosofía, ese es el principal legado que nos dejó Blavatsky. En cambio, su intento por hundir en la miseria a Darwin y al darwinismo fracasó. Hoy, la teoría de la evolución está firmemente asentada, y es lo que da sentido a la Biología. Darwin es reconocido como uno de los sabios más influyentes de la Historia, pero pocos son los que recuerdan a la señora Blavatsky. Y de estos, son más los que se ríen de ella que quienes la respetan.

¿Qué opina un servidor de ustedes sobre Blavatsky? Dejando aparte que sus ideas sobre Ciencia no hay por donde agarrarlas, me parece un personaje fascinante, una singular e irrepetible mezcla de fraude, tesón, inteligencia e histrionismo. Se puede aprender mucho de ella, pues en gran medida compartimos buena parte de sus obsesiones. A todos nos gustaría que el cosmos estuviera hecho a nuestra medida, que fuera predecible. En cambio, la Ciencia nos ha ido desvelando que no es así, sino  que vivimos en un universo que en buena medida se rige por el azar, que somos más insignificantes de lo que podamos llegar a imaginar, y que todo va a seguir funcionando igual cuando nosotros no estemos.

Blavatsky diseñó un cosmos donde todo funcionaba cíclicamente, como un reloj, donde los seres humanos éramos especiales, algo aparte de los animales. Y ella, por supuesto, pertenecía a la élite de los más sabios, capaz de acceder a conocimientos velados a los demás. Era gratificante sentirse importante, controlando un mundo perfectamente ordenado y fiable. Probablemente, era lo que echaba de menos en su ajetreada y aventurera vida.

Si el mundo no te gusta, constrúyete uno. Usted lo hizo a lo grande, señora Blavatsky, y eso merece mis respetos. Por muy disparatado que sea.

Y se acabó, sufrido lector. En la próxima entrada trataremos temas menos áridos, algo de agradecer en este tórrido verano. 🙂

15 comentarios en “Blavatsky y el miedo al mono (y VII)

  1. De todo lo que llegaste a compilar de la obra de H.P.B., creo que te salteaste la parte en la que ella explicaba el origen del mono. De hecho pareciera que a personas que aun en el siglo XIX siguen con la infantil tentativa de desacreditar su trabajo, la interpretación de su Doctrina les quedó grande.

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    • No sé… Tal vez con la vejez me esté volviendo un tanto cínico, pero después de leer La Doctrina Secreta me ocurrió lo mismo que tras leer a ciertos filósofos. Perplejidad, digámoslo así.
      Creo que los seres humanos, a saber por qué, cuando no entendemos algo o nos parece muy complicado creemos que se debe a que es profundo, a que nos queda grande. Pero cabe otra explicación: a lo mejor, sencillamente es confuso, desordenado, o un galimatías sin pies ni cabeza.
      Por tanto, si quieres que te tomen por sabio, sé confuso. 🙂

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      • Hola edgaares. A mi lo que me parece, y es solo una apreciación personal, es que más que algunos autores nos dejen con la impresión de que lo que intentaron transmitir es confuso, desordenado o que su discurso está plagado de galimatías sin pies ni cabeza, el tema pasa por el grado de desarrollo de nuestro mecanismo de respuesta. Eso lo podemos observar en la respuesta que damos a diferentes estímulos que nos llegan de nuestro entorno y cómo reaccionamos a ellos. En este caso tu reacción a su mensaje se relaciona con el grado de claridad y agilidad mental ejercitado. Desarrollar nuestras capacidades mentales, es algo que nos ocupa a muchos en estos tiempos y obras como las de H.P.B. sin duda nos proporcionan un buen material para que ejercitemos. Acostumbrados como estamos a encasillar los conceptos en verdaderos o erróneos, es todo un desafío salirnos del casillero para considerar algo que no estaba previsto en el orden que nos enseñaron de las cosas. Por eso en este tipo de temas, se sugiere la reflexión antes de rechazar o aceptar lo dicho o escrito, por la cual podremos tener una vislumbre de lo posible en lugar de cerrarnos a algo por inadmisible..

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  2. Extraña que de toda esa compilación que haces de las razas dadas por H.P.B., te hayas saltado la parte en la que ella explica el origen de lo que hoy conocemos como “mono”. Suena realmente infantil que ya a principios del siglo XIX, sigan en su campaña de difamación todos aquellos a los que, entendiendo el contenido de lo que escribió, les toca más de un nervio o simplemente les quedó grande su Doctrina y no supieron ni quisieron investigar cómo se continuó su obra. Saludos.

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    • Cuando se habla de “el mono”, ¿a cuál de los cientos de especies nos referimos? El árbol evolutivo de los primates es complejo, más bien un arbusto enmarañado (y fascinante). 🙂
      Lo que me llamó la atención al leer La Doctrina Secreta, y me reafirmo en ello, es la repugnancia que Blavatsky sentía a que descendiéramos de criaturas simiescas. Es visceral. No es exclusivo suyo. La tradición occidental, tanto judeocristiana como de la filosofía griega, tiende a considerarnos algo aparte del resto de los animales, y se ve con auténtico horror que estemos relacionados con ellos. Curiosamente, las culturas orientales (tal vez porque por aquellas tierras hay grandes primates) no ponen una barrera tan firme entre nosotros y otros animales.
      Constatando la fascinación de Blavatsky por las culturas orientales, me sigo preguntando el porqué de ese rechazo tan feroz a la idea de que procedamos de homínidos simiescos.

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      • Edgaares. Desde mi punto de vista, la repugnancia que crees ver en la postura de Blavatsky en referencia a que pudiéramos descender del mono, no es tal si se analizan los textos a los que ella se remite para validar sus afirmaciones. De sentir personal repugnancia por el hominido, no resaltaría el hecho de que fueron aquellos cuerpos animalescos semi formados los que les permitió a quienes aceptaron ocuparlos sin chistar desde el principio, construir por medio de la meditación y del yoga sus futuros cuerpos más perfeccionados. Este grupo que rechazó el modo de unión sexual para obtener habitáculos nuevos, tuvieron un papel muy importante luego. Sin embargo, aquellos que formaban parte de ese colectivo que debía continuar su evolución en este ciclo, habitando las formas preparadas para ello, y que fueron los que expresamente rechazaron las incipientes formas simiescas como habitáculos, demorando con ello su ocupación antes de que estuvieran más formadas, fueron los que no pudieron dominar los instintos de la forma misma. Fue por ese motivo que cuando se desató el instinto sexual, copularon con otras especies similares que no estaban destinadas a ser humanas. Eso se conoce como el pecado de los “sin mente” y de su descendencia procede el mono y todas sus variantes. De esta unión, resultó que se tomaran medidas para evitar que las hembras animales pudieran continuar engendrando con los machos destinados a albergar almas humanas y no solo eso. El castigo de aquellos que demoraron el ocupar las formas groseras de aquel período, fueron castigados obligándoseles a reencarnar en su progenie muda andado a gatas, para guardar callada su vergüenza. Este misterio es conocido en la India, por eso en aquel país, en algunos casos hasta le dedican templos y se los tiene en consideración. E insisto, no es rechazo feroz ni repugnancia lo que podría suponerse que sentía Blavatsky, en todo caso, podría ser la reacción normal de cualquiera que en la actualidad no adhiera a la zoofilia por conocer sus orígenes.

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      • Gracias de nuevo por tus comentarios. No obstante, sigo pensando lo mismo. HPB se negaba a aceptar la revolucionaria visión de Darwin sobre nuestro lugar en la naturaleza: que no hay diferencias de clase entre otros animales y nosotros, sino solo de grado. Si parece haber una gran distancia entre, pongamos por caso, otros primates y nosotros, es porque las especies que podríamos llamar “intermedias” se han extinguido. Mala suerte.
        Todo lo que creemos que nos hace humanos lo heredamos de otras especies de antepasados ya extintos. Compartimos cosas como el sentido de la justicia o la empatía con otros animales (véase la obra del primatólogo F. de Waal, por ejemplo).
        Por cierto, para un biólogo no hay “formas groseras” o “inferiores”. A la hora de transmitir sus genes a la descendencia, tan eficaz es una palmera como un mandril, un tiburón o un ser humano. Simplemente, usan estrategias distintas para maximizar su éxito reproductivo.
        Qué se le va a hacer. Mi visión del mundo es mecanicista, no dualista. Aplicando la navaja de Occam, creo que explica mejor cómo funciona el cosmos. 🙂

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      • edgaares. También agradezco tu respuesta. Sin embargo, afirmar que la materia no es grosera o sutil para un biólogo, es negar algo que la misma ciencia admite, ya que los estados de la materia pueden observarse en sus modos sólido, líquido y gaseoso. Algo que claramente puede expresarse en términos de grosero para lo más denso, ej: los huesos o las piedras; y sutil para lo gaseoso, ej: flatos o el perfume que desprende una flor. Por ese simple motivo, leer la obra de H.P.B. buscando validar la teoría de Darwin, considerando el resto como ficción de la imaginación de la autora, es una pérdida de tiempo. Entiendo que fue tu enfoque y por eso lamento que hayas perdido el tuyo leyendo su obra. Es evidente que no ibas a encontrar en sus páginas la validación que esperabas y
        como tantos varios lectores, rechazaste su trabajo por lo ya indicado, Hasta ahí todo bien. Pues cualquiera puede leer una obra y rechazarla porque su contenido no resuena con sus creencias personales. Pero de ahí a descalificar a la autora, asumiendo que es esto o aquello, o figurarse que reaccionaba de tal o cual manera desde lo emocional, más que rebatir el contenido de su obra me parece impropio de una persona de bien y un tipo de comportamiento acorde a una clase de individuo de escasos valores.
        Por otra parte, lo que más extraña, es que el creador de la teoría de la relatividad, Albert Einstein, tuviera otra apreciación acerca de La Doctrina Secreta. Se sabe por declaraciones de la sobrina del físico, que Einstein tenia una copia de esta obra en su escritorio, (hecho que se corroboró después de su muerte al ser hallada dicha copia en lo que fuera su escritorio) la cual, por el desgaste,. indicaba haber sido consultada con frecuencia. Esta afirmación seria confirmada más tarde por el periodista Jack Brown, especializado en física nuclear, quien el 28 de agosto de 1983 publicó en el Ojai Valley News un articulo titulado Mi visita al profesor Einstein, en el que destacaba la fascinación del genial físico por la obra de Blavatsky.
        Si parece haber una gran distancia entre tu apreciación y la de Einstein respecto a la autora, estimo que se debe a que no tuviste la suerte de Jack Brown, pues Einstein está fallecido y ya es tarde para una entrevista. Mala suerte.

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      • Hola, de nuevo. Una pequeña puntualización, para no hacerme pesado. Mi interés por HPB no radica en tratar de validar las teorías científicas en sus escritos. Al igual que Stephen J. Gould, me interesan ciertos personajes que son considerados excéntricos, pero que a mí me parecen bastante interesantes. En muchos casos, la gente que los llama raros o chiflados no los ha leído. Yo me he tomado la molestia de leer los originales, por pura curiosidad, y creo que HPB era una persona culta y con una gran fuerza de voluntad. No obstante, sigo pensando que no entendía cómo funciona la Ciencia. Además, leyendo entre líneas, creo que su anhelo era construir una visión del mundo ordenada, predecible, que funcionara como un reloj. Una cosmovisión que pudiera controlar, y en la que ella fuera admirada y apreciada. Pero el mundo es como es, no como nos gustaría que fuera. La Ciencia ofrece respuestas, no consuelo, a diferencia de las doctrinas. Al fin y al cabo, la Ciencia es sólo una herramienta para hacer preguntas a la Naturaleza, no un sistema de creencias.

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  3. Como se vale escuchar dos campanas, dejo este enlace para que quede claro cómo empezó su difamación para que no crean que es nueva: http://esoterismo-guia.blogspot.com.ar/2011/06/blavatsky-hpb-enemigos-adversarios.html
    Lo curioso e interesante es que no fue la única difamada. Ha habido autores cuyas obras también fueron fuertemente combatidas, pero el descubrir quienes fueron esos autores y sus obras queda como tarea para quien tenga verdadero espíritu investigador. En temas así, la sopa se toma con cuchara y si falta la cuchara, no hay sopa.

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    • Desde hace años, he leído opiniones sobre Blavatsky de lo más variado, desde rendidos admiradores hasta feroces detractores. Por eso, para no prejuzgar, decidí leerme entera La Doctrina Secreta. Y, honestamente, me reafirmo en lo dicho. Aunque era una persona culta, que había leído bastante, Blavatsky no entendía la Ciencia. El método científico requiere que las investigaciones se publiquen y sean revisadas por pares (ya lo hemos explicado en diversas entradas del blog). Es diametralmente opuesto al método ocultista (reservar el conocimiento a unos pocos elegidos).

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      • edgaares. A mi entender, el método de rigor científico se ha seguido el mismo desde los tiempos en los que escribió Blavatsky y la gran profusión de citas que remiten a científicos y académicos acreditados de su época, que aparecen en La Doctrina Secreta, no puede ningunearse. La afirmación de que el método ocultista reserva el conocimiento a unos pocos elegidos es una apreciación muy pobre si se tiene en cuenta que las personas que alcanzan a calificar como científicas, en todas sus ramas, tampoco son tan numerosa. No minemos el campo, porque en materia de pensamiento han descollado grandes mentes como la de un Nicolas Tesla quien fue arbitrariamente silenciado, ridiculizado y además confiscaron sus descubrimientos como lo han hecho con el de varios investigadores que se salieron de los carriles aceptados. Negar la exposición hecha por Blavatsky porque no pueda validarse por el método científico es un chiste cuando hacen desaparecer mucho material de investigaciones no convencionales que podrían validar muchas de sus aseveraciones. Es más fácil legalizar la zoofilia (como ya se ha hecho en algunos países), o penalizar el rechazo de tendencias aberrantes, que tampoco representa a la opinión científica, antes de considerar en profundidad una línea de pensamiento que se opone a las barbaridades.

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      • Creo que el problema de HPB era que no sabía discriminar entre lo importante y lo anecdótico en ciencia. Son dignas de alabanza su curiosidad y capacidad de lectura, pero me temo que daba el mismo valor a una teoría consolidada que a un disparate. Hay que saber discriminar.
        Por otro lado, conviene rechazar esa leyenda urbana de que los científicos ocultan material de investigaciones, etc. Todo lo contrario. Una de las prioridades de la Ciencia es el reconocimiento. Si alguien descubre algo, intentará publicarlo. Y si tiene la calidad suficiente, se publicará, para que el resto de la comunidad científica pueda estudiarlo y verificarlo o rechazarlo. Así avanza la Ciencia.

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  4. Edgaares. Agradezco tu interés por intentar clarificar mis ideas sobre lo que tu entiendes y consideras como método científico y aquello que de acuerdo a tus parámetros de juicio, se validan o no dentro de la línea de pensamiento que sostienes, que es la mecanicista. Tu postura, merece todo mi respeto precisamente porque soy capaz de discriminar el valor de una persona a diferencia de las creencias que sostenga, pues en mi apreciación, existe una diferencia bien marcada y delineada entre lo que es lo uno de lo otro. Por ese motivo, me extraña que en defensa de tus ideas, caigas en la deplorable variante de descalificar la persona de un autor en lugar de rebatir en el campo de sus ideas. El que califiques a la difunta Blavatsky con problemas para discriminar y te arrogues la autoridad para afirmar que su escala de valores se reflejaba (a tu ver, por supuesto) en un sentimiento de repugnancia hacia el mono, me remite a la idea de una reacción infantil que poco tiene que ver con una opinión imparcial que bien podría surgir de citas y del requerido análisis para rebatir contenidos. Me voy de este intercambio, con la sensación de que aun estás en la etapa en la que algunas personas creen que descalificar al mensajero, es suficiente para descalificar su mensaje, Un mensaje que evidentemente, no has entendido.
    Por otra parte, descreer de las investigaciones que llevó a cabo Ralph Ring con un grupo de investigadores en California porque confiscaron los resultados de sus investigaciones y estas no pudieron llegar a ser analizadas por el método científico de sus colegas, me parece tan poco serio como calificar el relato de sus experiencias como una leyenda urbana. Saludos.

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    • No hay problema. Todo intercambio de ideas es interesante, y se agradece. Además, discutir con alguien que piense igual que uno es más aburrido que ver secarse la pintura en una pared. 🙂
      Y hablando de otra cosa: Tesla era un genio, pero algunos de sus discípulos, como O.T. Carr y el seguidor de este, R. Ring, pues… No creo en complots para confiscar investigaciones; más bien es que la falta de rigor metodológico hace que ciertas ideas no sean aceptadas o tomadas en serio.
      Un cordial saludo.

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